La sorpresiva decisión de la oposición política en el Senado de desempolvar la Ley de Convocatoria a Referéndum Revocatorio del Presidente y Vicepresidente de la República y de los nueve prefectos de departamento, ha provocado un nuevo giro en este difícil proceso de superación de la crisis de Estado en que estamos empeñados las bolivianas y los bolivianos. La jugada obligó al presidente Evo Morales a aceptar el reto de poner en juego su mandato popular que debía durar cinco años.
Se trata, sin duda, de una salida poco deseable, aunque aparentemente la única posible en las actuales circunstancias de beligerancia y antagonismo social. Nuevamente intentaremos resolver la crisis de Estado encarando, primero, la crisis de gobernabilidad. Mucho me temo, desde esa perspectiva, que podríamos seguir dando vueltas en redondo, cambiando actores y circunstancias, sin enfrentar lo que verdaderamente es el problema: la fractura del contrato social.
Así y todo, si el referéndum revocatorio nos trae una tregua de algunos meses y, sobre todo, si evita el estallido inminente de la violencia fratricida… pues entonces bienvenido sea éste. Como han repetido muchos líderes de la comunidad en estos días, siempre son preferibles los votos a las balas.
Ahora lo importante será ponernos de acuerdo en lo mínimo para encarar con responsabilidad el proceso electoral que se avecina. Esto pasa en primerísimo lugar por la cobertura de todas las acefalías existentes en la Corte Nacional Electoral y en las cortes departamentales electorales, así como en el Tribunal Constitucional. Sin árbitros no es posible jugar el partido, y concertar aquello es condición esencial para lograr el objetivo.
También se espera que se suspendan todos los eventos electorales programados para los siguientes meses como la elección del prefecto en Chuquisaca, los referendos autonómicos en Tarija, Beni y Pando y los referendos dirimitorio y constitucional. Así el país podría votar sin distracciones ni presiones ajenas sobre el proceso decidido. Al fin y al cabo, el referéndum revocatorio es en lo único en que han coincidido oficialismo y oposición desde enero del 2006.
La otra arista de esta inesperada salida es la relacionada con la manera en que se irán a encarar las campañas electorales, tanto a nivel nacional como en cada uno de los nueve departamentos. Es bien sabido que en este tipo de comicios, en los que el elector debe decidir por el Sí o el No, es cuando más influyen las campañas y la propaganda política.
En muy buena medida el resultado final de los referendos se verá influido por la calidad y profesionalismo con que se encaren las campañas. El Gobierno lleva ventaja, claro está, porque su aparato propagandístico no ha parado desde su instalación en la plaza Murillo y parece contar con una inagotable chequera que seguramente será forzada al máximo en las próximas semanas.
La oposición, por su parte, y cada uno de los prefectos en particular, tienen ahora el desafío de convencer a sus electores que vale la pena que sigan en sus cargos y esto sólo se logrará con investigación, una buena estrategia y mucho tesón.
*Ricardo Paz B. es sociólogo y constitucionalista.
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