Yo estoy de mal humor, usted también. ¿Por qué tanta bilis colectiva? Pongo algunos ejemplos. Uno tiene que viajar con urgencia y cualquier grupo protestatario semisalvaje le bloquea la carretera. Miles de personas quedan tiradas en la cuneta de los caminos. Toneladas de mercadería se pudren en trayecto interrumpido. El Gobierno es incapaz de resolver el problema, salvo cuando logra corromper a unos dirigentes, a fuerza de cheques venezolanos. El militante recién posesionado pero inepto, desde su escritorio omnipotente, no conoce más que el avinagrado y odioso “vuelva mañana”. Los políticos se insultan como muleros. La sanidad no alcanza a la mayoría de “asegurados”. Los policías pelean entre sí mientras la inseguridad pública campa por sus respetos: asaltan a ciudadanos indefensos, roban domicilios desprotegidos y automóviles ajenos. Los precios suben como el mercurio del termómetro de un afiebrado. Malhumorados los jefes de familia cuyos ingresos no alcanzan hasta el fin de mes. Hace dos semanas que Ud. no puede recibir ni buenas ni malas noticias, ni el esperado chequecito, ni la cariñosa encomienda porque el Gobierno pretende convertir el Correo en otro feudo del MAS. A fuerza de incentivar el racismo a la inversa, los estratos sociales se han hecho intolerantes y odiadores.
Ud. me increpará: “¡Pero de todo esto y mucho más, no irá Ud. a culpar al Gobierno! Pues sí señor. Gran parte de la culpa la tiene el Gobierno. Vayan algunas pistas. El Gobierno nos tiene con los ánimos crispados, simple y llanamente porque gobierna mal. Se entretiene en ver quién logra más poder, sea en el Palacio o en el último villorrio o en cualquier rincón en donde se pueda medrar, lucrar y aplastar al opositor; que los tres objetivos se juntan como los vértices del triángulo. El Gobierno se ha desbocado en una campaña electoral en lugar de gobernar con tino y honradez. Los discursos-arengas que nos endilgan mañana y tarde con incitaciones a la confrontación de los más morenitos contra los más blanquitos, logran que los unos miren torcido a los otros. Nos engañan con el señuelo de que somos los potentados reyes del gas y luego resulta que nadie se arriesga a invertir en este país porque su Gobierno es cambiante e inseguro. He aquí un modelo de frase infortunada que arruinó la ilusión de exportar gas a países del Norte: “Ni un átomo de gas para Chile”. Muchos conflictos entre sectores sociales se manejan a fuerza de presiones callejeras y no por la ley y el sentido común. Las soluciones demagógicas no son duraderas. Los gobernantes han perdido toda credibilidad.
La Iglesia no se cansa de llamar a la concordia y la gente espera que amaine la riña política de gañanes. Los hipócritas políticos simulan aceptar la exhortación, pero, al final, ningunean a los bienintencionados obispos. Sí señor, la causa del malhumor extendido en los diversos sectores de la sociedad está en el mal gobierno. En la “ingobernabilidad”, dicen los relamidos. La palabreja es híbrida: pretende repartir las culpas de los desacertados o malos gobernantes a quienes nada tenemos que hacer en la gobernación del país en que vivimos. Y con todo lo dicho, todavía nos dirán, como en las fotos: ¡Sonría!
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Un gobierno afortunado
El presidente Evo Morales se pasa la vida quejándose del maltrato que recibe del periodismo boliviano. Podría consolarse pensando que, en cambio, tiene de su lado a la prensa del resto del mundo.
Esclavitud y cosas peores
Hablar de esclavitud en Bolivia es, en el mejor de los casos, un mal manejo del lenguaje. Esa situación sólo es posible si la misma es no sólo tolerada o apañada por el Estado, sino reconocida por éste. La esclavitud sólo es posible si la propiedad de una persona sobre la otra es reconocida y por tanto protegida por el Estado.
Ojito con el IPC
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha decidido realizar el cambio de año base del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que mide la inflación. En el ambiente florentino que impera en Bolivia, donde la desconfianza es la moneda común y la conspiración está debajo de cada piedra, esta decisión gubernamental genera múltiples sospechas.
Las UFV y la inflación
Las autoridades financieras y monetarias, de manera poco responsable, han anunciado públicamente que la ciudadanía debería cambiar sus depósitos en dólares norteamericanos, para convertirlos en Unidades de Fomento a la Vivienda (UFV), debido a que el Gobierno continuará con su política de “fortalecimiento” del boliviano.
La comunidad mestiza
Nada que pueda parecerse a un espejo negro, nada que sea un cuenco sin ojos. Sólo algo que, como el agua, nos ayude a vivir. Si hemos decidido entregarnos al delirio y razonar sin razones y nos hemos atrincherado como fieras en aquello que nos sujeta a las barras de la locura colectiva, es que simplemente hemos decidido negarnos a nosotros mismos. Negarnos como sociedad, negar nuestro futuro.
Textualismo constitucional
La creación del Tribunal Constitucional fue uno de los avances más significativos de la historia democrática del país. Permitió reactivar la jurisdicción constitucional y alentar una pedagogía orientada a preservar el Estado de Derecho y garantizar los derechos fundamentales.