Autonomías: ¿Sí o No? Los bolivianos, en última instancia, votan por la paz y la tranquilidad. Más adelante se verá si las posiciones antagónicas pueden armonizarse en una mesa de diálogo, con el fin primordial de no resentir la unidad nacional.
Ha llegado la hora. Este 4 de mayo es una fecha muy importante para Bolivia porque marca el inicio de un proceso que puede cambiar las estructuras del país, más allá de los resultados del referéndum en el que, hoy, los cruceños y residentes bolivianos en Santa Cruz definirán si aceptan o rechazan la propuesta de Estatuto Autonómico.
Este domingo, no sólo se decide el triunfo del Sí, del No o del abstencionismo en esa zona del oriente boliviano. Se comienza a trazar el rumbo de una medida trascendental, como es el viraje de la actual administración política del país hacia una forma descentralizada bajo el régimen de las autonomías.
Santa Cruz, tal cual ocurrió con la descentralización, ha liderado el proceso de institución de las autonomías; los departamentos de Beni, Pando y Tarija tienen fechas definidas para votar, también en referendos, por proyectos de estatutos similares; en tanto que Cochabamba y Chuquisaca parecen animados a tomar el mismo camino. Todos, con el objetivo de terminar con una presunta crisis del Estado unitario y centralista.
Uno de los principales argumentos de las regiones autonomistas es el modelo de desarrollo económico. Santa Cruz, por ejemplo, demanda un modelo productivo, que contrapone con el modelo extractivo atribuido al occidente del país.
Pero a esta razón se le suman otras: la ubicación geográfica distinta (amazónica y platense), la identidad regional y la activa explotación de los recursos naturales. Eso conduciría a un modelo productivo, básico para la generación de riqueza y por lo tanto para alcanzar un mayor bienestar.
Beni, Pando y Tarija tienen percepciones aproximadas. Como en Santa Cruz, sus autonomistas señalan fracasos históricos con el centralismo y falta de atención a sus demandas, lo que atribuyen a la ineficiencia estatal.
Por su parte, los detractores de la autonomía —encabezados por el Gobierno y los movimientos sociales ligados al MAS— sostienen que las autoridades y líderes cívicos orientales y tarijeños pretenden, para el provecho de sus regiones y el perjuicio de las más pobres, la explotación de riquezas que son de toda la nación.
Para ellos, los referendos son ilegales, por no estar enmarcados en la Constitución, pero además esgrimen que las autonomías hacen peligrar la unidad nacional, porque existirían afanes separatistas en sectores partidarios.
Lo aparentemente cierto es que este tema no ha sido comprendido, a cabalidad, por la mayoría de los bolivianos. Las regiones autonomistas no han tenido la capacidad de convencer sobre las bondades de esta idea, mientras que el Gobierno central, ante la posibilidad de perder su poder absoluto, se ha lanzado a una campaña propagandística, tanto dentro como fuera del país, para alertar de probables enfrentamientos.
Hoy se sabrá cuánto apoyo existe en Santa Cruz para marchar hacia la autonomía, aunque se da por descontado que será significativo; no obstante, habrá que tener en cuenta el grado de abstención que podría captar la propaganda gubernamental. Los bolivianos, en última instancia, votan por la paz y la tranquilidad. Más adelante se verá si las posiciones antagónicas pueden armonizarse en una mesa de diálogo, con el fin primordial de no resentir la unidad nacional.