En un texto juvenil (La positividad de la religión cristiana, escrito en 1800), el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel decía que la historia avanza casi siempre por el ´lado malo´, en referencia a que, en el juego dialéctico de la unidad y lucha de contrarios, existen fuerzas muy poderosas que definen el curso de los hechos, muchas veces contrariando a las intenciones de los protagonistas de los cambios sociales.
El gobierno del MAS, que llegó al poder enarbolando las banderas del estadocentrismo y prometiendo la realización de una utopía arcaica (reinstituir el ´Estado Nacional del 52´, corregido en sus deslices mestizantes y aumentado en sus poses izquierdistas), parece haber devenido en el vehículo de la capitulación del Estado Unitario en Bolivia.
En efecto, la resolución de la crisis de Estado que padece Bolivia desde hace varios años, parece estar llegando a un momento de inflexión con la realización de los referendos autonomistas que se inauguran el 4 de mayo en Santa Cruz. Luego de la ratificación comicial del proyecto autonomista, Bolivia no podrá seguir siendo la misma… por lo menos, no organizada en un Estado Unitario como hasta el presente. El camino hacia un pacto federal se habrá abierto de forma inexorable y sólo será cuestión de tiempo y de anécdotas que aquello se consolide plenamente.
El MAS habrá logrado, entonces, por la negativa claro está, sepultar al anquilosado y extenuado Estado Unitario, dando curso a la resolución de una querella histórica que nos llevó más de cien años enfrentar y concluir. No deja de ser una curiosidad que Evo Morales, un mestizo con predominancia aymara, sea el elegido para concluir la obra de otro mestizo con predominancia aymara, Pablo Zárate, ´el temible Willka´. Demás está decir que Zárate Willka tampoco quería el federalismo, pero su rol, como se sabe, fue imprescindible para el triunfo del general José Manuel Pando.
El último intento por generar una reconstrucción del contrato social de manera pacífica y preservando el Estado Unitario se dio en la convocatoria a la Asamblea Constituyente del 2006. Al fracasar ésta en el cumplimiento de su objetivo principal y decretar su triste fin el 28 de febrero de este año, se apagaron las últimas luces de esperanza.
Después de los referendos autonomistas, los nuevos departamentos, cuasi Estados soberanos, estarán listos y dispuestos a concurrir a la suscripción de un nuevo pacto social… pero esta vez cualitativamente distinto del agonizante actual. Ese nuevo Estado no parece tener otra característica que no sea un Estado Federal.
La interrogante que surge entonces es si el Gobierno se dará cuenta de lo que está provocando y tratará, de alguna manera, de retardar el proceso mediante artilugios de persuasión, por vías pacíficas; o si, como parecen indicar las señales, apretará el acelerador y elegirá el camino suicida de la violencia con una intervención que trate de impedir la realización del referéndum el 4 de mayo en Santa Cruz.
Más allá de la vía que se elija, lo más claro parece ser que estamos asistiendo a la muerte del Estado Unitario y al nacimiento del Estado Federal. Ojalá que los dolores de parto nos sean leves y, sobre todo, que el alumbramiento no resulte sangriento.
*Ricardo Paz B. es sociólogo y constitucionalista.
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