La diplomacia en crisis La reacción de Belaúnde llegó acompañada de una nota para la Cancillería boliviana, que, por su lado, calificó el hecho como "un pequeño roce" y acusó a los medios de magnificar el tema. Según el vicecanciller Fernández, las divergencias son normales.
Desde el advenimiento al gobierno del presidente Evo Morales, uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la improvisación en el campo internacional, con legos en materia diplomática que estuvieron lejos de asesorar convenientemente al Primer Mandatario.
En este sentido, el desmantelamiento del servicio exterior profesional, reemplazado por militantes del partido de gobierno, expertos extranjeros y activistas de fundaciones y ONG, ha contribuido a una labor inconveniente para los intereses nacionales. Un ejemplo de esto es el lamentable estado por el que atraviesan las relaciones del Gobierno boliviano con Perú.
En la actualidad, las relaciones entre ambos países se encuentran deterioradas. Hasta ahora, siempre habían sido cordiales, como corresponde a dos naciones históricamente ligadas por una civilización precolombina común, luego por ser parte del Virreinato de Lima en la época colonial y, finalmente, por un gran hermanamiento durante la etapa republicana, que culminó con los convenios Mariscal Andrés de Santa Cruz cuando Perú otorgó una zona en las proximidades del puerto de Ilo que Bolivia no aprovechó debidamente.
Este vínculo se ha ido malogrando por gestos y acciones, quizá poco meditadas, del gobierno de Morales. La última muestra se ha dado en la reciente Cumbre de Lima, a la que asistió medio centenar de mandatarios. En esa ocasión aparecieron diferencias entre Bolivia y Perú, respecto de la firma de un acuerdo comercial con la Unión Europea (UE), cuando el mandatario Morales acusó al vecino país de querer sabotear ese cometido "negociando bajo la mesa con los europeos". Esto porque el presidente Alan García había ratificado que ellos avanzarían lo más rápido posible, en vista de su interés en sellar el acuerdo con que se sumarían al Tratado de Libre Comercio (TLC) logrado con Estados Unidos.
Pero la situación se tornó más tensa aún con un tema sensible, también de carácter internacional, referido a la solicitud de extradición que ha hecho el Gobierno de Lima del súbdito peruano Wálter Chávez, ex asesor del presidente Morales acusado de integrar en el pasado la guerrilla guevarista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y de tener cuentas pendientes con la justicia de su país.
La respuesta que dio Morales en Lima al pedido de extradición no fue la más afortunada. Dijo que, en el caso Chávez, Perú obraba por influencias de la CIA y del imperialismo norteamericano. Esta aserción colmó la medida en la Cancillería peruana, cuyo titular, José García Belaúnde, la consideró agraviante. Según esta autoridad, el mandatario Morales "pareciera tener alguna obsesión con Perú" ya que no es la primera vez que realiza declaraciones "poco amables".
La reacción de Belaúnde llegó acompañada de una nota para la Cancillería boliviana, que, por su lado, calificó el hecho como "un pequeño roce" y, posteriormente, acusó a los medios de comunicación de magnificar el tema. Según el vicecanciller Hugo Fernández, las divergencias entre ambos países son normales. "Es bueno, es sano disentir", remarcó.
La actitud asumida con Perú no trae ningún beneficio al país. La diplomacia es una cuenta pendiente del actual Gobierno.