El genio de 20 años y con dos profesiones será papá Tiene 20 años de edad y ya terminó las carreras de Agronomía y Medicina. Ahora presta su servicio militar y, a la par, espera el nacimiento de su primogénita, con su pareja Shirley.
CON SU PAREJA • Leonardo y Shirley posan para La Razón el jueves. Ella tiene siete meses de embarazo y espera una niña.
Aprendió a leer cuando tenía sólo dos años y medio de edad. A los 10 logró el bachillerato y hoy, una década después, con dos carreras universitarias concluidas, se alista para ser papá mientras cumple con su servicio militar.
Se siente privilegiado porque su don le permite hacer cosas que otros no podrían en tan pocos años y hasta desea que su hijo corra la misma suerte. Y no es para menos, el joven genio, que vive en Cochabamba, es ingeniero agrónomo y médico.
Nunca se consideró diferente a los demás niños, sin embargo para ellos Leonardo José Iranzo Justiniano era extraño, un “sabelotodo”, que se merecía golpizas sólo por saber más que el resto.
Éste es el recuerdo más triste de su infancia, pero aun así siente que tuvo una niñez feliz.
“Desde un comienzo se me vio como alguien extraño, ya que ingresé a la escuela a los seis años de edad, pero tres cursos adelantado. Estando en tercero básico era sometido a la maldad, a la malicia de los compañeros de curso. La escuela no es para mí un recuerdo grato”, cometa.
Un pasaje que siempre recuerda es que durante una prueba puso en evidencia que sus compañeros hacían trampa. “Estábamos dando un examen y yo pregunté: profesora, ¿puedo leer el libro para resolver mi examen? Y ella respondió ¡No!, ¿cómo crees que vas a hacer eso? Entonces yo le dije que mis compañeros hacían lo mismo, y luego ellos me agarraron a palos”.
Ahora, en otra etapa de su vida y con 20 años cumplidos, se ha trazado nuevos retos: una especialización en Medicina y la tarea de criar y educar a una hija.
Cuando comenta esta noticia, una sonrisa se dibuja en su rostro, pues el alumbramiento de su bebé está cercano y él y su pareja, Shirley Arias, no descartan una unión matrimonial.
“Posiblemente lo hagamos pronto. Estamos esperando un bebé y de cierta manera espero que, respecto a sus relaciones personales, tenga más sociabilidad al comienzo de su vida. No obstante, quisiera darle la oportunidad de seguir estos saltos que yo he podido gozar, lo cual me otorga mayor tiempo para disfrutar en todo, cuando uno es joven”, dice sentado mientras toma la mano de Shirley.
Según los especialistas, la pareja tendrá una niña que nacerá en dos meses. El tamaño de la barriga de Shirley no miente, el alumbramiento está cerca.
Shirley y Leonardo se conocieron en Oruro, en un internado. Según el relato de su pareja, “él era diferente a los demás, estaba aislado, pero cuando empiezas a relacionarte con él, descubres que es una persona como cualquiera, con su propia manera de pensar. Es una persona muy tierna, especial, diferente; tiene sueños, metas, es alguien que puede hablar de un sinfín de cosas”.
Llevan un año y seis meses de noviazgo y la llegada de su primogénita también alegra a Shirley. “Ya vamos a tener un bebé; tiene siete meses de gestación y es mujer, estamos felices. Leo quería que sea niña”, señala con visible alegría la futura mamá.
Según Leonardo, la pequeña niña acapara la proyección de todos sus anhelos. “Uno siempre quiera algo mejor para sus hijos, una niña tiene mayor poder, mayor posibilidad de alcanzar el poder si sabe manejarse a sí misma. A ver que tal nos va”, expresa.
Leonardo está muy agradecido con su madre, María Esperanza Justiniano Valencia, a quien le debe, dice, la oportunidad de aprender rápidamente; y con ese ejemplo, él también procurará lo mimo para su hija.
“Si se lucha por algo, se lo obtiene; entonces hay que poner lo mejor de uno para luego poder esperar lo mejor hacia uno”.
Mientras espera el nacimiento de su niña, Leonardo cumple su servicio militar en el Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE), en Cochabamba.
A esta edad y aunque no deja de ser el centro de atención, su vida se ha convertido en más corriente. Redacción Cochabamba
Bachiller a los 10 años
Doña María Esperanza Justiniano Valencia, madre de Leonardo, contó que no había inscrito a su hijo en la escuela sino hasta que cumplió seis años y medio de edad (en 1995), momento en que él empezó a saltar de curso por todos los conocimientos que había adquirido y la facilidad que tenía para aprender.
Recuerda la inquietud que Leo tenía por leer desde bebé, don que consiguió a los dos años y medio. “Sentía curiosidad por saber todo. Cuando tenía dos años, me pedía que le leyera. Se acostaba a las cinco de la tarde, pero a las cuatro de la mañana ya estaba correteando y me pasaba libros para que los lea. Luego aprendió a hacerlo solo a los dos años y medio”.
“Tal vez la única diferencia que tuve respecto a otras personas es que adelanté todas las cosas, he usado rápido mi tiempo, no necesariamente con superioridad; creo que a cualquier niño que se le enseñase una carrera universitaria podría asimilarla”, comenta Leonardo,
El niño genio salió bachiller a los 10 años e ingresó a la Universidad Mayor de San Simón. A los 13 concluyó la carrera de Agronomía y a los 14 empezó Medicina, título que ya obtuvo.