El referéndum inició la era para un nuevo país, que podría llegar incluso al federalismo.
El presidencialismo ha sido debilitado y podría surgir un sistema semiparlamentario.
La integridad territorial no está en cuestión, sino el modelo de las autonomías.
12 expertos dan a conocer su opinión sobre las consecuencias del referéndum pasado.
Más allá de los cuestionamientos legales, el referéndum cruceño ha generado en el país un hito histórico que tendrá consecuencias significativas en el ámbito político e institucional, pero no comprometerá la integridad ni la unidad nacional, según se puede concluir de una consulta que La Razón hizo esta semana a 12 personalidades, entre expertos y protagonistas políticos.
El centro político —ejercido hoy desde el Palacio de Gobierno en la ciudad de La Paz— cambiará y se extenderá hacia las regiones, y es inevitable la profundización del proceso de las autonomías departamentales.
Desde el punto de vista de los analistas, los momentos previos al referéndum de Santa Cruz —donde el Sí es impuso con el 86% de los votos, frente al 14% del No—, fue determinante para que la comunidad internacional haga llegar sus mensajes a Bolivia.
´…La exagerada especulación de los medios internacionales sobre lo que podría ocurrir el 4 de mayo, sirvió para demostrar el rechazo del sistema político latinoamericano a cualquier posibilidad de ruptura del estatuto territorial boliviano”, apunta Gustavo Fernández, ex canciller de la República.
“No habrá un cambio. Los departamentos están consolidados. Lo claro es que Santa Cruz no votó por independizarse, votó por mayor participación ciudadana en las decisiones locales”, opina Félix Patzi, intelectual indígena y primer ministro de Educación del presidente Morales.
De los consultados, Jorge Zapp, analista internacional, es el único que ve, entre escenarios probables, que las culturas diferentes que conviven en Bolivia podrían dar paso a un acuerdo para una división del país
De igual manera, la coincidencia mayoritaria es que tras el voto por el inicio de la era autonómica en la capital económica del país, el régimen presidencialista boliviano será afectado. “No sería nada raro que la futura agenda pública incluya el tránsito del tradicional presidencialismo a formas de sistemas de gobiernos parlamentarios o semiparlamentarios”, analiza Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de la República.
En otras palabras, el centro político no estará únicamente en la sede de gobierno, La Paz; pero Miguel Urioste, director de la Fundación Tierra, advierte de la necesidad de velar por la preservación de un corazón político, donde está Santa Cruz o La Paz.
Entonces, la discusión que inevitablemente se instalará en el país es para pasar del centralismo a un modelo de distribución de la administración del poder político. Ricardo Paz cree que se transitará hacia un “pacto federal que establezca una relación horizontal y equitativa entre los departamentos”. Y probablemente entonces vuelva la discusión sobre dónde estará instalada la sede del poder político.
Mientras que Félix Patzi sostiene que en el país “habrá dos o tres modelos autonómicos”.
“Si las élites instaladas en Santa Cruz tuviesen una visión nacional, trasladarían el poder político nacional a Santa Cruz. No les interesa”.
1 ¿Cuales serán las consecuencias políticas, territoriales e institucionales tras los referendos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija en caso de que los resultados del 4 de mayo se reproduzcan en las otras tres regiones?
2 ¿Es posible mantener un Estado unitario y republicano sólido, ahora que las autonomías revelan una profundización de las diferencias entre oriente y occidente?
3 ¿Cuál percibe usted que es la meta final del proceso autonómico cruceño?
4 ¿El proceso de autonomías afectará o moverá el actual centro político del país?
5 ¿Cómo ve usted a Bolivia dentro de 10 años en términos territoriales? ¿Provocará el proceso autonómico de las regiones algún cambio territorial?
FÉLIX PATZI. Ex ministro de Educación
1 Si ganara el referéndum autonómico en los departamentos de Beni, Pando y Tarija —sumado a la victoria en Santa Cruz—, no cambiaría el escenario actual, que está marcado por la polarización. Nos encontramos inmersos en un empate nacional y eso no cambiará con los referendos autonómicos. Lo que ganó la “media luna” hasta ahora es lo que ganó Santa Cruz. Las mismas correlaciones de fuerza se mantendrán con las mismas posiciones que polarizan ahora al país. Para redefinir las posiciones, la solución puede pasar por el referéndum revocatorio.
2 El problema no está en el proyecto de autonomía o en el del centralismo. Eso es simplemente un slogan. El problema se halla en los dos paradigmas que ahora se enfrentan en el país. Uno de ellos es el descolonizador y comunitario, que es planteado por los movimientos sociales y que busca, entre otros, la nacionalización de los recursos naturales y su preservación. El otro, en cambio, busca tan sólo la preservación de la riqueza.
3 Detrás del discurso de autonomías se encuentra el interés económico, la retención del excedente económico y la preservación de la actual estructura de tierras. No está basado en un proyecto de descentralización, sino en la disputa por el excedente económico.
4 El proceso autonómico, que busca que el ciudadano tome el control de los asuntos locales, no está en cuestión. Es un proceso inevitable, no sólo para el oriente. Los cuestionamientos vendrán a la hora de intentar aplicar la autonomía. La población de Santa Cruz no votó por el contenido del Estatuto Autonómico, sino por el slogan de la autonomía, basado en dos ejes: centralismo versus descentralización y la polémica entre cambas y collas. Eso funcionó a la hora de la votación más que el contenido del Estatuto Autonómico, que va en contra de la población pobre e indígena de las regiones orientales.
5 No creo que exista un cambio. Los departamentos están consolidados. Lo claro es que Santa Cruz no votó por independizarse, votó por mayor participación ciudadana en las decisiones locales. En ese sentido, la posibilidad de fragmentación como país, como unidad territorial, es imposible. De aquí a 10 años, yo creo que estaremos viviendo dos o tres tipos de autonomía. Las principales, e irreversibles, son las autonomías departamentales y las indígenas. Sea por vía democrática o por vía violenta, de aquí a 10 años viviremos con estos sistemas, que son la única manera de coexistir en un territorio nacional.
“Santa Cruz no votó por independizarse, votó por mayor participación ciudadana en las decisiones locales”.
“Nos encontramos inmersos en un empate nacional y eso no cambiará con los referendos autonómicos”.
CARLOS MESA. Ex presidente de la República
1 Las consecuencias políticas son muy significativas, porque definirían una voluntad mayoritaria de cuatro departamentos (una ya confirmada el 4 de mayo) por aplicar la autonomía por la que votaron el año 2006, pero adicionalmente sus resultados se contraponen al proyecto constitucional del MAS, aun suponiendo que el modelo estatutario común fuera el más moderado de los cuatro que se someten a referéndum. Frente al poder del Gobierno, su respaldo popular, su capacidad de convocatoria y su mayoría parlamentaria y en la Asamblea, surgiría el poder de cuatro departamentos con respaldo popular, capacidad de convocatoria y potencial mayoría legislativa regional. Las consecuencias territoriales están ligadas a las institucionales. Los referendos profundizan el quiebre de la legalidad iniciado por el Gobierno cuando desconoció los 2/3 en la Asamblea Constituyente. Esta realidad genera dos consecuencias, la inaplicabilidad de normas entre dos polos que se neutralizan y la disolución del estado de derecho que pone en serio riesgo al conjunto de la sociedad boliviana y su futuro.
2 Categóricamente sí. Las autonomías no son ni sinónimo de división ni sinónimo de secesión, son el legítimo camino histórico para construir un nuevo país. El problema está en aceptar esa realidad en el contexto de cambios profundos de la sociedad boliviana por la vía de la inclusión y de la búsqueda de justicia social y legal. Hay que terminar esta falsa historia de las “irreconciliables diferencias” entre oriente y occidente, alimentada por intereses políticos y regionales sectarios que falsean la historia y la realidad del país de hoy.
3 En la lógica del pueblo cruceño, la conquista de una aspiración histórica de descentralización y capacidad de autogestión que haga más eficiente el desarrollo y el bienestar de Santa Cruz. En la lógica de algunos sectores minoritarios, debajo de la autonomía está el interés por la preservación de privilegios, espacios de poder político y control económico.
4 Sí. El próximo debate se enfocará en la discusión sobre el centro geográfico, político, económico y social del país, que puede modificar la realidad iniciada en abril de 1899.
5 No en la división política actual, ni en la integridad de la nación boliviana tal como hoy existe. Sí en el papel, el modo de interacción, distribución de poder y gravitación de las diferentes regiones. Seremos una nación de autonomía o una nación federal en la que el papel del Estado central cambiará y en la que terminará el rol histórico presidencial tal como hoy lo conocemos.
“El próximo debate (en el país) se enfocará en la discusión sobre el centro geográfico, político, económico y social del país”.
JORGE ZAPP. Analista internacional
1 Considero que la consecuencia principal de los cuatro referendos, que muy seguramente serán mayoritarios por el \'Sí\', será el descubrimiento tardío, por parte del Gobierno, de que al haber ganado las elecciones por un 53,7%, prescindió mentalmente de la visión, los anhelos y la forma de ganarse la vida de la otra mitad del país que no compartía su ideario. La exclusión del \'otro\' es un comportamiento que atenta contra la \'esencia de lo humano\' según H. Maturana.
Que es muy difícil y peligroso, jugar a la lógica de \'la montonera\', en aras de una con- frontación étnica, para aplastar una oposición -equivalente en magnitud- que pide vivir en su propia visión de libertad y democracia dentro de su cultura diferente. Se ha gobernado con desconocimiento elemental de lo humano, mientras se ha perdido la mejor oportunidad que ha tenido la Nación desde su independencia.
En términos políticos, el país se divide, no sólo en dos regiones geográficas, sino en dos visiones de Nación y de futuro. El 63% de la encuesta de La Razón a favor del \'Sí\' de Sta. Cruz, llevada a cabo en La Paz (como anotó un comentarista a uno de mis artículos), demuestra que éste es un movimiento nacional profundo que va mucho más allá de los apelativos de \'cambas\' y \'collas\' o de sentimientos de antagonismo regional. El país se siente en retroceso.
2 Desde mi visión de un colombo-alemán que ha vivido a fondo las realidades bolivianas —inclusive la de vivir en un ayllu—, he llegado a la conclusión de que la convivencia constructiva de dos culturas paralelas que se separaron en el Neolítico y descubrieron civilizaciones absolutamente diferentes —y antagónicas en muchos aspectos—, no es posible como modelo de prosperidad conjunta para dichos grupos. Sería siempre un Estado precario que se desgastaría en la lucha interna.
Esas culturas, que pudieron ser compatibles bajo el sojuzgamiento del régimen feudal iniciado por Pizarro —que terminó irreversiblemente hace dos años—, se hacen incompatibles ahora. No son, ni podrán ser, concurrentes en un futuro, así nos suene a anatema. Más aún, una nación bicultural no armónica no tiene oportunidades en un mundo que exigirá una absoluta coherencia para sobrevivir los próximos cincuenta años.
3 Me parece que ha sido, hasta ahora, una reacción simple de una comunidad regionalista, con la visión de desarrollo del Hemisferio Occidental (libre mercado, democracia Instituciones, etc.) que se estrella en la cotidianidad de su estilo de progreso, con un gobierno nacional-socialista con una visión étnica que mira atrás. Ambos tienen razón en sus respectivos contextos, aunque no hay una razón común —diferente a las entelequias históricas— que los pueda aunar constructivamente.
Al chocar el proceso autonómico con el Estado etnocéntrico, salen a la luz elementos mucho más profundos que ponen de plano la dicotomía cultural irreversible, que muy seguramente es la causa principal de la pobreza relativa de Bolivia en Sudamérica.
Sin afán de tomar partido, pienso: ¡Qué lástima no haber tenido a los cruceños en la Alemania de los años 30s!
4 Definitivamente sí. Es muy posible que el país camine hacia una federación con autonomías tan claras como las de los Estados Unidos de América en donde el gobierno central, apenas responde por temas como las carreteras interestatales, aranceles, la defensa nacional, la filosofía de la seguridad social o la persecución de crímenes federales, por ejemplo.
Si hay un enfrentamiento masivo con violencia, que es muy poco probable, sería por otro lado seguro que el país cayera en una hegemonía centralizada y no democrática, al estilo de Cuba y una emigración masiva, ya que difícilmente el continente y el mundo apoyarían los resultados de una disidencia contra un régimen establecido.
También es factible, en especial si hay una revocatoria del mandato presidencial, que el país inicie una \'conversación madura\' que lleve hacia un proceso de separación natural en dos naciones, como el que ocurrió recientemente en Checoslovaquia, dentro del cual ambas encontraron caminos armónicos después de siglos de desgaste inútil.
5 Básicamente percibo tres escenarios con probabilidades equivalentes:
a) Por un lado, Bolivia tiende a que aun en las peores crisis: \'nunca pase nada\'; es decir, a que las cargas se reacomoden suficientemente para que todos los actores sientan que algo ganaron en el forcejeo y se calmen. En especial ni no hay revocatoria de mandato. En este caso, del \'deje así\', naturalmente, no habría cambios territoriales.
b) El segundo escenario es el de la generalización de las autonomías, que desemboque naturalmente en el nacimiento de una república federativa, con un cambio interno profundo en la estructura descentralizada del Estado.
c) El tercero, mucho más radical aún, en el que el enfrentamiento cultural se agudice y se transforme en un debate ideológico-racial de exclusiones, el cual termine, como única solución plausible y dentro de un referéndum histórico, en un acuerdo nacional para dividir el país en dos naciones, una de naturaleza desarrollista occidental y otra con una visión autóctona. Ambas con muchas más posibilidades de encontrar su lugar y el respeto del mundo. Los forcejeos regionales actuales, apenas son la chispa de este profundo proceso de índole nacional.
En términos de desarrollo, convivencia, prosperidad y paz, considero que los escenarios van en orden ascendente, desde una preservación de las irreversibilidades actuales que maximizan la \'entropía social\' (léase ch\'enko), pasando por una solución intermedia que seguramente mantendrá las envidias latentes, como en el caso de Bélgica, hasta una solución completa que demandará naturalmente, grandeza y renuncia a los “patrioterismos vacíos” inculcados desde la cuna y el aguayo.
“Es muy posible que el país camine hacia una federación con autonomías tan claras como las de EEUU”.
VÍCTOR HUGO CÁRDENAS. Ex vicepresidente de la República
1 El fracaso político de la estrategia gubernamental para frenar la insurgencia regional. El Gobierno actual está más aislado por su inicial oposición a la propuesta autonómica, su afán de debilitarla a través de la multiplicación de autonomías en su proyecto de Constitución y por su desconocimiento a la expresión popular. El Gobierno prefiere atrincherarse en su izquierdismo estatista y centralista, desesperado de su reelección y un creciente desprecio por los principios y procedimientos democráticos.
Por otra parte, significa el crecimiento de la territorialización del poder, la emergencia del poder departamental y consiguiente debilitamiento del poder político efectivo y territorial del Gobierno nacional. El departamento de La Paz, por los desaciertos del actual Poder Ejecutivo, queda más aislado junto a Oruro en su lealtad mayoritaria al MAS y al Gobierno. En el futuro, La Paz debe pensar su nueva posición y cómo articular y articularse al nuevo equilibrio político, económico y regional en el marco de la unidad nacional.
En lo institucional, el 4 de mayo debilita el presidencialismo tradicional. Los futuros gobernadores y consejeros departamentales asumirán algunas de sus competencias actuales del poder central. No sería nada raro que la futura agenda pública incluya el tránsito del tradicional presidencialismo a formas de sistemas de gobiernos parlamentarios o semiparlamentarios.
2 Ninguna autonomía departamental excluye un Estado unitario y republicano. Toda autonomía es relativa y dentro del Estado unitario. Una lectura de buena fe de las propuestas autonómicas debe entenderlas como propuestas avanzadas del proceso de descentralización a nivel departamental. Bolivia ya avanzó en la descentralización local a través del proceso de Participación Popular, Reforma Educativa y Ley INRA. Ahora es el turno de la descentralización departamental expresada en las reivindicaciones autonómicas. Por tanto, en el proceso de descentralización a nivel local, con la emergencia de más de tres centenares de municipios, el Estado unitario no fue liquidado, sino fortalecido. De la misma forma, las autonomías departamentales, bien entendidas y bien acordadas con el Gobierno central y los municipios, fortalecerán al Estado unitario. Un proyecto nacional democrático serio debe incluir, de partida, al oriente y occidente del país.
3 Creo que más allá de los malos entendidos y de las distorsiones de uno y otro lado, el proceso autonómico cruceño y de otros departamentos busca una mayor participación en la toma de decisiones, en la distribución de los ingresos y en la incidencia de las políticas públicas nacionales, departamentales y locales. También expresa el rechazo a la refundación de Bolivia orientado por propuestas etnicistas. En este sentido, la propuesta radical del centralismo y estatismo del MAS ha permitido la emergencia de las propuestas regionales expresadas en las autonomías. Finalmente, los departamentos, con diferentes lenguajes y estilos, buscan, en el fondo, varios pactos: territorial, fiscal, constitucional y cultural. Lo importante consiste en encaminar y conducir esos pactos por la senda de un proyecto nacional unificador, con una visión común de nación (de naturaleza pluriétnica), país, sociedad y Estado.
4 Antes del proceso autonómico naciente, en las últimas tres décadas, el centro político basado en el altiplano ya fue estremecido por el poder creciente del oriente agropecuario y del sur gasífero. En los hechos, el poder económico ya fue desplazado del altiplano al oriente y el sur del país: el oriente exporta al extranjero dos tercios y el occidente sólo un tercio.
Ahora, por lo visto, ese proceso de desplazamiento económico requiere de su acompaña- miento político.
Al parecer, la élite paceña, orureña y potosina empieza a reconocer este desplazamiento. Por cierto, el Gobierno actual prefiere cerrar los ojos y taparse los oídos aferrándose a la nostalgia de un pasado del poder que tenía su epicentro en La Paz y en un estatismo de los años 50 al 80. En términos cuantitativos, los seis departamentos opositores al Gobierno concentran el 60% de la población, ocupan más del 70% del territorio nacional y generan dos tercios del PIB. Por tanto, el deseo gubernamental de imponer su voluntad a la mayoría del país es una ilusión potencialmente peligrosa.
5 No veo condiciones internas ni externas para una secesión o separatismo. Veo a Bolivia, embarcada en un proceso democrático genuino y en la construcción de un Estado unitario, con un nuevo equilibrio de competencias en tres niveles (nacional, departamental y local), con una creciente presencia de regiones y pueblos indígenas, en espacios de inclusión social y étnica institucionalizadas. Veo una Bolivia unitaria, unida política y territorialmente, con una conducción democrática, nacional, intercultural y dedicada a solucionar los problemas fundamentales del país: pobreza, desempleo, inflación, elevación desmesurada de los precios, corrupción, exclusión social y racismo.
El cambio territorial principal será la reorganización territorial del poder, es decir, un Estado unitario construido a partir del creciente poder de los departamentos y regiones. Incluso, según cómo marchen las negociaciones, el proceso podría encaminarse hacia un presidencialismo debilitado por la fuerza de las regiones y departamentos donde gobernadores y consejeros departamentales tendrían a su cargo varias competencias que históricamente pertenecían al gobierno central.
LEOPOLDO FERNÁNDEZ. Prefecto de Pando
1 A confesión de parte, relevo de prueba. Las máximas autoridades del gobierno del MAS han reconocido que haberse opuesto a la autonomía, como lo hizo el presidente Morales y sus aliados, ha sido un error político garrafal. Las regiones, sus instituciones, la gente que hace al territorio, se ha empoderado de la propuesta autonómica, la ha hecho suya y ya nadie le puede quitar el derecho a decidir su propio destino; en consecuencia, se inicia en el territorio, en las instituciones, en el ciudadano, un proceso natural de aprendizaje, construcción y aporte para el mejor uso de la autonomía, que no es un fin en sí mismo; es un instrumento que nos permite planificar un mejor país hacia adelante.
2 Las diferencias no son entre oriente y occidente, son entre una visión de país y otra. Existe una visión que está asentada en una suerte de etnocentrismo, arrastrando tras de sí a una parte de la población con un discurso mentiroso de separatismo, y otra visión de país que propone el real respeto y reconocimiento del otro, la aceptación al diferente para ser complementarios, la verdadera inclusión sin condicionamiento previo alguno. Sobre la toma de posiciones en oriente y occidente, así somos los bolivianos, ni más ni menos, tenemos que reconocerlo y aceptarlo. Esta aceptación del ser, como es, se da en Pando, pero es más visible en Santa Cruz, donde miles de compatriotas de otra parte del territorio nacional han hecho posible construir una utopía que se llama país y se expresa en las actividades familiares, sociales, deportivas, culturales, económicas. Es posible tener un Estado respetado por propios y extraños, unido sólidamente, para eso sólo falta voluntad política y visión de futuro sin mezquindades personales, o de grupo. Bolivia es posible y viable, incluidas las diferencias.
3 No percibo que el proceso autonómico sea sólo cruceño, el Gobierno ha tratado de estigmatizar esta batalla nacional contra el centralismo, poniéndole el sello de cruceño, la autonomía va y en todo el país, más temprano que tarde; y aunque no todos votaron por la autonomía, los propios aliados del Gobierno le han pedido al presidente Morales un cambio de timón y autonomía. Santa Cruz tiene su propia dinámica, merced a sus propias características, Pando la suya y la construirá La Paz muy rápidamente, el objetivo final de cada uno de ellos es y será siempre servir mejor al ciudadano, tener un mejor país para todos.
4 El centro político del país ya está en las regiones, ya no corresponde a la sede de gobierno, cada día que pasa se está democratizando la toma de decisiones políticas, éstas pasan por las prefecturas, los municipios, los ciudadanos, cada vez son más los bolivianos que quieren la política en la puerta de su casa, en su barrio, en su provincia, en su departamento, en su región. Hoy se puede firmar un acuerdo final, o realizar un diálogo nacional en La Paz, pero la propuesta que se lleva ya se consensuó en la región. Quien sufre de miopía política está ciego para escribir las nuevas páginas de la historia boliviana, esta historia que tiene diferentes colores, identidades, culturas, y dinámicas propias que nacen y se construyen en las regiones, bajo un gran techo, el de Bolivia, nuestra casa grande, unida, predispuesta a cumplir su destino de gran eje integrador regional.
5 No lo creo, pero es posible, de acuerdo a las circunstancias y lo que sea mejor para nuestro futuro, pero privilegiando siempre y primero la unidad del país, sin dejar de atender las propuestas y requerimientos regionales. Veo a Bolivia invariable en relación a su división política y fortalecida estructuralmente bajo el principio de la equidad nacional que conlleva la instauración del régimen autonómico nacional, salvo que se imponga la irracional del Gobierno en su estrategia de debilitar a los gobiernos departamentales que no le son afines.
Reymi Luis Ferreira Justiniano. Analista político
1 El resultado de los referendos a realizarse en Tarija, Pando y Beni, en caso de repetirse la votación de Santa Cruz, tendrá efectos políticos más que institucionales o territoriales. Significa una posición política respecto al carácter de las autonomías departamentales que tendrá la legitimidad del voto ciudadano. Territorialmente no existirá ninguna alteración e institucionalmente es posible que se produzcan algunos cambios a partir del nuevo Estatuto Autonómico en las prefecturas en tanto y en cuanto no se encuentren en contradicción con la Constitución Política vigente (la de 1967, reformada el año 1994 y 2004).
2 Considero que el Estado republicano se fortalecerá con las autonomías departamentales al permitir la coexistencia de elementos diversos en un marco de unidad nacional. Lo contrario es más bien altamente peligroso, es decir el intentar homogeneizar la vida cultural, política y económica de un Estado tan heterogéneo como es el Estado boliviano.
3 La meta final del proceso autonómico es un país que respete la diversidad y que acepte que existen dos grandes modelos, dos cosmovisiones de entender la economía, la política y la sociedad en Bolivia.
4 El proceso autonómico permitirá que el centro político no sea única y exclusivamente la sede del gobierno o los gobiernos municipales, restituirá a los niveles regionales un protagonista que hasta no hace mucho era desconocido y cuyo “destape” se ha dado luego de la elección de los prefectos el año 2005.
5 Dentro de 10 años la división territorial del país se mantendrá inalterable gracias a la aplicación de un régimen de autonomías departamentales que dentro de los actuales límites ha podido establecer un sistema autonómico que permite salvaguardar, además de la identidad cultural, la matriz productiva de cada región. No se ve venir cambios territoriales a partir de los estatutos autonómicos. La amenaza proviene más bien del proyecto de Constitución Política del Estado aprobado en detalle en Oruro y que crea otros niveles de autonomía con el único fin de deslegitimizar el proceso autonómico a nivel departamental, que es el único —en el caso de Santa Cruz— que ha ganado dos consultas populares de carácter vinculante.
“Dentro de 10 años la división política del país se mantendrá inalterable”.
CARLOS ROMERO. Constituyente del Movimiento al Socialismo
1 Se habrá profundizado la polarización del país, con peligrosas rupturas institucionales y fracturas políticas, lo que conlleva la necesidad de relegitimar el sistema político para una nueva compactación estatal. Manifiesta graves problemas estructurales y la decidida acción de grupos de poder en las regiones para frenar el proceso de cambio, trasladando sus iniciativas políticas a escenarios regionales y de acuerdo a intereses locales, lo que atenta contra una visión integral de país.
2 No es posible mantener un Estado unitario legítimo si no se supera la polarización oriente/occidente, puesto que no se alcanzaría la suficiente gobernabilidad y certidumbre para profundizar transformaciones democráticas. Las autonomías deben lograr una democratización del Estado, pero esto no será posible si se activan fuerzas centrífugas y se neutralizan fuerzas centrípetas, lo que pasa necesariamente por adecuar el proceso autonómico a un proyecto integral de país expresado en la nueva Constitución.
3 Por los contenidos de sus estatutos pretende reproducir el viejo sistema político excluyente en el ámbito departamental, aplicar un modelo neoliberal ortodoxo en esa jurisdicción, mantener un control corporativo de la institucionalidad pública y de la sociedad civil bajo un circuito cerrado de poder político y, sobre todo, preservar a ultranza la actual estructura concentrada de tenencia de tierras.
4 Indudablemente, porque surgirán nuevas dinámicas políticas, económicas y sociales subnacionales, se crearán sistemas políticos en esos ámbitos, darán mayor protagonismo también a los pueblos indígenas en su relación con la territorialidad, emergerán contradicciones internas dinamizadoras de nuevos procesos sociales en las jurisdicciones autonómicas.
5 El proceso autonómico implica una demanda de redistribución territorial del poder político del Estado y proyecta un horizonte de construcción de Estado en el conjunto del territorio boliviano. A su vez, supone nuevas dinámicas económicas, políticas y sociales en espacios subnacionales; la visibilización de realidades escondidas con sus fortalezas, debilidades y contradicciones internas, entre ellas las luchas indígenas por transformar las estructuras agrarias y materializar su propia institucionalidad o las demandas regionales de reconocimiento público, lo que transformará de manera significativa la estructura territorial del Estado, inclusive con progresivos procesos de reconstitución de unidades territoriales en función de afinidades históricas, económicas, culturales y fisiográficas.
ROBERTO LASERNA. Analista político
1 En general, para el país tendrán un impacto parecido a las elecciones de prefectos. Serán un paso decisivo hacia la descentralización, lo que al mismo tiempo hace más difícil la reconstrucción del centralismo.
Del mismo modo, pone límites a los posibles proyectos autoritarios del futuro, que normalmente son centralistas. Se fortalecerá la democracia. Será un gran paso hacia la reconstrucción de un sistema institucional y político más cercano a la gente.
Pero también tiene riesgos. Uno de ellos es que podrían dar lugar al nacimiento de caudillismos locales que podrían contribuir a la reproducción del rentismo estatal —con ineficiencias y corrupción— a un nivel regional. En ese marco, la tarea que se impone para el país es la de reconstruir referentes nacionales de carácter legal, institucional y normativo que permitan mantener la cohesión nacional.
La mejor opción para complementar las autonomías regionales será tener un Congreso fuerte que pueda generar leyes adecuadas y establecer vínculos entre los departamentos.
2 El Estado unitario está cambiando. Las autonomías son mecanismos de defensa de la idea republicana del Estado, idea que fue eliminada del proyecto de Constitución del MAS. En cuanto a la división oriente-occidente, no se trata sólo de una división geográfica.
No es casualidad que los departamentos más pro autonómicos son aquellos que están más alejados del centro del poder. No se trata de una pugna entre el oriente y el occidente del país, sino de aquellos que estamos con mayor cercanía a las decisiones del centro del poder frente a aquellos que se han sentido abandonados por el centralismo.
Si queremos mantener la cohesión del Estado, tenemos que admitir, los que estamos en el centro del poder, en especial en La Paz, que llegó la hora de ceder ese poder y ganar autonomía para adquirir mayor control sobre nuestros destinos.
3 Creo que la meta inmediata es la de defender las ideas republicanas, la tradición liberal de la democracia y, en términos estratégicos, continuar con este proceso de descentralización que tiene una historia de por lo menos 100 años.
4 Sin duda. El centro económico ya se movió hace bastantes años. Una buena parte de la actividad económica del país se desarrolla en torno a la región de Santa Cruz y ahora comenzó a desplazarse hacia el departamento de Tarija, sobre todo por las reservas de gas. Lo que estamos viviendo ahora es una readecuación del sistema político, lo que ya estaba ocurriendo en el campo económico.
Hace tiempo que el mundo empresarial presta más atención a lo que pasa en Santa Cruz y en Tarija que hace 30 años.
5 Lo veo muy difícil. Casi nunca han cambiado los mapas sin conflicto y sin violencia. Y esos conflictos son extremos. Los escenarios que se vienen hacia adelante dependen mucho de cómo reaccione el poder central al proceso autonómico. Una resistencia de su parte, una negativa a reconocer el proceso autonómico, podría empujar a estas regiones a radicalizar sus posiciones y ver las posibilidades del separatismo como una respuesta a la negativa del resto del país a reconocer sus derechos a organizarse de una forma autónoma. Yo confío en que no lleguemos a eso y que avancemos por el escenario más deseado, que es el de la concertación.
MIGUEL URIOSTE. Responsable de la Fundación Tierra
1 Bolivia atraviesa una de las mayores crisis de institucionalidad de las últimas décadas. Esta crisis es resultado de dos procesos simultáneos. La instalación de un gobierno indígena-cholo populista de izquierda que construye enemigos por todos lados, hasta quedar aislado en su base social “dura” que, sin embargo, es leal con su proyecto étnico político. El repliegue de una oposición mestiza-blanca populista de derecha que no acepta su condición de minoría y que encubre los intereses de las élites desplazadas del control del Estado. Habiendo perdido el control del Gobierno central, las autonomías departamentales son un instrumento para que estas élites mantengan privilegios en sus regiones. Las autonomías indígenas se utilizan como freno al poder de las élites refugiadas en esos departamentos.
2 El Estado republicano —de secular exclusión de los indios— comenzó a redibujarse en el occidente en 1952, más tarde la Participación Popular de 1994 complejizó el mapa del poder y ahora con el gobierno de Evo Morales ese Estado sufre un fuerte remesón. Está en cuestión la naturaleza del Estado, la constitución social y étnica del poder y no solamente su forma de organización. Las diferencias no son entre regiones (oriente y occidente), sino entre indígenas-cholos hasta hace poco excluidos del poder, por un lado, y mestizos-blancos que están siendo desplazados del control de las instituciones y de las políticas públicas, por otro. Mientras en La Paz, la principal fuente de empleo-prebenda es el Estado, en el Oriente es la iniciativa privada, especialmente agroindustrial, que basa su economía en la renta de la tierra.
3 Toda autonomía es una forma de autogobierno, es decir de depender lo menos posible del “otro”. Para los diseñadores del Estatuto Autonómico de Santa Cruz, el “otro” es la Bolivia andina. Para los indígenas, el “otro” son los terratenientes “cambas” exitosos. Tanto las autonomías indígenas como las departamentales buscan controlar y beneficiarse de los recursos naturales renovables y no renovables de “su” territorio. Los indígenas con el apoyo del Estado Nacional, los “cívicos” con el apoyo de las inversiones extranjeras. Las élites bolivianas en el oriente consideran que el occidente y toda la “indiada” son una rémora, un freno a la modernidad, al éxito económico. Los indígenas-cholos del occidente, empoderados por su acceso al poder público, han construido un imaginario de “enemigo” latifundista, blanco, rico y extranjero.
4 Hace una década, ante la crisis de los minerales y del petróleo, la agroindustria del departamento de Santa Cruz se convirtió en el motor de la economía y del “modelo de acumulación” y desplazó temporalmente el centro económico de La Paz. Con el advenimiento del gobierno de Evo Morales, la “nacionalización” del gas y la subida de los precios de los minerales, el occidente —y los indios— recuperan su importancia económica y reconvierten al Gobierno central en el principal instrumento de reproducción como clase y como proyecto político. Si las élites bolivianas instaladas en Santa Cruz tuviesen vocación nacional, trasladarían el poder político nacional a Santa Cruz, pero no les interesa, porque eso significa “cargar” con todo el país, indios, cholos y todo.
5 Todo territorio es una construcción social e histórica, fruto de negociaciones, presiones y acuerdos. Los bolivianos somos profundamente conservadores y desconfiados. Posiblemente será muy difícil mover límites de provincias, departamentos y municipios. Después de un largo, desgastador y estridente forcejeo, las autonomías indígenas acabarán acomodándose a los límites territoriales de los municipios y las autonomías departamentales no podrán recuperar la totalidad de los atributos que pretenden. No importa dónde está el centro político formal, en Santa Cruz o La Paz, Bolivia necesita de un gobierno central con atribuciones básicas fuertes y claras, acordadas por las mayorías y acatadas por todos. Ahora las autonomías son formas perversas de territorialización étnica. En un país de contundentes mayorías indígenas-mestizas, no tiene sentido construir territorios étnicos cual si fueran reservas indígenas.
Ricardo Paz Ballivián. Analista político
1 La consecuencia política inmediata es la existencia “de facto” de una nueva institucionalidad que antagoniza y enfrenta la institucionalidad vigente o “statu quo”. Es una situación de franca rebelión en relación a la juridicidad dominante y, por lo tanto, pone a las regiones en situación de beligerancia. A la aprobación de los llamados estatutos autonómicos, le sucederá su implementación inmediata en todo aquello que sea posible: por ejemplo, la elección y constitución de las asambleas legislativas departamentales. Es probable, a partir de allí, que la colisión con el armazón administrativo del Estado central se haga cada vez más agresiva y derive en enfrentamientos violentos. Las consecuencias a mediano y largo plazo son la sustitución del Estado Unitario centralista por un Estado Federal descentralizado. Da la impresión de que el proceso hacia la federalización del país es, a partir del 4 de mayo, irreversible.
2 Es posible y deseable mantener un Estado Republicano y sólido, pero creo que, definitivamente, el carácter unitario del mismo es insostenible en las actuales circunstancias. Los departamentos están planteando “soberanías” de facto que cuestionan la esencia de la forma unitaria del Estado actual. La única manera en la que Bolivia podría mantenerse unida ahora, es mediante la concertación de un pacto federal que establezca una relación horizontal y equitativa entre los departamentos. Si las pulsiones hacia la mantención del “statu quo” (léase unitarismo) se mantienen vigorosas en occidente, el peligro es la de una conflagración fratricida que culmine en una desmembración territorial. Es poco probable que occidente pueda someter por la fuerza al resto del país…lo más factible, de imponerse la torpeza y la intemperancia, es que entremos en una espiral de fanatismo que nos conduzca inexorablemente a la diáspora social.
3 Para los que defienden la causa autonómica desde la perspectiva de la profundización de la descentralización y la participación popular, sin duda que la meta final es la instauración de un régimen constitucional de autonomías departa- mentales que permita acercar el Estado al ciudadano y establezca una relación más equilibrada entre los departamentos y el poder central. Con mucha probabilidad, este esquema será nece- sariamente la instauración del federalismo en Bolivia. Pero para algunas minorías eficaces, mimetizadas en el fundamento autonomista, la meta es mucho más mezquina y funcional: mantener los privilegios, las tierras y las canonjías, obtenidas de manera irregular y dolosa en el pasado oprobioso de las dictaduras y en la fase degenerativa de la denominada “democracia pactada”. Como en todo proceso político, el peligro mayor es siempre la instrumentalización del mismo en función de intereses particulares o de grupo.
4 Si la pregunta alude a la posibilidad de que la ciudad de La Paz deje de ser la sede del gobierno, por supuesto que la respuesta es un sí rotundo. Un pacto federal seguramente planteará la necesidad de generar un nuevo espacio geográfico-político de encuentro y congregación nacional. En ese sentido, Cochabamba o Sucre podrían presentar ciertas ventajas comparativas. Sin embargo, la fuerza demográfica, cultural y política de La Paz podría determinar que una condición inexcusable para la consolidación del pacto federal sea respetar su condición de sede de gobierno. Mucho dependerá de los propios líderes y de la ciudadanía paceña el desenlace que vaya finalmente a producirse. Es deseable que La Paz no se abandere de la defensa del unitarismo, a título de no perder su condición de sede de gobierno…ideal sería que concurra al pacto federal con esa condición.
5 Dependiendo del desenlace del proceso, Bolivia podrá mantener su integridad territorial y, en buena medida, su actual división política administrativa. Si se consigue y preserva la unidad nacional mediante la concurrencia a un pacto federal, aquello será perfectamente factible. Lo más que podría suceder es la creación de algunos departamentos (Chaco y Amazonia) y algún reordenamiento municipal. Pero, si no se produce el pacto y vamos al enfrentamiento violento, las consecuencias son imprevisibles y la posibilidad del desmembramiento y hasta la desaparición del país, no son posibilidades remotas. Los que creen que aquello constituye un alarmismo imprudente e improbable, conviene que vuelquen sus ojos hacia Europa de los años 90 y aprendan las lecciones dolorosas de la historia.
Paula Peña. Historiadora cruceña
1 El triunfo del Sí con un 85%, muestra claramente la predisposición de la población a un cambio real en la estructura del Estado. La autonomía, no es más que la división del poder, por ello es que el Gobierno central se aferra a mantener el antiguo régimen. Después del 22 de junio se consolidará la autonomía de los cuatro departamentos que le dijeron Sí al referéndum del 2006. Eso provocará grandes cambios en Bolivia, el primero y probablemente el más complejo, será el cambio en las mentalidades, habrá que pensar el país desde los departamentos. Cambios políticos también, ya que se estructuran nuevas fuerzas y nuevas instituciones. Sin embargo, no creo que hay cambios territoriales, ya que los departamentos se mantienen, y el Estatuto, al menos del de Santa Cruz, mantiene vigente el ordenamiento administrativo de provincias y de cantones y por supuesto respeta la autonomía municipal.
2 La solidez de una república no pasa por ser unitaria o descentralizada. Un Estado sólido depende de la capacidad de generar ciudadanos y de una cultura nacional fuerte. En el caso boliviano, el Estado y las élites que lo gobernaron no fueron capaces de generar un Estado sólido. Tengo la certeza de que desde los departamentos se generará un Estado más sólido, unido en su diversidad, permitiendo de esta manera que cada departamento genere hacia adentro una cultura ciudadana departamental y nacional fortificada por la participación directa y mayor democracia.
3 La autonomía es un instrumento que mejora el funcionamiento de los estados. El proceso cruceño ve en la autonomía un medio para mejorar la administración estatal y de hecho el nivel departamental, permite a los ciudadanos una mayor participación y esto es perfeccionar nuestra democracia. El proyecto cruceño nunca pensó la autonomía como un fin en sí misma, y en eso es que se equivocan algunos analistas que ven la autonomía como un nuevo centralismo. Hay que leer con detenimiento el Estatuto Autonómico del departamento ya refrendado y aprobado por la mayoría de la población. El Estatuto es descentralizador y la presencia de las provincias es fundamental; cuando se lo redactó, se tuvo en cuenta que no se debía caer en un nuevo centralismo. Si se analiza, sin pasiones, se encontrará a la autonomía diseminada también en el departamento, y eso es el verdadero cambio. No será fácil, por lo que decía, por la cultura centralista de la mentalidad boliviana, pero no es imposible.
4 La autonomía es una forma diferente de la repartición del poder. En Bolivia, desde 1825, se estableció el modelo centralista, unitario y único, no permitiendo otros niveles de poder. Con la Ley de Participación Popular se creó tardíamente el nivel de poder local, aunque los intentos de restablecer el municipio venían desde 1839, pasaron 165 años para descentralizar el poder. Hoy, con la autonomía departamental se establecerá el poder departamental, es decir un poder intermedio. Eso no significa que no habrá un poder nacional establecido en una capital, pero dudo en centros, más bien se espera que el poder repartido pueda estar disperso en los nueve departamentos, sin privilegio de uno sobre los ocho restantes.
5 No creo que haya cambios territoriales importantes. Los departamentos en Bolivia son un fiel reflejo de territorios con una geohistoria de casi 500 años. Los intentos de crear nuevos departamentos son intentos del centralismo para perpetuarse, no son intentos nuevos. Quien estudia minuciosamente la historia de su departamento, verá que en épocas de crisis o de demandas de algún departamento, el gobierno de turno (sin importar su origen étnico, o ideológico) ha actuado de la misma manera. Por lo menos en lo que se refiere a Santa Cruz, los patrones de comportamiento del Estado central son los mismos, a pesar de las diferentes épocas.
Es un verdadero avance el hecho de que cuatro departamentos hayan apostado por la autonomía departamental y que dos estén trabajando en la recolección de firmas para llevar a cabo sus referendos. El pueblo boliviano es sabio y se ha empoderado en este proceso. La recolección de firmas, el votar en un referéndum que decida por el futuro de su departamento, es la verdadera democracia; los bolivianos ya no queremos intermediarios, queremos decidir votando, que es la máxima expresión democrática. El chicote y la quema de urnas son propias de las dictaduras totalitarias, que se autodestruyen a mediano plazo.
“Un Estado sólido depende de la capacidad de generar ciudadanos y de una cultura nacional fuerte”.
GUSTAVO FERNÁNDEZ. Ex canciller de la República
1 Ha comenzado la construcción de una República autonómica, sustantivamente diferente de la República centralista a la que estuvimos acostumbrados. Pero, ojo, no puede ser solamente autonómica. Debe ser democrática, por el simple hecho de que ninguna región tiene la fuerza para imponer su voluntad y su modelo a las otras. Para avanzar se requiere la concertación democrática entre regiones y ciudadanos. Los proyectos hegemónicos no tienen lugar en este nuevo país. Y también debe ser incluyente. Después del 2005 el nuevo Estado exige la inclusión efectiva de campesinos y sectores populares en el sistema político y en la estructura de poder.
2 No mire tanto las diferencias. Fíjese en las complementariedades. La riqueza de la nación se basa justamente en la diversidad de su dotación de recursos —agrícolas, minerales y energéticos— y en su proyección geopolítica en el centro del continente. Es un país que mira al Atlántico desde el oriente y se conecta con el Pacífico desde los Andes. Que se proyecta al Amazonas desde el Norte y a la Cuenca del Plata desde el Sur. Esas cuatro grandes piezas se hallan unidas no sólo por la historia sino por una población y una cultura mestiza que ha tejido una red de lazos familiares y de intereses económicos que se entrecruza en todo el territorio nacional. Que es una red mucho más sólida de lo que piensan los analistas. Que tiene mucho más claridad sobre su destino común que la que a veces reflejan sus dirigentes. Mire las encuestas para confirmar esta apreciación. La de Naciones Unidas del 2007, por ejemplo.
Respondiendo a su pregunta: claro que es posible mantener una República unida, democrática, incluyente y autonómica. Más aún, es imperativo construirla.
3 Creo que es más apropiado recordar el origen de ese proceso que especular sobre sus metas finales. Comenzó con la demanda de las regalías petroleras y desde entonces ha mantenido firme ese norte. Conservar, para su propio desarrollo, la mayor parte posible que genere la exploración de los recursos del departamento. Y administrarlos con sus propios criterios y controlar su ejecución con sus propias instituciones. Eso no está mal, desde luego. Es legítimo. Y serán los objetivos de las autonomías de todos los otros departamentos. Pero, en la República, esos objetivos propios tienen que compatibilizarse con los de las otras regiones y el interés del conjunto del país.
4 En realidad, el proceso autonómico es la consecuencia, no la causa, del cambio en la estructura del poder. El poder económico se desplazó de la Bolivia minera de occidente a la Bolivia agrícola y petrolera del oriente y el sur desde hace unos 20 años. Y también se movió la balanza demográfica, con el proceso migratorio interno, que hizo de Santa Cruz una de las ciudades más grandes del país, en poco tiempo.
Ahora se debe establecer un nuevo equilibrio, encontrar un nuevo núcleo de cohesión nacional, entre todas las regiones, incluyendo La Paz, por cierto.
Pero, volviendo a la pregunta, sí, el centro político se está moviendo.
5 La veo bien. Unida. Diversa. Fuerte. Si para algo sirvió la exagerada especulación de los medios internacionales sobre lo que podría ocurrir el 4 de mayo, fue para demostrar el rechazo del sistema político latinoamericano a cualquier posibilidad de ruptura del estatuto territorial boliviano. A nadie le interesa que eso ocurra. Y menos a los propios bolivianos, ya sean cruceños, paceños o tarijeños. Yo nunca he creído en esas historias. La acusación de separatismo contra los cuatro departamentos que levantaron la bandera de la autonomía, a los que pronto se van a sumar otros, es infundada y torpe. Es peor que eso, es un error.
“Es posible mantener una República unida, democrática, incluyente y autonómica. Más aún, es imperativo construirla”.