Sebastián Antezana y la máquina paródica El literato paceño es el más joven ganador del Premio Nacional de Novela con “La toma del manuscrito”, obra en la que autores y textos dialogan.
Diálogo entre personajes, entre autores, entre escrituras. El diálogo es el motor de la literatura de Sebastián Antezana Quiroga, quien desde el martes es el autor más joven galardonado con el Premio Nacional de Novela gracias a su obra La toma del manuscrito.
“Creo que una buena novela es aquella que en un par de días logra enseñarnos más que varios profesores y años pasados en aulas”, asegura el joven de 25 años, licenciado en Literatura, nieto de Marcelo Quiroga Santa Cruz y constructor de una historia que inventa personajes y tramas a partir de un álbum de fotografías de una expedición a África.
Allí —otra vez— el diálogo es fundamental. Textos, autores, escrituras y una voz que ahora los ordena:
¿Cuándo decidió apostar definitivamente por la literatura?
Conscientemente, tendría que ser desde el año 95 ó 96, después de leer (siempre hay autores definitivos, en una u otra forma) a Bryce Echenique.
Inconscientemente, creo que siempre supe que seguiría este camino. La lectura es algo que me constituyó desde siempre. La escritura es el natural siguiente paso.
Imposible evadir el dato: su abuelo, Marcelo Quiroga Santa Cruz, también ganó un premio con ´Los Deshabitados´. ¿En qué medida se identifica usted con él y su obra?
No creo que la identificación sea un mecanismo válido de lectura. Conozco bien la novela de mi abuelo. Es una novela inteligente y desgarradora. Creo que hay algo de ella en mí, al igual que hay algo de ella en todos. Aquello que reconocemos como común es lo que nos resulta propositivo, no precisamente por la identificación, sino más bien por la revelación de un más allá compartido y pocas veces percibido.
Esos fuertes referentes familiares (sumo el de sus padres Soledad Quiroga y Mauricio Antezana), ¿lo han definido como escritor?
Sin duda. De la misma manera que la imagen de cualquier padre define a cualquier hijo. El entorno es ineludible. Claro que, además, el haber crecido en una familia que siempre fomentó mi interés por la literatura, me ayudó bastante.
¿Cuál fue el detonante de La toma del manuscrito?
Nació de la idea de fusionar dos de las corrientes o subgéneros literarios que más me influenciaron en mi niñez y adolescencia: la novela de aventuras y la novela policíaca. Es a partir de éstas que se desarrolla un viaje a la vez fotografiado y narrado. La obra está destinada a ser una máquina paródica de otros autores y textos; también un homenaje a los grandes maestros Borges, Joyce, Flaubert, Saenz, Cerruto y otros.
¿En qué subgénero se inscribiría su novela premiada?
Más que en los géneros, creo en la producción ficcional. Es decir, no importa si un texto tiene las características propias de ésta o aquella corriente o estilo, sino de la capacidad que tiene de producir sentidos y hablarle al lector de algo que intuye aunque desconoce, de algo que lo constituye, aún inadvertidamente.
El jurado ha destacado “el constructo narrativo” de su obra, ¿obedece ella a estrategias?, ¿tiene otros referentes?
Mi novela en particular obedece a una estructura que me fue siendo dictada por la propia historia. En cuanto a referentes, influencias y demás, creo que la apertura y el diálogo es una parte esencial de todo discurso. La literatura misma podría verse como un gigantesco espacio en el que interactúan distintas obras y autores, siempre influenciándose unos a otros. No creo que mi novela obedezca a algo que no sea literario: influencias, deudas, perdones, metidas de pata y demás, pertenecen todas al campo ficcional, que en definitivas cuentas es tan real como cualquier otro referente.
Usa el intertexto en su obra, ¿hasta qué punto se puede dialogar con la literatura desde la literatura? ¿Qué diferencia al intertexto de la cita sin cita?
La literatura es un arte en perpetuo movimiento, en perpetuo diálogo, tanto dentro de sí misma como en su relación con otras artes y discursos. No creo que una obra o un estilo pueda sobrevivir de forma autónoma. En cuanto a la cita sin cita y el intertexto, creo que ambos son sólo dos de los nombres de la continua puesta en escena de un diálogo. Como dije, sin el intercambio, la influencia, el pastiche e incluso la apropiación, no habría literatura.
¿Cómo estructura el diálogo del crítico con el creador?
Ambas funciones, bien vistas creo yo, trabajan de la misma manera. La crítica, en cuanto propuesta, es una creación literaria. La crítica, la que va más allá, claro está, del mero reconocimiento, la que se anima a producirse como ficción, es una creación igual de válida que la escritura literaria. Y lo mismo sucede del otro lado. Toda creación literaria lleva implícita la crítica de sí misma.
¿Qué es la novela perfecta?
Es una extraña pregunta. Por supuesto que no existe una novela perfecta, sino varias que, dentro de su imperfección, logran hablarnos entrañablemente, ser parte de nuestro mundo, abrirnos los ojos a una realidad más integral. Creo que una buena novela es aquella que en un par de días logra enseñarnos más que varios profesores y años pasados en aulas.
¿Qué significa ser el ganador más joven del Premio ?
Para mí, este temprano reconocimiento es una alegría. Personalmente, lo considero un verdadero honor y un gran incentivo para mi carrera.
¿Trabaja ahora en otra novela?
Estoy comenzando a desarrollar una segunda idea. Se trata de algo totalmente distinto a La toma del manuscrito. Por lo pronto me dedicaré a ello y a proseguir mis estudios de maestría.
PERFIL DEL ESCRITOR
El autor • Sebastián Antezana Quiroga nació el 11 de diciembre de 1982 en México, durante el exilio en ese país de sus padres, Mauricio Antezana y la poeta María Soledad Quiroga.
Estudios • Es licenciado en la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, con una tesis sobre Roberto Juarroz y su poesía vertical. En septiembre iniciará una maestría en Inglaterra.
Jurado • El jurado del X Premio Nacional estuvo integrado por Raquel Montenegro, Claudia Bowles, Teresa Lema, Joaquín Aguirre y Ariel Mustaffa.
Fragmento
La toma del manuscrito Sebastián Antezana Quiroga
En 1875 Q. fue el fotógrafo oficial de una expedición que partió de Inglaterra con destino al África interior. La caravana la componían once viajeros y dieciséis guías nativos, y llegó a orillas del lago Victoria, Uganda, el 9 de abril de ese año. Después de alejarse unos días y de volver posteriormente al sitio que habían elegido como campamento, lo esperaba una sorpresa: la expedición había tomado una serie imprevista e increíble de rumbos distintos. Disgregados y dispersos, sus miembros habían desaparecido en una oscura serie de tropiezos, casualidades y espejismos. Poco tiempo después, la expedición terminó y Q. regresó a Europa.
En este punto la historia se vuelve confusa. Por noticias aisladas pude saber que Q. nunca llegó a entregar las fotografías encargadas de modo que, sin ocurrírsele otra solución, decidió conformar con ellas un pequeño álbum. Tiempo después Z. aparece en escena. No hay demasiados datos sobre él, pero lo definitivo es que, la razón permanece oculta, Z. termina asesinando a Q. Pese a que aparentemente no se trata de un crimen motivado por el robo, se sabe que Z. termina adueñándose del álbum. Por datos confirmados por él mismo, se sabe que Z. quedó prendado inmediatamente de aquel documento. Ver obsesivamente las fotos era actividad de todos los días. Sin embargo, pese a aquel apego, Z. llegó a extraviar el álbum. No se sabe si se trató de una pérdida, de un robo o de una inexplicable desaparición, pero lo cierto es que Z. quedó devastado. El tiempo y la desesperación le hicieron concebir una idea. Conocía tan bien las fotos y los fotografiados, sus posiciones, entornos, gestos y humor, que decidió reproducirlos. No pudiendo recrear rostros y demás imágenes, decidió escribirlas. Una a una su memoria recuperó todas las fotografías y las plasmó en un nuevo álbum, esta vez compuesto sólo por palabras.
“Una a una su memoria recuperó todas las fotografías y las plasmó en un nuevo álbum, esta vez compuesto sólo por palabras”.