Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar las cosas grandes y hermosas, escribía Ray Bradbury, el autor de ciencia ficción que publicó Crónicas marcianas, imaginando lo que sería que el terrícola llegue a un Marte habitado, reclamando derechos de colonización. “Nos instalaremos en alguna parte y lo estropearemos todo”, decía uno de sus personajes. ´Llamaremos al canal, canal Rockefeller; a la montaña, pico del rey Jorge, y al mar, mar de Dupont; y habrá ciudades llamadas Roosevelt, Lincoln y Coolidge, y esos nombres nunca tendrán sentido, pues ya existen los nombres adecuados para estos lugares´.
Bradbury hacía volar su imaginación en 1945, cuando aún no se había pisado siquiera la Luna. Y temía más a los humanos que a los marcianos que George Wells había pintado como invasores en La guerra de los mundos (1898), cosa que repetirían el cine, el cómic, la radio y, claro, la literatura.
En mayo del 2008, una sonda, la Phoenix de la Nasa ´aterrizó´ en el polo norte de Marte con una misión ambiciosa: buscar señales de posibles formas de vida pasada o presente.
El Phoenix está enviando, como seguirá haciéndolo durante tres meses, información e imágenes del Planeta Rojo. Un primer pantallazo de las llanuras del Ártico marciano ha dejado ver un desolado paisaje de suelo pedregoso y congelado, en cuya polvorienta superficie podían verse las huellas de la sonda, así como patrones poligonales similares a los de las regiones árticas terrestres.
´Podemos ver grietas en las depresiones (del terreno) que nos hacen pensar que el hielo aún está modificando la superficie´, dijo Peter Smith, de la Universidad de Arizona, investigador principal del proyecto Phoenix. ´Vemos grietas nuevas. No pueden ser viejas (pues) estarían rellenas´, se entusiasmó.
Las fotos también confirmaron el correcto despliegue de los paneles solares, indispensables para la provisión de energía a la sonda, que de otro modo agotaría sus baterías en 30 horas. Asimismo, mostraron que los mástiles de la cámara y estación climática se colocaron en posición vertical, como estaba planeado.
Los científicos, que esperan que ese suelo marciano tenga un permafrost rico en agua, al alcance del brazo robótico de la sonda, también se entusiasmaron con las fotos tomadas en la atmósfera de Marte durante el descenso.
´Estoy absolutamente pasmado. No tengo palabras´, se emocionó Barry Goldstein, director del proyecto Phoenix en el Jet Propulsion Laboratory en Pasadena, California, desde donde se controla la misión.
Una tarea clave del Phoenix es el uso del brazo robótico de la nave. Con sus 2,35 metros de largo, está diseñado para cavar en el suelo a una profundidad de hasta un metro para buscar muestras de hielo que serán calentadas para detectar la eventual presencia de carbono y moléculas de hidrógeno, esenciales para la vida. También tiene una pequeña cámara para tomar imágenes del área circundante y de las muestras que recoja.
Phoenix tiene otra cámara a dos metros de altura, que la Nasa considera sus ´ojos´, que toma fotos panorámicas tridimensionales de alta resolución para que los científicos en la Tierra observen el trabajo del brazo robótico. Esa cámara puede captar imágenes con información sobre las partículas atmosféricas.
La sonda partió de la Tierra en agosto del 2007 y viajó 679 millones de kilómetros.
´Por primera vez en 32 años, y sólo la tercera vez en la historia, un equipo del JPL ha logrado posarse suavemente en Marte´, dijo en un comunicado el director de la agencia espacial estadounidense, Michael Griffin, quien calificó este logro de ´increíble´. Phoenix cavará en la superficie marciana. Dado que la región polar de Marte está sujeta a cambios estacionales, los científicos creen que —al igual que en la Tierra— el ártico marciano podría esconder un registro de un clima más cálido y habitable.
´Creemos que la materia orgánica tiene que haber existido al menos en una época´, producto de meteoritos y otros impactos, explicó recientemente Peter Smith. La presencia de agua líquida y materia orgánica significaría que fue ´zona habitable´, añadió. Phoenix no está sola. La NASA tiene también en suelo marciano a los robots Spirit y Opportunity, que exploran la zona ecuatorial del planeta rojo desde el 2004.
El cuarto planeta
Marte, es el cuarto planeta del sistema solar por su tamaño, y los científicos creen que probablemente se pareció mucho a la Tierra en su primera juventud. Hace 4.000 millones de años, el Planeta Rojo era cálido y húmedo, antes de convertirse en un inmenso desierto frío, de superficie rocosa, como la de la Tierra, con capas polares de hielo y una superficie surcada por cauces de ríos secos que testimonian la presencia de gran cantidad de agua en el pasado. La atmósfera marciana es delgada e irrespirable desde el punto de vista terrestre.
Su radio (3.397 km) es dos veces más pequeño que el de la Tierra, y su superficie corresponde aproximadamente a la de nuestros continentes.
La masa es un décimo de la terrestre y su densidad es la más débil de los planetas telúricos del sistema solar, lo que le otorga una fuerza gravitacional ligeramente inferior a la de Mercurio. La oblicuidad de Marte es cercana a la de la Tierra, lo que le dota de estaciones comparables. Otro punto común es que el día marciano supera en sólo 40 minutos el día terrestre. Pero la gran distancia relativa de Marte respecto al sol (1,5 veces más) hace que el año marciano sea casi el doble (687 días) que el año terrestre. Su órbita elíptica que lo acerca y aleja del Sol de manera muy acentuada explica los importantes cambios de temperatura en su superficie, que varían de -120 a más de 25C. Marte tiene el macizo más alto del sistema solar. El monte Olympus (¿recuerdan a Bradbury?) culmina en 25 km de altura, con una base de 600 km de diámetro. Es, además, el mayor volcán conocido de todo el sistema solar. Su chimenea mide 85 km de ancho y 3 km de profundidad. Con datos de EFE y AFP
EL PLANETA ROJO
Nombre • Marte recibe el nombre del dios romano de la guerra y también es conocido como el Planeta Rojo, ya que de ese color se ve desde la Tierra debido al óxido de hierro contenido en los minerales de su superficie.
Atmósfera • Está compuesta de 95% de dióxido de carbono (CO2), 2,7% de nitrógeno, 1,6% de argón y rastros de vapor de agua y oxígeno (0,13%). En cambio, la atmósfera terrestre está formada en 78% de nitrógeno y 20,6% de oxígeno.
Composición • El planeta está formado de un núcleo ferroso recubierto de rocas en fusión, y luego de una fina corteza, como la Tierra. Pero su núcleo contiene una gran cantidad de azufre.
Satélites • Posee dos naturales de tamaño pequeño y forma irregular, Phobos y Deimos, probablemente asteroides capturados por su fuerza de atracción.
Domo • Tiene 10 km de altura y 4.000 km de ancho, formado por ríos de lava, cañones de 7 km de profundidad y 4.000 km de ancho, y un cráter de 6 km de profundidad y 2.000 km de diámetro.
Inspiración • Es el planeta que más ha avivado la imaginación popular, al grado de que ´marciano´ es casi un sinónimo de extraterrestre. EFE y AFP