Tanto le ha aportado a Bolivia este departamento a lo largo de su historia... Los tarijeños merecen ser mirados con más atención por el resto de los bolivianos, cuando el país vive momentos tan difíciles. Ojalá este aniversario sirva para abrirles los ojos.
El departamento de Tarija, postergado durante décadas, tiene mucho más que aportarle a Bolivia que el gas natural de su geografía que ahora sostiene las finanzas nacionales. Desgarrado por la última guerra que libró Bolivia, el departamento más sureño de todos no renuncia a su tozudo propósito de integrarse plenamente al resto del país.
Los delegados tarijeños fueron rechazados más de una vez por el Congreso que estaba fundando Bolivia en 1825, pero insistieron hasta ser aceptados y dejaron a sus herederos ese profundo cariño por esta nación. Ningún otro territorio bregó tanto como Tarija por ser de Bolivia y aportar a este país. Algo saben los tarijeños sobre el futuro de Bolivia, que otras regiones desconocen. Y sería bueno que lo compartan.
Con apenas el cinco por ciento del territorio nacional e igual porcentaje de población, Tarija es probablemente el departamento con mayor personalidad en el rico mosaico de la geografía boliviana. Tarija es la conexión más íntima de Bolivia con la cuenca del Río de La Plata, lo que da a sus habitantes una manera inconfundible de ser, igual que su modo de hablar.
Cuando el oriente y el occidente de Bolivia se disputan el liderazgo del país, con métodos dramáticos y peligrosos, Tarija se muestra como la posibilidad de un fiel de la balanza.
Si bien por el momento no tiene líderes de gran estatura intelectual que aportar, y que tanta falta hacen para encontrar soluciones a las pesadillas que enfrentan a los bolivianos, se mantiene como una esperanza para el encuentro de las tendencias que dividen al país.
El territorio tarijeño no tiene otra riqueza natural que los hidrocarburos de sus cordilleras más sureñas. No participó en la larga era de la minería que dominó la economía del país, sino como departamento vecino de Potosí. Sus habitantes no extraen recursos naturales no renovables del territorio, sino solamente los productos agrícolas que cultivan con sus manos en una tierra que trabajan con temple pero, sobre todo, con cariño.
Del petróleo se enteraron hace 90 años, cuando una empresa extranjera comenzó a explotarlo en Bermejo y a exportarlo de manera ilegal. Eso marcó la relación de Tarija con la industria petrolera; una actividad medio misteriosa, con tubos que llevan el producto hacia otros destinos y con regalías que vuelven muchas veces disminuidas por caprichos de los gobiernos centrales. Esta región, largamente olvidada, sabe bastante de las injusticias que ha deparado esa repartición de recursos por concepto de las riquezas del subsuelo.
El gas, el único recurso natural no renovable de Tarija, tendría que servir para montar la conexión imperiosa con el resto del país, en forma de carreteras, de servicios, de termoeléctricas, mientras los tarijeños siguen dedicados a sus actividades cordiales relacionadas con la agricultura.
Poetas, guitarristas, copleros, soñadores de un país del que sólo ellos parecen tener una idea exacta... Tanto le ha aportado a Bolivia este departamento, en distintos ámbitos de su plácida cotidianidad, a lo largo de su historia...
Los tarijeños merecen ser mirados con más atención por el resto de los bolivianos, cuando el país vive momentos tan difíciles. Ojalá el aniversario chapaco sirva para abrirles los ojos.