La incontrolable inflación Para no seguir cometiendo errores, y afectar sin necesidad a sectores productivos que no son los causantes de la inflación, habría que elaborar una política seria contra la inflación, comenzando por generar acciones que alienten la producción.
Como una hidra, la inflación parece tener muchas cabezas. No importa si se le corta una cabeza, porque las otras seguirán dañando a la economía nacional.
El Gobierno acaba de cerrar, a medias, el episodio de la prohibición para las exportaciones de aceite vegetal, pero la inflación sigue gozando de buena salud. Ojalá hubiera sido el aceite el único responsable de la inflación... en este momento, el país estaría festejando el triunfo sobre el alza de los precios.
En la canasta familiar, que se toma en cuenta en la lista de productos para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el aceite no es determinante, ni mucho menos, pues tiene sustitutos en su uso doméstico, además de que hay una fuerte competencia de su similar importado.
El método utilizado para el aceite no puede ser aplicado para otros productos que alientan la inflación. Las amas de casa afirman que subió el precio de la papa, del chuño, del fideo, del tomate y de otros productos que no forman parte de las exportaciones bolivianas. De nada serviría prohibir las exportaciones de esos productos, porque no existen.
Después de comprobarse la ineficiencia del método empleado hasta ahora, quizá haya llegado el momento de buscar otros caminos para combatir la inflación.
Hasta ahora, en la historia de la humanidad, no se ha inventado un método efectivo para detener el precio de los productos cuando hay un desequilibrio entre la oferta y la demanda. Lo intentaron los fenicios, los romanos y otros pueblos antiguos, sin ningún éxito.
En Bolivia también se intentó, con rotundos fracasos, frenar el alza de los precios con este tipo de métodos. La última vez que se comprobó la ineficiencia de este método fue durante el patético Gobierno de la UDP. Las intendencias estuvieron muy activas, fijando precios de los productos en los mercados, pero la inflación no fue tocada en lo más mínimo y llegó a convertirse en hiperinflación.
Es que el aparato productivo estaba afectado y no abastecía a la demanda. Exactamente como está ocurriendo ahora.
Para no seguir cometiendo errores, y afectar sin necesidad a sectores productivos que no son los causantes de la inflación, habría que elaborar una política seria contra la inflación, comenzando por generar acciones que alienten la producción.
Se deben remover las medidas que estarían frenando la producción, desalentando las inversiones o atemorizando a los productores. Una vez identificados esos factores y actuado en consecuencia, convendrá aplicar las medidas sucesivas.
Será preciso crear las condiciones para que aumente la inversión y, con ella, la producción. No solamente será necesario que haya seguridad en la propiedad de la tierra, sino también garantías para la provisión normal de combustible a la maquinaria agrícola y al transporte, así como resolver el problema de la inseguridad del tránsito por las carreteras.
Los agricultores reclaman que el precio de los fertilizantes ha subido mucho, mientras el país sigue demorando los proyectos para comenzar a producir urea.
Las autoridades deben atacar la inflación con el criterio de incentivar la producción; pero, sobre todo, cuidando no introducir intereses políticos en esta materia tan sensible.