Como lo habíamos previsto y comentado en algunas columnas anteriores, la Asamblea del BID prometía ser un foro de gran importancia para debatir los grandes problemas que enfrenta nuestro continente americano, en los diversos campos del desarrollo económico y social.
Una de las tantas lecciones que nos dejó el evento —al cual concurrieron especialistas en muchos temas procedentes de 47 países— es la reflexión sobre la actitud que con frecuencia adoptan algunos dirigentes públicos y privados, asumiendo que muchos de los fenómenos del atraso son exclusivos de los países en desarrollo o del “tercer mundo”, como despectivamente se les llama a un amplio número de naciones.
La verdad que muchos de los temas que les afectan a ellos están muy cerca de nuestro diario vivir y de quienes a veces presumimos que vivimos en el primer mundo o en el mundo desarrollado, como es el caso de los Estados Unidos.
Una dura verdad que expuso el propio Bill Gates tiene que ver con el bajo nivel, por no decir el pésimo nivel, que afecta al sistema educativo estadounidense. Las deficiencias serias en la educación intermedia, la alta tasa de deserción de los jóvenes de los colegios, la minoría de jóvenes que acceden a las universidades y se gradúan, nos indican que en ello no nos diferenciamos de muchos países latinoamericanos.
En contraste, desde aquí, nos atrevemos a emitir discursos recomendando a los latinoamericanos que mejoren sus niveles de educación, como requisito para salir de la pobreza, tarea urgente en la cual avanzamos muy poco para el beneficio de nuestra propia población escolar. No deja de ser una contradicción la de saber que tenemos una fuerte capacidad de invención de tecnologías, pero pocos jóvenes dispuestos a desarrollarlas y ponerlas en práctica. Muchos auguran que vamos a tener que importar cada vez más jóvenes profesionales de otros países para realizar labores para las cuales carecemos de capital humano bien preparado.
Cuando hablamos del cambio climático, casi que con certeza creemos que es un problema distante, lejano allá en la atmósfera o en los polos. Sin embargo, no nos movemos con suficiente rapidez para medir en qué forma nos afectan, no a nivel global sino en el nivel local, fenómenos como el calentamiento del mar en nuestras costas o los huracanes que periódicamente golpean la península de La Florida. Por ello fue muy ilustrativo ver cómo, desde Belize, un grupo de científicos está probando cuáles son los efectos de dichos fenómenos, en superficies a escalas de menos de 50 kilómetros, sobre los cultivos de arroz, por ejemplo, y las mermas que van a sufrir en pocos años si las temperaturas siguen subiendo en Centroamérica.
No deja de ser ése un buen ejemplo de cómo los temas mundiales son necesarios llevarlos a lo local, al barrio propiamente dicho, o a la concentración industrial donde operan nuestras fábricas más cercanas.
En otro campo, vemos el auge de la diversificación agrícola que está ocurriendo en varios de los países latinoamericanos, con tecnologías que no aplicamos y desconocemos en Estados Unidos, como la denominada siembra directa que se practica en Argentina y que se está replicando en Uruguay y Brasil. Con la cual no sólo se contribuye al ambiente aplicando menos plaguicidas, evitando la erosión del suelo y las menores emisiones de gases invernadero, sino que se mejoran los rendimientos de las cosechas de manera sustancial.
Una vez más, en lo local, pensamos que todo está hecho y que no hay mucho que mejorar. En lo comercial, nos reiteraron que China e India están comprando casi todo, en cantidades alarmantes, especialmente materias primas agrícolas, productos minerales y energía. Entre tanto, nos movemos lentamente sin definir de manera integral cómo vamos a seguir sosteniendo el fuerte consumo de combustibles y si vamos a remediar su alto efecto contaminante, mediante el uso creciente de los llamados biocombustibles y otras fuentes de energías renovables.
Tampoco hemos evaluado cómo dichos flujos comerciales hacia Asia pueden estar afectando nuestro tráfico de mercancías, en nuestro propio continente. En buena hora voces como la de nuestro alcalde, Manny Díaz, se hicieron escuchar en la plenaria de la Asamblea para plantear la necesidad de pensar y actuar como “una sola América”. Efectivamente, mediante una fuerza integrada de carácter continental, podemos competir contra otros grandes mercados y proveedores mundiales. Bien lo han afirmado algunos, que no debemos gastar energías compitiendo entre nosotros mismos, pues es claro que la competencia verdadera viene de China e India y sus vecinos asiáticos.
Es muy posible que muchas de las ideas sobre todo lo que hay por hacer en lo local no sean nuevas, pero lo que sí es cierto es que hay una fuerte desconexión entre quienes las conciben y quienes tienen la obligación de ponerlas en práctica. Bill Gates nos dijo también que la clave del éxito del hombre y las empresas es la permanente innovación y las alianzas para trabajar en equipo. Asimismo, la capacidad para ver las cosas con otros enfoques.
No obstante, la indiferencia, el apego al pasado o el temor a tomar riesgos, nos llevan a actuar sin medir la efectividad de nuestro trabajo. Como señala el dicho popular: No nos damos cuenta de que estamos pedaleando en una bicicleta estática; un vehículo que no deja de ser peligroso, pues no nos deja avanzar ni mucho menos aprender las nuevas lecciones y las otras formas de correr para alcanzar un futuro más prometedor.
*Jorge L. Arrizurieta es Director Comité Anfitrión Asamblea BID 2008. Ex director alterno del Gobierno de EEUU ante el BID.
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