El Plan Nacional de Desarrollo (PND): ´Bolivia digna, soberana, productiva y democrática para vivir bien 2006-2010´, no es simplemente un documento que establece la obligación del gobierno de turno de elaborar un plan general de desarrollo económico y social, sino se constituye en un texto base que contempla las líneas estratégicas del programa que lleva adelante la gestión de Evo Morales.
La estrategia de desarrollo y la Política Económica contenida en el PND, se inscriben entre aquellos intentos de la política pública por estimular, mediante un papel activo del Estado en la economía, el crecimiento económico en función del mercado interno protegido y buscan cambiar el patrón de distribución desigual del ingreso, deteriorando las condiciones y el ambiente necesarios para incentivar de manera sostenible mayor inversión, producción y empleo.
Impera tener en cuenta que el PND es de carácter populista izquierdista y por lo tanto abunda en diagnósticos, análisis y definiciones de objetivos y metas que no siempre guardan relación coherente con el contexto económico globalizante y con los instrumentos y políticas previstas, de modo que permita —incorporando los enfoques transversales de innovación, equidad y medio ambiente— asegurar el cumplimiento de los cinco objetivos propuestos: cambio del modelo económico primario-exportador; crecimiento económico acelerado (6,3% en el período 2006-2010); creación de empleo; potenciamiento de los pequeños productores; reducción de la pobreza y la desigualdad social.
El documento en cuestión contiene varios planteamientos que ameritan discusión. Uno de ellos se refiere a la nueva visión de desarrollo, sintetizada en la frase ´vivir bien´, totalmente distinta a la construida desde que los economistas y cientistas sociales comenzaron a preocuparse de los problemas del desarrollo. Otra interrogante gira sobre la viabilidad de cambiar el relacionamiento entre ciudadan@s y el Estado, vía el ´desmontaje del colonialismo y del neoliberalismo´ en pos de construir un ´Estado multinacional y comunitario´.
Planteamientos de esta naturaleza tienen no sólo implicaciones teóricas, sino también ideológico-políticas. Preocupa el discurso bullanguero y el populismo deformador de la democracia, puesto que el siglo XXI no traerá per se éxitos significativos, aunque tengamos recursos energéticos, ya que sin acceso a créditos de inversión con tasas moderadas, con un sinnúmero de limitaciones para la gestión del conocimiento, sin contar con capacidad impulsora de tecnología, teniendo una capacidad mínima de competitividad en una economía de mercado mundializada, seguiremos sumidos en una pobreza acrecentadora de inseguridad ciudadana, exclusión, marginalidad, etc. Está pendiente poner en práctica una real reactivación de la economía adoptando mecanismos que favorezcan y faciliten el avance y la transformación productiva, posibilitando inversión, exportación, iniciativa privada y competencia, entre otros.
Ante la primacía de un planeta que gira en torno a bloques económicos, nuestro país necesita que las retóricas se operativicen. Es inaudito clamar inversión privada, si seguimos dando pruebas de inseguridad jurídica, económica y política.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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