Uno de los avances del sistema microfinanciero ha sido la inclusión de una gran parte de la población antes marginada, principalmente por la imposibilidad de obtener las garantías exigidas para acceder a créditos, un requisito indispensable que aplica la banca tradicional.
El ahorro popular en las entidades microfinancieras del país ha pasado de los 1.000 millones de dólares, lo que puede ser considerado como un acontecimiento singular en el plano de la economía nacional. Tan elevado monto de recursos proviene de las micro y pequeñas empresas, así como de modestos comerciantes e incluso de familias que llevan una vida austera para tener algún respaldo financiero.
Estas circunstancias han determinado que las microfinancieras concentren el 37 por ciento del público depositante de todo el sistema financiero regulado, según el presidente de la Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas (Asofin), Herbert Müller. Los afiliados a esta organización, que nació en 1999, son los bancos Solidario (Sol) y Los Andes, además de los fondos financieros privados, que son Prodem, FIE, Fortaleza, Ecofuturo, Fácil y Agro Capital.
En sus 23 años de existencia, Asofin captó los ahorros de 1.028.891 personas y pequeñas empresas, con lo que este sector se ha convertido en el primero y el de mayor confianza del público. Así lo demuestra el hecho de que cuente con el 37% de los depositantes, mientras que la banca tiene el 28,4%, las cooperativas abiertas el 22,9% y las mutuales el 11,7%.
En opinión de Müller, tal situación refleja que las microfinanzas contribuyen de manera efectiva y sostenida, a lo largo del tiempo, a reducir la pobreza, que es el mayor drama social que tiene Bolivia. Sobre base tan sólida, el sector financia actualmente el 78 por ciento de su cartera de créditos con los depósitos del público, lo que le permite contar con 391 mil prestatarios.
De esta forma, las microfinanzas han pasado a constituirse en una industria competitiva y eficiente en el país, al reducir sus costos operativos y, por analogía, cobra los intereses más bajos del continente (19 por ciento como promedio). En lo que atañe a la morosidad, en el sector de las microfinancieras apenas llega al 1,04 por ciento, lo que prueba que sus clientes son responsables y honestos.
Uno de los principales avances del sistema microfinanciero ha sido la inclusión de una gran parte de la población antes marginada, principalmente por la imposibilidad de obtener las garantías exigidas para acceder a créditos, un requisito indispensable que aplica la banca tradicional, según explicó el secretario ejecutivo de Asofin, Fernando Prado Guachilla.
La Asociación tiene presencia en capitales de departamento, áreas periurbanas y en el área rural. Hasta fines del año pasado, contaba con 309 oficinas, 38 más que en el 2006, y 5.541 empleados, 788 más del número registrado el 2007.
Cuando se produce un hecho realmente importante en el campo de las finanzas, no pasa desapercibido para el mundo. La acreditada revista británica The Economist, después de realizar un estudio sobre las microfinanzas en 15 países de Latinoamérica, en el 2007, llegó a la conclusión de que Bolivia ocupa el primer lugar, con el puntaje de 79,4 por ciento sobre 100.
Estas cifras pueden ser interpretadas como un reconocimiento a la competencia profesional y el espíritu social de los impulsores de las microfinancieras en el país, así como un homenaje a toda esa gente sencilla que cree en el ahorro como la mejor vía para crecer económica y socialmente.