Una característica de los movimientos esotéricos, incluyendo a nuestra Cancillería, es el abuso de términos científicos. Un ejemplo es la llamada ´energía positiva´. Si uno va a Machu Picchu o al lago Titicaca encontrará grupos de personas cargándose de ´energía positiva´, especialmente con los primeros rayos del sol y en determinadas fechas del año. Es posible que esa gente acabe con cargar un fuerte resfrío, vistas las temperaturas altiplánicas al amanecer, o una grave quemadura de radiación ultravioleta, dependiendo de la hora del día, pero dudo que reciba ´energía positiva´.
En efecto, la energía es un concepto creado por la ciencia para caracterizar la interacción de los cuerpos. En este marco, su signo es meramente convencional: positivo cuando la fuerza es repulsiva y negativo cuando los cuerpos se atraen. En el caso de la Tierra y la Luna, por ejemplo, existe una fuerza de atracción en correspondencia a una energía gravitacional negativa, mientras dos cargas eléctricas del mismo signo se repelen, como consecuencia de una energía positiva del sistema.
Tenemos, por tanto, dos enseñanzas. La primera es que el signo de la energía es producto de una convención y resulta arbitrario e insulso darle valoraciones éticas o estéticas. La segunda es que, en todo caso, se debería preferir la energía negativa, relacionada con atracción, unión y síntesis, a la positiva, que implica repulsión, desunión y rechazo.
Algo similar pasa con los términos diestro y siniestro. En un mundo mayoritariamente (90%) diestro es evidente que se valoraba más a la mano derecha y se recelaba de los zurdos. Por eso el sucesor del monarca se sentaba a su derecha, ya que con la derecha se come, se empuña la espada, se estrecha la mano y se jura.
Al contrario, la mano izquierda era reservada normalmente a tareas menos nobles, relacionadas con la higiene íntima (especialmente en el Islam), la conducción en las calles de La Paz o el dinero mal habido. Sin embargo, a diferencia de lo que opina la Prefectura de Cochabamba, pienso que es una mera casualidad que el Vicepresidente se sienta a la derecha y un ministro a la izquierda del Presidente. Además, en la China la mano ´con suerte´ es la izquierda, mientras existe total equivalencia entre el derecho de la mujer y su izquierdo.
En fin, la palabra siniestro (del latín sinistrum que significa ´diferente´, de la derecha obviamente) quedó, en varios idiomas, como sinónimo de adverso, lúgubre y débil: una mirada siniestra no es propia de un hombre derecho; sólo presagios siniestros se esperan cuando no se respeta el Estado de derecho; un siniestro, para la aseguradora del coche, es obra de un conductor poco diestro. Una frase del Evangelio a propósito de la limosna da para pensar: ´cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha´, como queriendo decir, además de mantener el gesto en secreto, que la parte más torcida de ti (la izquierda) no alardee con ese gesto.
Será por eso que me cargo de energía positiva (¡en el sentido físico!) cuando veo jurar a un cargo público con la mano izquierda en alto: ¡vaya manera de empezar una gestión con el pie izquierdo!
*Francesco Zaratti es físico.
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