Eduardo Rodríguez Veltzé, ex presidente de Bolivia, sugiere un único referéndum para reconducir el proceso constituyente y autonómico.
William Kushner Dávalos, desde Madrid para La Razón
El ex presidente de Bolivia Eduardo Rodríguez Veltzé concedió esta entrevista en Madrid, España, donde habla de la banalización del voto en los referendos, sugiere una única consulta para reconducir el proceso constituyente y autonómico, y dice que no hay autonomía posible sin un estado central que la reconozca. Por eso es tan importante preservar el Estado democrático que gestione la pluralidad nacional.
Como jurista, ¿por dónde cree que debería empezar el reencauce de la política boliviana hacia la legalidad. Archivo de obrados o fojas cero? Ninguna de las dos, hay una figura procesal que puede asimilarse; la reconducción, el saneamiento del proceso. Primero conviene advertir cuáles son las causas y definir el rumbo que se debe adoptar. No sólo tiene que ver con las reglas sino también con el ánimo, con la voluntad de encontrar el norte, el bien mayor.
¿Qué opina de la simplificación de lo democrático en las elecciones y los referendos? Hay una vulgarización de lo democrático, una práctica que se traduce en acudir al electorado para que ponga el cortinaje de la votación, creo que esa simplificación ha llegado a límites que superan lo tolerable. En los últimos años, la democracia participativa no ha sido siempre efectiva en atender los temas sometidos a su decisión o ha sido aprovechada por quienes la invocaban. Por ejemplo, el referéndum que condujo Carlos Mesa el 2004 fue significativo en materia de la política de hidrocarburos, pero llevaba explícitamente adherido el propósito de consolidar una votación de confianza al Presidente, lo que importó una primera distorsión de ese régimen participativo. Otra se produjo con la Asamblea Constituyente, cuyo producto surge sin debate y con violencia. Lo propio respecto al Estatuto Autonómico de Santa Cruz, que pudo haber tenido un proceso más participativo y compatible en su gestación y aprobación. Lo que ahora se pretende con el referéndum revocatorio es la banalización extrema de esa democracia participativa.
¿Cómo se forjan las autonomías en Bolivia? o ¿Qué tiene de catalán el Estatuto cruceño? El proceso autonómico boliviano es diferente al español por diversas razones, lo que parece indispensable es retrotraerse a los reclamos que las regiones, los departamentos y los municipios venían demandando a un Estado excesivamente centralista, burocratizado e incapaz de gestionar los procesos de desarrollo. Estas legítimas preocupaciones comprendían también otros ingredientes, como la inestabilidad política crónica a nivel nacional, la discriminación étnica y la exclusión social. Sólo a partir de la vigencia plena del sistema democrático se comenzó a resolver esta situación con la democratización de los gobiernos municipales, la participación popular, la elección de prefectos y los procesos constituyente y autonómico que pese al efecto vinculante que se convino, no confluyeron en un esquema compatible. No hay autonomía posible sin un Estado central que la reconozca. En Bolivia y en España el desafío por autonomías más funcionales sigue abierto con sus propios matices, lo importante en ambos casos es preservar un Estado democrático que viabilice y gestione la pluralidad.
¿Con o sin referéndum revocatorio llegaremos a un resultado positivo? La validación de la legitimidad por sí misma no resuelve absolutamente nada. Es un ejercicio caro e improductivo sobre las espaldas de los electores, quienes esperan mucho más de su Presidente, Vicepresidente y Prefectos que ya cuentan con un mandato legítimo y con un término establecido.
¿Qué aconsejaría al Gobierno? Reencaminar el proceso constituyente y autonómico, recuperar el poder constituyente ciudadano genuino, con reglas de juego mucho más claras, promover y permitir acuerdos posibles y evitar el aprovechamiento de las coyunturas para imponer hegemonías por la vía de la consigna o la presión. Plantearía intentar un solo referéndum, en el que se pregunte a la ciudadanía si está de acuerdo en reconducir el proceso constituyente y autonómico para garantizar una nueva Constitución que refleje los grandes consensos, incluidas las autonomías y garantice los principios fundamentales para un Estado diverso, funcional, pero sobre todo reconciliado en la unidad que todos pregonan. Con las lecciones aprendidas hasta ahora, ese referéndum no sólo proveerá de juridicidad al ajuste del proceso, sino que puede consolidar un mandato constituyente genuino, cuyo producto servirá para armonizar y no dividir más a los bolivianos. Paralelamente, el Gobierno debe concluir su gestión en el marco del mandato constitucional vigente.
¿Qué aconsejaría a la oposición? Que tenga la voluntad de aproximar sus posturas a recuperar la voluntad constituyente genuina, a compromisos de no imponer ni trabar los consensos, menos rompiendo reglas democráticas. La oposición debe ser capaz de abrir el debate público más allá del tema de las autonomías, concurren temas que hacen a la gestión del gobierno, a la fiscalización y a la legislación, sin descuidar temas trascendentales de política pública como la inclusión, los derechos de los pueblos indígenas, exigiendo más respeto por una población que a mi juicio sigue siendo utilizada para el voto sin lograr mayores reivindicaciones. Lo ideal sería que las posiciones encontradas, lo que por sí mismo es útil, convengan en debates y cursos de acción política con reglas más claras, pero sobre todo respetadas por oficialismo y oposición.
¿Al dejar la presidencia previó lo que hoy está pasando? Todo el paso por la Presidencia mostró permanentemente una enorme crisis de lo político y de los factores que contribuyen a reconocernos como plurales y como diversos en el país. El sistema político en Bolivia estaba y sigue erosionado. Nosotros procuramos reconstituir la política, aquella que permita recuperar las prácticas y las instituciones antes que la imposición de hegemonías o el deterioro de la voluntad ciudadana.
Si lo sabía, ¿qué fue lo que hizo entonces? Hicimos lo posible. Intentamos sanear el escenario donde discurre la política logrando acuerdos sobre cuatro frentes: Primero, modificar la norma para convocar elecciones generales, no sólo de Presidente y Vicepresidente. Segundo, convenir con las fuerzas políticas y regionales la celebración de las elecciones de prefectos. Tercero, celebrar el referéndum para las autonomías y, finalmente, realizar la Asamblea Constituyente. Estos convenios abrieron los espacios para renovar la representación ciudadana.
¿Cómo ve la actual oportunidad del referéndum revocatorio? La oportunidad de mejores días no está precisamente en abusar de los procesos democráticos y electorales, está en darle más valor al voto de esos electores, con opciones mucho más constructivas y proactivas que la simple ratificación de confianza o revocatoria a autoridades con mandatos temporales.
“Lo que ahora se pretende con el referéndum revocatorio es la banalización extrema de esa democracia participativa”, dice el ex presidente Rodríguez.