Las alianzas regionales Estos disentimientos reflejan, y dibujan en el mapa de Sudamérica, el surgimiento de dos bloques con visiones antagónicas. Bolivia se ha alineado en una de esas corrientes con tanto empeño que el presidente Morales llegó a Brasilia en el avión de Chávez.
La reunión de Brasilia, donde acaba de consolidarse la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), ha coincidido con la existencia de profundas diferencias de visión política entre los países de la región. Esas discrepancias tienen que ver con el rol del Estado en las economías y el de las inversiones privadas en el desarrollo de las potencialidades económicas de cada país.
Con insistencia, Brasil ha pedido que la Unasur incluyera un esquema de seguridad regional, a través de un Consejo Permanente, que se ocuparía de esa temática. El hecho de que se tocara el asunto de la seguridad, justamente cuando en el mar Caribe estaba la IV flota de la Armada de EEUU, añadió cierto grado de nerviosismo a la reunión. Al final, ayer se resolvió estudiar la propuesta de crear un Consejo de Defensa.
Los países sudamericanos asistieron a la cita de Brasilia enarbolando fuertes diferencias de criterio sobre el manejo de la economía. En la víspera de ese encuentro, el presidente de Perú, Alan García, dijo que él no emularía la política de su homólogo boliviano, Evo Morales, en su país. Por otro lado, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, indicó que la política económica “neoliberal” de Colombia será perjudicada por el “derrumbe definitivo del imperio”, es decir, de Estados Unidos.
Estos disentimientos reflejan, y dibujan en el mapa de Sudamérica, el surgimiento de dos bloques de países con visiones antagónicas. Bolivia se ha alineado en una de esas corrientes con tanto empeño que el presidente Morales llegó a Brasilia desde Caracas en el avión de Chávez y luego de haber visitado en La Habana a los hermanos Fidel y Raúl Castro. A este frente pertenece también Ecuador, cuyo presidente, Rafael Correa, es amigo y admirador de Chávez.
Por lo pronto, la alusión del presidente García respecto a Bolivia obliga a revisar los hechos concretos que lograron ambos países con la aplicación de sus respectivos modelos. Perú tiene un crecimiento económico de 9% anual y se apresta a recibir inversiones mineras por más de 30.000 millones de dólares en dos años, mientras avanza su proyecto de exportación de gas natural licuado a México y EEUU. Bolivia, en cambio, creció en 4% el año pasado, no se benefició con la llegada de nuevas inversiones en el sector minero y tiene que dar explicaciones cada vez más incómodas a Argentina por la reducción de las exportaciones de gas, lo que refleja la caída de la producción.
La reunión de Brasilia permitió observar, además de las distancias entre los bloques, la posición de un Brasil que asume su rol de líder regional y de una Argentina que parece dudar entre sus simpatías por la línea liderada por Chávez y su necesidad de atraer inversiones y resolver sus dramas energéticos.
Pero, sobre todo, ese encuentro de presidentes dio paso a un casi seguro enredo mayor en las relaciones de los países de la región. Si hasta ahora no han podido entenderse de la mejor manera grupos reducidos de naciones en el marco de la CAN o del Mercosur, resulta increíble pensar que lo logre una docena de miembros dentro de la nueva Unasur. No obstante, el ajedrez sudamericano está en pleno desarrollo y, en este juego, Bolivia cumple un papel secundario, de obediente seguidor de Venezuela. Convendría meditar mejor la próxima movida.