El presidente chino Hu Jintao sostuvo ayer que los sucesos del Tíbet son puramente un asunto interno que amenaza directamente la soberanía de China.
Los comentarios de Hu durante la visita del primer ministro australiano, Kevin Rudd, son los primeros en público sobre las protestas antigubernamentales ocurridas el mes pasado en la capital tibetana de Lhasa.
“Nuestro conflicto con la banda del Dalai (Lama) no es un problema étnico, ni un problema religioso, ni un problema de los derechos humanos”, dijo Hu, según la agencia noticiosa oficial Xinhua, en referencia a los partidarios del exiliado líder tibetano, a quien Beijing culpa de fomentar los desórdenes.
“Es un problema ya sea para salvaguardar la unificación nacional o dividir a la patria”, señaló Hu a Rudd durante un foro económico regional organizado en la provincia china de Hainan.
Como ex secretario regional del Partido Comunista tibetano, Hu recurrió a la mano dura para reprimir los desórdenes ocurridos en la región en 1989 y desde que ocupó la presidencia el 2003 ha aumentado los controles en la zona al budismo tibetano.
En un discurso pronunciado anteriormente en el Foro para Asia de Boao, Hu Jintao insistió en que China cree en el “desarrollo pacífico” y en la no intromisión en los asuntos internos de otros países. Boao (China), AP