La destitución llegó al 40% de alcaldías En contrapartida, en el 60% de las comunas hubo estabilidad política. La fragmentación partidaria y la presión social fueron la causa de las destituciones.
En mayo del 2008 se cumplen casi tres años y medio de la actual gestión municipal, que va del 2005 al 2009. Hasta hoy, cuatro de cada diez alcaldes electos en las Municipales de diciembre del 2004 ya fueron removidos de su cargo. Un seguimiento de la vida política edil, realizado por la Federación de Asociaciones Municipales, FAM, determinó que en 130 alcaldías (39,8% de 327) hubo algún cambio de burgomaestre.
Con todo, también hay que señalar que en el restante 60% de las alcaldías, la estabilidad política fue la norma. El registro levantado por la FAM señala que seis de cada diez alcaldes ungidos el 2004, hasta hoy aún se mantienen en su cargo. Se trata de 197 burgomaestres, de los cuales 184 nunca fueron removidos, y de 13 que, aunque algún momento salieron del cargo, fueron repuestos por la Justicia, ejerciendo hoy su cargo.
Existen muchas causas de la inestabilidad política. Para el viceministro de Descentralización, Fabián Yaksic, que a diario atiende casos de ingobernabilidad, una causa de fondo del problema es el concejo municipal. Por un lado, por su fragmentación política, lo que genera la ausencia de mayorías estables que garanticen gobernabilidad; y, por otro, la pérdida del rol fiscalizador del concejo: éste, al no cumplir con su tarea, y sólo ser escenario de pugnas políticas, fomenta la desconfianza de la ciudadanía; por esto, no es casual que en varios conflictos, la población haya exigido el cambio, si no de todos, de la mayoría de concejales y del alcalde.
Por el lado de la sociedad civil, la ingobernabilidad local se manifiesta por el exceso o distorsión de mecanismos democráticos, como el cabildo, destaca el ex diputado uninominal, Hugo San Martín. Si bien el cabildo es parte de lo que se puede llamar mecanismos deliberativos de la democracia, en el país el cabildo sólo sirve para la imposición de ciertas corrientes o intereses particulares encubiertos, afirma. En el cabildo, por lo general, la población no delibera. La democracia, señala San Martín, no se reduce al cabildo; la democracia, en última instancia, se mueve en torno al voto ciudadano, y si hay formas deliberativas, como el cabildo, éstas al final deben subordinarse al voto; el cabildo necesita ser reglamentado, y que sus decisiones se canalicen por cauces democráticos, finaliza.
Por su parte el constituyente Raúl Prada, al defender que el cabildo se ha incluido en el nuevo texto constitucional, como un mecanismo deliberativo, señala que pese a los excesos o manipulación de que sea objeto, el cabildo es un avance democrático. Un elemento complementario a este mecanismo, para encaminarlo por el lado positivo, señala Prada, es la madurez democrática de la población; así, es posible hablar de un uso responsable del cabildo.