Después de lo ocurrido el fin de semana en Sucre, la capital del país, el turno de la reflexión le toca ahora, exclusivamente, al presidente Morales. Solo, sin asesores ni entornos que hasta aquí han demostrado su afición por contarle apenas una parte de la realidad con verdades a medias. Es el turno de que el primer hombre del país asuma con responsabilidad —y no sólo paciencia, como le pidió Lula— que algo anda mal. Él es el indicado para buscar salidas concertadas y no confrontacionales, como se hizo hasta aquí.
Si bien el problema nos atañe a todos, porque —coincidamos— perdimos todos al momento de ver escenas en las que bolivianos se golpean con bolivianos fruto de una absurda diferencia ideológica, en algunos casos, y de una imposición sindical, en otros, la mayor responsabilidad está ahora en manos del presidente Morales, quien debe reconocer que aquellos que reclaman, piensan diferente y no son compañeros del MAS no dejan de ser bolivianos y no podrán ser borrados de la faz de la tierra, como seguramente más de uno desearía en el Palacio de Gobierno.
Las explicaciones de que sólo una parte de las poblaciones de Sucre, Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Cochabamba, etc., está en contra del famoso ´proceso de cambio´ y quiere derrocar al indígena, o que sólo algunas familias están detrás de la inestabilidad primero, las tierras después y ahora buscan ofender a las Fuerzas Armadas, no bastan, no alcanzan para solucionar la crisis de Estado que, a este paso, va camino a su desaparición.
Por una cuestión de responsabilidad, el presidente Morales tendrá que asumir que las explicaciones calculadas política y mediáticamente se le están agotando, y, con ellas, los caminos para encontrar la pacificación del país. Tendrá que ponerle un hasta ´aquí´ a las exacerbaciones raciales y tendrá que reflexionar que no se puede seguir mal utilizando a las Fuerzas Armadas, como en Camiri y Sucre, por una cuestión de capricho y de demostración de fuerza que no resuelve la ausencia de autoridad. No se puede rebajar al Estado al tamaño de un niño de siete años que se lleva su pelota cuando no juega, como se hizo al retirar las bandas de Sucre el último 25 de Mayo.
Hasta aquí, ni los cinco intentos de diálogo, ni los países amigos, ni la oficiosa intervención de la OEA, ni la Iglesia Católica y mucho menos las bravuconadas amenazadoras de Hugo Chávez resolvieron nada. Entonces, ¿no será éste el momento de cambiar de estrategia, dejando los discursos beligerantes y apuntando a reconstruir la institucionalidad, generar gestión económica y reconocer las autonomías del siglo XXI, a partir del convencimiento de que Bolivia somos todos, en medio de la diversidad, y no solamente los compañeros del MAS?
Esperamos mucho del presidente Morales en diciembre del año 2005 y lo seguimos haciendo. La sola idea del Referéndum Revocatorio es una irresponsabilidad llevada al extremo que no resolverá la crisis del país y logrará, con grandes méritos, empeorar la situación, convirtiendo al país en una guerra de pandillas a favor y en contra.
Yo me voy por el camino de exigir que mi Presidente se quede hasta cumplir su mandato constitucional y no se vaya antes de tiempo. Que se quede en el Palacio gobernando y no peleando.
*Jorge Tejerina E. es periodista y abogado.
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