Quienes postulan que el libre mercado es la solución para casi todos los problemas deben estar ahora de fiesta. Ocurre que los campesinos afganos que cultivan amapola para la fabricación de opio han decidido cambiar de rubro y destinar sus 192.000 hectáreas al cultivo del trigo. Es que el precio del trigo ha subido tanto que tiene, como dicen los economistas, una tasa de rendimiento mayor a la del opio.
Lo que permite pensar que quizá, cuando el precio del trigo suba más, nuestros cocaleros que manejan 50.000 hectáreas decidan también cambiar de cultivo. Pero parece que, por el momento, la tasa de rendimiento de la coca, con cinco cosechas al año, se mantiene muy alta. No hay grano ni adormidera que le rivalice en rendimiento.
Pero se podría esperar que un día, si el precio de los alimentos siguiera aumentando en el mundo, nuestros cocaleros imiten a los amapoleros de Afganistán y decidan cultivar trigo. Y entonces, nuestro presidente podría decir, con más motivos para sentirse tranquilo con su conciencia, que en Bolivia nunca vamos a aceptar que nos vengan a exigir la política de trigo cero. “Marraqueta cero quizá, pero trigo cero nunca”, podría ser el nuevo grito de guerra de nuestro presidente.
Hay una antigua rivalidad entre el opio y la cocaína. Son drogas de efectos contrarios: el opio adormece los nervios y la cocaína los mantiene muy despiertos. Ambos han sido utilizados para conquistar pueblos. Tienen un activo rol geopolítico. El opio ha convertido a Afganistán en un país convulsionado, con amplias zonas ganadas por el narcotráfico donde no llega la autoridad del Estado. La cocaína ha producido un efecto político similar en Colombia. Y nuestro Chapare se parece cada vez más a un territorio donde no rigen las leyes bolivianas.
Reemplazar la coca por otros cultivos podría ser interesante. Eso dependerá solamente del precio de los cultivos alternativos. En Bolivia se ha demostrado que los programas de sustitución de cultivos, sin respaldo del mercado, no sirven y sólo provocan bloqueos de carreteras y terminan dañando a la democracia.
Pero los fanáticos del libre mercado quizá tengan que esperar un poco para su fiesta. El precio de los alimentos está creando problemas al prestigio de la globalización. Que los supermercados de Estados Unidos estén racionando la venta de arroz es algo que insulta al capitalismo. Nadie puede comprar más de dos kilos de arroz. Un poco más y se aplicará la libreta de racionamiento. Y entonces el capitalismo se parecerá demasiado al socialismo en sus resultados para la gente común. Parece que todos los caminos llevan al racionamiento de los alimentos.
Sobre las causas de este encarecimiento de los precios de los alimentos, el presidente brasileño tiene una explicación muy cruda pero política. Dice Lula da Silva que el precio de los alimentos se disparó porque el aparato productivo del mundo no estaba preparado para el momento en que todos los chinos, todos los hindúes y todos los brasileños comiencen a comer todos los días. Y que no es justo culpar al etanol por la subida del precio de los alimentos. Y mencionó el hecho de que sólo 1,8% de las tierras en producción en el mundo son ocupadas ahora con cultivos destinados al etanol.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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El boomeran revolucionario
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Mi hermano Martín, que es una persona muy agradable y simpática, dice que, por lo general, los hijos adolescentes sufren de otitis testicular. ¿Qué quiere decir con esto? Que cuando se les habla y se les recomienda, no escuchan y, además, les importa un huevo.
Frente a la falsa “razón de Estado”
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Si las proclamas y principios contenidos en los proyectos de Constitución y de Estatuto Autonómico del departamento de Santa Cruz reflejaran genuina y unánimemente los sentimientos de quienes, por la fuerza de la historia y la geografía, compartimos el territorio boliviano, no tendríamos mayor razón para sostener los conflictos que hoy nos enfrentan.