El debate del etanol Todo este debate provoca la intromisión de los políticos. El Gobierno boliviano no ha tomado partido, pese a que soyeros de Santa Cruz se han organizado en una federación de productores de insumos para los biocombustibles.
En las últimas semanas, organismos internacionales relacionaron el incremento de los precios de los alimentos en todo el mundo a la corriente de producir combustibles a partir de productos agrícolas, como los granos de maíz o de soya. De esa manera, se reabrió un debate que había sido propuesto por el ex presidente cubano, Fidel Castro, en una de sus últimas apariciones, cuando afirmó que sería un crimen del capitalismo dedicar los campos de cultivo de alimentos a producir insumos para el etanol en lugar de destinarlos a la alimentación de la gente.
El debate se apagó debido a que solamente EEUU y Brasil defendían la tesis favorable al etanol. El resto del mundo —incluida Bolivia— no se pronunció sobre el tema, salvo Venezuela cuyo presidente, Hugo Chávez, se mostró a favor de la tesis de Castro, pero nunca se sabrá si lo hizo porque su país es exportador de petróleo y se vería perjudicado por el etanol, o porque cree sinceramente en que la producción de biocombustibles es perjudicial para la humanidad.
Algo que quedó injustamente marginado de ese corto debate fue el hecho de que los trabajadores del campo, los campesinos, habían encontrado un nuevo sector de consumo al que podían atender, lo que supondría un incremento de sus ingresos. Este detalle fue aludido de manera indirecta por un informe que se publicó recientemente en Brasil. Según el diario O Estado de Sao Paulo, los campesinos pobres del noreste brasileño estaban felices porque podían producir maíz en el verano pero también ricino en el invierno, todo para destinarlo a la demanda de las plantas productoras de biocombustibles.
Debido a la participación de Fidel Castro, el debate se hizo político. La semana pasada, un experto brasileño recomendó al presidente Lula da Silva deshacerse de su alianza con EEUU en el debate internacional sobre el etanol, porque ese país estaba subvencionando a los soyeros que abastecen a las plantas productoras de biocombustibles. Es el caso de un abrazo de ahogado, afirmó el experto.
En este momento, Brasil destina 5,5 millones de hectáreas a producir granos para las plantas de etanol. Eso representa el 2 por ciento de la tierra cultivable de ese país; en el mundo entero, el promedio no es muy diferente, pues significa el 1,8 por ciento de la totalidad de las tierras cultivables.
La mala fama del etanol podría ser atribuida a que su producción surge cuando en el mundo ha crecido la demanda de alimentos. Los 1.300 millones de chinos y los 1.000 millones de hindúes han comenzado a diversificar sus hábitos alimenticios. Y hasta los brasileños han empezado a comer todos los días, según dijo Lula, aunque parezca increíble, el miércoles.
Si no hubiera surgido la tendencia a producir etanol a partir de productos agrícolas, igual se habría originado la actual escasez de alimentos. Según el Presidente de Brasil, el aparato de producción de alimentos del mundo no estaba preparado para atender la demanda de tantos nuevos comensales.
Todo este debate provoca la intromisión de los políticos. El Gobierno boliviano no ha tomado partido, pese a que soyeros de Santa Cruz se han organizado en una federación de productores de insumos para los biocombustibles.