Eventualmente, necesitamos un instrumento tecnológico que cumpla exactamente la función opuesta a la de un microscopio o de un telescopio, es decir que en lugar de acercarnos la realidad, la aleje de nuestros ojos. Esto por dos motivos, el primero, porque vista la realidad —sobre todo política— en sus detalles, la verdad no resulta ni saludable ni estética, y en segundo lugar, porque sólo así quizás podemos buscar un hilo conductor para comprender esta maraña de acciones políticas, discursos y señales que no parecen conducir a ningún derrotero sino al de ganar posiciones ´contra el enemigo´ en esta contienda instalada en el país desde hace algunos años.
Un recuento de las acciones que dan cuenta de estos enfrentamientos resultaría insulso y aburrido en una columna periodística, porque de alguna manera todos hemos seguido de cerca esta densa coyuntura, particularmente en los últimos meses, pero que tiene raíces en las agendas de octubre del 2003 y enero del 2005, la consiguiente elección del Presidente y los prefectos y las confrontaciones entre el Gobierno y la oposición mediante diversas estrategias. En ese marco, la secuencia de consultas ciudadanas realizadas primero, en Santa Cruz y, luego, en Beni y Pando tendientes a ratificar estatutos autonómicos elaborados en esos departa- mentos, se inscriben en el juego de poder entre las dos fuerzas políticas en pugna, por lo cual su valor, antes que legal o institucional, es fundamentalmente político.
Los resultados de dichas consultas tienen datos y lógicas muy parecidas, matices más o menos en los tres departamentos, vale decir, altas votaciones por el Sí y escasas votaciones por el No, un margen mínimo de votos nulos y blancos y abstencionismos que rondan el 30 a 40 por ciento.
Vistos con la distancia necesaria, los resultados de estos referendos en términos institucionales son absolutamente limitados, es decir, difícilmente se pueden consolidar y funcionar gobiernos departamentales así como legislar y aplicar disposiciones al margen del ordenamiento jurídico y la estructura estatal nacional. Su importancia radica en el plano simbólico y político. Como todos sabemos, la autonomía se ha convertido en el operador ideológico más importante de la oposición, por tanto, cualquier acción que tienda a consolidarla —como los resultados de las consultas— suma puntos a las fuerzas políticas opositoras ante la reacción verdaderamente poco inteligente del Gobierno de desestimar estos procesos, intentar evitarlos por la fuerza o acudir al prebendalismo o a medios poco imaginativos en los momentos preelectorales.
Los infructuosos intentos de diálogo, los ires y venires de los actores que fomentan deliberadamente la confrontación generan gran incertidumbre, involucran irreflexivamente y arrastran a la población detrás de discursos y consignas y, lo más grave, no miden los efectos colaterales como el deterioro de la democracia y la precaria institucionalidad donde todo es posible y además legal, así como la recurrente incapacidad estatal de plasmar el anunciado proceso de cambios demandado por la sociedad que tienda a resolver los problemas de fondo que aquejan a los bolivianos como la pobreza y la exclusión.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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