La fecha, antes o después del 4 de mayo, no es lo fundamental. Lo que vale es que el Gobierno baje la presión que ejerce sobre Santa Cruz desde el sector de la economía y que los dirigentes cruceños se esfuercen en moderar la tensión que rodea al referéndum.
Ha llegado el momento de que se adopten decisiones responsables, porque, de lo contrario, el enfrentamiento —que nadie desea— podría convertirse en una realidad. Eso sería una desgracia absoluta para una nación como la nuestra, que se debate entre la pobreza extrema y el encono regional. Se produciría un golpe que se ha evitado durante toda la época republicana, desde que el Mariscal Sucre advirtió, al retirarse del escenario altoperuano, que había que preservar, sobre todas las cosas, la independencia de Bolivia.
Hoy, si la independencia nacional no está en riesgo, lo está su unidad, lo cual puede ser el comienzo del desastre.
De hace pocos años a esta fecha, ha crecido desmedidamente una rivalidad palpable entre el occidente y el oriente del país. O tal vez, para restarle importancia exclusivamente a lo regional, la diferencia en Bolivia es una cuestión de interpretación de la realidad. Lo que se ha venido a llamar el concepto de país, en la que una y otra parte difieren.
Con el advenimiento al gobierno del presidente Evo Morales se ha presentado una lamentable desigualdad de criterios, en los diversos estamentos sociales, sobre cómo debe marchar y cómo debe desarrollarse el país. Entonces, se produjeron las fricciones, con una concepción de corte mayoritariamente socialista y populista en gran parte del occidente, frente a un modelo productivo propio, de libre mercado, en el oriente, cuyo paradigma es Santa Cruz.
A falta de soluciones, se ha recurrido al criterio de la Iglesia Católica, de gobiernos amigos y también de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el entendido de que, una de las misiones de ésta es velar por la paz y la concordia en el continente.
La Iglesia ha expresado su preocupación y ha llamado a la reflexión y al diálogo, dejando de lado las ofensas. Argentina, Brasil y Colombia, que enviaron delegados por el mismo tema, quedaron en realizar un diagnóstico y luego evaluar la situación, supuestamente, en el segundo país de los tres mencionados. Sin embargo, la OEA ha manifestado su parecer sobre lo que acontece en Bolivia y sus conclusiones son inquietantes.
El secretario de Asuntos Políticos de ese organismo, el ex canciller argentino Dante Caputo, ha tenido oportunidad de reunirse no sólo con miembros del Gobierno —como ocurrió con José Miguel Insulza y su criticada gestión— sino también con representantes de la oposición, tanto de los comités cívicos como de los partidos políticos. La conclusión no ha sido nada alentadora: si no hay diálogo entre las partes enfrentadas o si el diálogo fracasa, Bolivia irá a “un escenario de confrontación”. La controversia se convertirá en enfrentamiento, dijo Caputo, luego de prolongadas horas de reuniones.
Tanto el Gobierno como las regiones opositoras tienen que hacer un esfuerzo más. La fecha, antes o después del 4 de mayo, no es lo fundamental. Lo que vale es que el Gobierno baje la presión que ejerce sobre Santa Cruz desde el sector de la economía y que, por su parte, los dirigentes cruceños se esfuercen en moderar la tensión social que rodea al referéndum.
No se puede jugar con los bolivianos.
Cuidado que, como dijo Caputo, la lógica de la diferencia termine traduciéndose en confrontación.