Sin pena ni gloria (sobre todo sin lo segundo) los productores de aceite del oriente arriaron sus banderas y aceptaron nomás la franja de precios propuesta por el Gobierno. Bien podían haberlo hecho hace 40 días y se hubieran ahorrado buena cantidad de pesos.
Atrás quedaron las declaraciones ultimatistas tan propias de los bolivianos del tipo: ¡Hasta las últimas consecuencias! Así, lo del “decreto” del “gobernador” para la libre exportación quedó en papel quemado, lo mismo que las declaraciones de “si nosotros queremos exportar, no habrá ejército que nos lo evite”.
La verdad es que pese a los discursos, el mundo también importa y Santa Cruz está rodeada de izquierdistas y bueno, para exportar hay que tener el beneplácito del país importador y Brasil y Argentina le han dicho nones. En resumen: a vender aceite barato a los bolivianos porque esta vez el Gobierno les ganó con el producto a 8,50 bolivianos, les ganó demostrando que la inflación es producto internacional y que en la subida de los precios tiene mucho que ver el lucro de los empresarios. La realidad, sin duda, es más compleja, pero he escuchado a muchos ciudadanos estar felices con la determinación gubernamental.
Pero tampoco el Ejecutivo las tiene todas consigo. Los precios suben y no muy lentamente, aunque de manera sostenida.
Vistas así las cosas (podríamos poner muchos más ejemplos) a los dos contendientes les convendría llegar a un acuerdo. Con esta confrontación fratricida perdemos todos. Los que producen y los que consumen. No creo que sea tan difícil acordar que los precios en Bolivia de los productos nacionales sean más bajos que de aquellos que exportamos.
Tampoco creo que alguien dude de que es aumentando la producción como frenaremos la inflación.
Por otra parte, ¿por qué no hacer una gran alianza nacional para aumentar la producción de alimentos? Vivimos en un mundo urgido de comida y nosotros tenemos todas las posibilidades de producir comestibles de manera sostenible y orgánica. De paso, por fin valorizaríamos la producción de los campesinos.
Sería maravilloso, digo, que gastáramos las energías en encontrar cómo lograr mejores cosechas de papas, de maní, de trigo, etc. Y también en encontrar nuevos mercados.
El deporte nacional debe cambiar. En vez de arruinar al del lado, debemos pensar en poner el hombro todos. Ya sé que suena la mar de romántico. Pero esto es indispensable.
Caso contrario, estaremos hirviéndonos los unos a los otros en aceite y el resultado no será nada comestible, lo aseguro.
Y la solución debe venir de la sociedad civil. Los políticos tienen su propia lógica, son por naturaleza cazadores y no sembradores y saben que mientas más lío exista más minutos saldrán en la televisión, y que mientras más se jala la pita un lado al otro hay quienes más se fortalecen (Isaac Newton era un filósofo más allá de un gran físico). La realización del referéndum revocatorio va a plantear un antecedente muy peligroso porque corremos el riesgo de estar cambiando gobernantes cada dos años. Estoy convencido de que Evo ganará esta vez, pero ¿y los próximos gobernantes? Repetir el 53,7% es casi misión imposible.
En pocas palabras: basta de gre, gre, queremos ¡pacto hasta las últimas consecuencias!
*Jaime Iturri S. es periodista.
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