El Gobierno y la Capital El Ejecutivo, en última instancia, tiene la responsabilidad de dar el primer paso para recuperar la confianza perdida en Chuquisaca, un departamento donde el presidente Evo Morales obtuvo un importante respaldo en las elecciones generales del 2005.
Con los lamentables acontecimientos del 24 de mayo en la ciudad de Sucre se ha ahondado la crisis en la relación del gobierno de Evo Morales con la capital de la República. Desde el año pasado que la ciudad donde nació Bolivia en 1825 se ha convertido en el mayor obstáculo del partido gobernante, el MAS, para aplicar sus políticas.
Fueron los sucrenses quienes impidieron la aprobación del proyecto oficialista de Carta Magna en la Asamblea Constituyente, obligando a la bancada masista a llevarse el foro al Liceo Militar Teniente Edmundo Andrade, primero, y luego a la ciudad de Oruro. Entonces, exigían que el país le reconozca a su ciudad la condición de capital plena de Bolivia.
La respuesta del Gobierno ha sido la acusación de que la bandera de la capitalidad plena sólo buscaba perjudicar a la Constituyente, en un acto de complicidad con los departamentos de la denominada media luna. Esta controversia marcó el inicio de un divorcio que, además de enlutar al país, hasta hoy, más de un año después, no halla visos de reconciliación. Y para esto, mucho tuvieron que ver las batallas de La Calancha, que en noviembre del 2007 dejaron tres muertos y 300 heridos.
La tensión se reavivó hace exactamente una semana, con las humillantes agresiones que grupos de sucrenses infligieron a campesinos y citadinos simpatizantes del MAS. En esta oportunidad, el Gobierno nacional se lanzó con decisión a exigir investigaciones y sanciones para los responsables de esos cobardes ataques.
Ninguna de las dos partes enfrentadas hace bien en mantener esta tensión, que perjudica al país en su conjunto por la mala imagen internacional generada en el clima de beligerancia e incertidumbre.
El Ejecutivo, en última instancia, tiene la responsabilidad de dar el primer paso para recuperar la confianza perdida en Chuquisaca, un departamento donde el presidente Evo Morales obtuvo un importante respaldo en las elecciones del 2005.
Tanto han cambiado los buenos tiempos para el MAS en esa región, que Morales ni siquiera tiene pisada en el aeropuerto Juana Azurduy de Padilla. Ni para cargar combustible... A qué grado de irracionalidad han caído las autoridades del país y los cívicos de las regiones, en su pelea egoísta por el poder...
El Gobierno nacional debe plantear un acercamiento con los dirigentes cívicos sucrenses y éstos, por su parte, deben bajar el tono de sus posiciones, a fin de facilitar un diálogo.
Una táctica civilizada podría consistir en que el Ejecutivo trate de conquistar a las regiones donde no tiene aceptación, en lugar de confrontarlas y declararles la guerra. Así, el presidente Morales tendría que hacer lo posible por llegar a las plazas principales de las ciudades capitales de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija y Sucre, en lugar de empeñarse en llegar a barrios o pueblos alejados de esos departamentos.
Esta actitud está dividiendo al país.
El cambio de esa postura debería comenzar por la ciudad de Sucre, para recomponer la relación más lastimada. La confrontación, el deseo de enfrentar a las regiones entre sí, a cocaleros con citadinos, a mineros con cooperativistas, no llevará a nada bueno. Hace falta un viraje en la actitud del Gobierno, un desarme espiritual, antes de que sea demasiado tarde.