Cuando el Che Guevara informaba a Fidel Castro, en 1967, que le había ido bien en la entrada a Bolivia con documentación falsa, hacía tres años que Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda) estaba organizando su guerrilla en Colombia.
No quisiera comparar a estos personajes. Pero lo ha hecho James Petras en un artículo de homenaje a Marulanda, donde afirma que fue el mejor guerrillero de toda la historia de América Latina. Que no estaba posando para los pósters ni concedía entrevistas a izquierdistas nostálgicos pero bien pagados ni difundía manifiestos ni proclamas. Ni llevaba un diario.
Se podría decir que en lo que Tirofijo le ganó al Che fue en elegir con mucha puntería la zona donde iba a operar. Y la actividad económica con la que iba a relacionarse en las selvas colombianas. El Che eligió el Chaco boliviano. Si hubiera sabido que allí hay miles de esclavos, como dice el Gobierno boliviano, quizá hubiera lanzado proclamas para hacer un ejército de libertos. Pero algo falló. Los esclavos no salieron a encontrar a su libertador.
En cambio, Tirofijo eligió a los cocaleros del Caguán. Primero los organizó, luego los protegió de las fumigaciones de los gobiernos colombianos que querían acabar con los cultivos de coca, después les cobró impuestos por la fabricación de droga y finalmente convirtió a las FARC en socia activa del negocio. Para un político, con uniforme de guerrillero o no, ése es el mejor negocio del mundo. Sólo comparable con el negocio de capturar
gobiernos en países con exportaciones de recursos naturales con precios disparados (la nueva tendencia). En la guerra contra los fumigadores, Tirofijo llegó a bajar más de 500 aviones y unos 100 helicópteros. Los cocales tenían que estar protegidos.
Asegurado que estuvo el cultivo de la coca en la zona del Caguán, Tirofijo observó que había surgido el negocio de fabricación de cocaína. Encontró que era justo que las FARC, que habían garantizado la seguridad de los cocales, reciban su recompensa también en esta etapa. Así nació el ´impuesto al gramaje´, 30% del valor de cada gramo de cocaína que salía del ´territorio liberado´.
La cosa se complicaba. Había que acomodar la estructura ´guerrillera´ a la nueva realidad. El Negro Acacio fue la solución. Se convirtió en el equivalente al Ministro de Finanzas de las FARC, pero responsable también de la comercialización de la droga de los narcotraficantes. Un pie en la guerrilla y otro en el narcotráfico.
En realidad, las FARC habían dejado de ser una guerrilla. A estas alturas, ¿a quién le importaban las negociaciones de paz con los gobiernos de Colombia? Las FARC se habían adueñado de gran parte de la economía ilegal de Colombia. Los sueños liberadores habían cedido al negocio de traficar con la Diosa Blanca. Un solo error cometió Tirofijo: permitir que su grupo organizara un partido, la Unión Patriótica. Le fue muy mal. Unos cuantos alcaldes fue todo lo que obtuvo.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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