Estimada Aydée, por intermedio tuyo quiero dirigirme a los miembros del Comité Interinstitucional de Chuquisaca. Aydée, tú como yo tenemos raíces chuquisaqueñas, aunque no nos conocimos ni fuimos amigos, nos formamos políticamente en las filas de la izquierda democrática. Seguramente tu militancia en estas fuerzas respondía a los idearios de la justicia y, sobre todo, para buscar respuestas, desde una perspectiva de izquierda, no sólo a la pobreza, sino también a la exclusión y a la marginalidad. Todos los que creemos en la democracia nos hemos guiado por el respeto a la ley. Por ello, cuando desde el Estado, llámese Poder Ejecutivo, Legislativo, Prefecturas, Municipios, se violenta la norma, me duele. Con mi amigo Luis Fernández alguna vez conversamos que el mejor programa de gobierno, era plantear que todos respetemos la ley.
Lo que está ocurriendo en el país es que algunas personas radicales, sean de izquierda o de derecha, a nombre de los movimientos sociales (sindicatos, comunidades campesinas, juntas de vecinos, comités cívicos, etc.), están empujando al país al precipicio y, lo
peor de todo es que quieren que los apoyemos. Nos dicen, si no estás conmigo, eres mi enemigo. Yo como ciudadano que sigue militando en la izquierda democrática, no acepto ese chantaje. Creo que hay más de una alternativa de políticas que puede aliviar con eficiencia la pobreza, la exclusión y la marginalidad.
Creo que los chuquisaqueños guiados por ustedes, me refiero al Comité Interinstitucional, habían ganado mucha simpatía en la lucha por la Capitalidad, creo que en algún momento, si había un referéndum nacional sobre este tema, Sucre habría sido ahora la capital del país. En otras ciudades del país creían que se debía trasladar la sede gobierno de la ciudad de La Paz a Sucre porque la dirigencia alteña, utilizando a los movimientos sociales, no permitía que nadie piense diferente. Pero, ahora los sucrenses, bajo el liderazgo del Comité, caímos en el mismo error alteño.
Estoy absolutamente seguro que a algunas personas del Gobierno no se les ocurrió una mejor idea que intentar llevar al Presidente el 25 de mayo, para que lo ovacionen en el estadio Patria en Sucre, y para ello trasladar personas del campo a la ciudad en buses y camiones. Esto fue una provocación a la región y a ustedes en particular. Pero la respuesta de algunas personas en Sucre no tiene nombre. Lo que se ha hecho nunca debió ocurrir. No pueden alegar que ustedes no instruyeron. Si eso ocurrió no son líderes y, lo mejor es que se vayan a sus casas, porque dirigentes que no manejan a sus bases, esto vale para todos, Gobierno y oposición, se constituyen en un riesgo para todos.
Creo que las acciones de la juventud chuquisaqueña se dan, por un lado, por su postura de oposición al Gobierno y no necesariamente como un acto racial. Es más, creo que humillaban no al indígena, sino al militante del partido de gobierno. Esos actos están en los marcos de una acción política que es completamente reprochable, como los sucesos que se dieron con la quema de la Vicepresidencia, o de los Ministerios de Trabajo y Desarrollo Sostenible en el año 2003, o la quema de la Prefectura de Cochabamba en enero del 2007, o la violencia contra los congresistas en La Paz en este año. Esa no es la forma de hacer política. Tú, yo y todos en general deberíamos revindicar el debate, el voto del ciudadano, el comportamiento en los marcos de la democracia y el respeto. Aydée creo que desde el año 2000 la forma de hacer política en el país cambió, por la irrupción de personas intolerantes y antidemocráticas. Te pido que no les hagamos el juego.
Para los intolerantes no existe el debate, ni valen las elecciones para ganar un curul, la presidencia o la representación a la FUL, para esta gente lo que prima es tener unos cuantos infiltrados en los movimientos sociales y dinero en el bolsillo para movilizarlos y conseguir el objetivo. Pobres de aquellos que tienen una reivindicación justa y, lamentablemente, no pasa una carretera fundamental por su pueblo.
Tanto por las acciones del Gobierno como por las respuestas que dieron ustedes, se están abriendo heridas que tardarán muchos, pero muchos años en cerrar. Me resisto a heredar a mis hijos, Diego y Morelia, un país como el que estamos destruyendo.
Les pido, y con esto creo que soy parte de un coro de voces, a ustedes, al Gobierno y a todos aquellos que están alentando la violencia y abriendo heridas, que volvamos al debate, a la democracia, al voto.