Todavía no se disipaba la humareda provocada por los gases lacrimógenos y la gente seguía merodeando por los alrededores de la embajada norteamericana. No se había cumplido la amenaza de la toma del búnker y de su posterior quema, en una suerte de adelantamiento del festejo de la noche de San Juan. Un sagaz reportero se acerca al dirigente de la movilización para la correspondiente evaluación de los acontecimientos y obtiene como única respuesta: ´Esto es sólo un calentamiento´. Ni sarcasmo, ni humor negro; sino todo lo contrario. Una suerte de Marx ch\'ukuta, pero más bien de la tendencia Groucho. O en códigos locales, estilo David Santalla, cuando hace de enojón con ese bigote a la Azkargorta. Pero volvamos al calentamiento, en este caso, local. Esa frase denota un sentido del humor…. negro (o sea, tipo carbón) más que un sinsentido. Porque si esta vez la movilización fue un calentamiento nomás, cómo será cuando las papas quemen o cuando arda París, para usar frases trilladas.
Esta respuesta me hizo recuerdo a otra frase de antología que profirió un dirigente de los cooperativistas mineros cuando realizaban bloqueos en protesta por una amenaza gubernamental de incremento impositivo. Aparte de los argumentos esgrimidos para justificar su acción, el dirigente dijo que así como estaban las cosas iban a pedir la renuncia del ministro del sector. Y cuál es la razón de ese pedido, fue la pregunta obvia: ´Porque el ministro nos anda indirecteando´, respondió.
Y esta alusión me trae a la mente una anécdota sufrida por un kochala en Sopocachi, aquellos días que se desató una persecución contra los hombres con la garganta apretada por una corbata. A algunos se las cortaron con tijera en mano —las corbatas, no las gargantas—, a otros les quisieron apretar el nudo para que escupan la pepa de la aceituna de la salteña. A este kochala no le pasó ni una ni otra cosa, porque no tenía puesta esa prenda de vestir de burócrata o banquero, lo que llevaba era un par de lentes oscuros para mitigar el reflejo del sol paceño, para suavizar el ch\'aqui. Entonces, mientras curioseaba la marcha de esa avalancha de ponchos, se le acerca un aymara y le dice, tono amenazante y casi metiendo su pupila en su lente derecho: ´Oye, ¿me estás mirando feo, creo?´
Sé que estas frases no forman ni pueden formar parte de la ´metafísica popular´ que recopila el Papirri, también conocido como Manuel Monroy Chazarreta, en su trepidante y talentoso estilo, pero podrían alimentar una antología del discurso que acompaña la protesta social. Y, sin duda, resultan más sugerentes y más ilustrativas que las palabras que circulan en los meandros de la política con pretensiones de ser metafóricas y dignas de citarse. Me refiero, por ejemplo, a esa ocurrencia de ´empate catastrófico´, que no tiene nada que ver con el resultado del último clásico cochabambino: o aquella otra ocurrencia de ´punto de bifurcación´, que no se refiere al dilema del odio o del amor en los boleros. Estas palabras tratan de decir que nadie puede ganar porque los contendientes son chacras y que, si uno se encuentra ante una senda que se divide en dos, tiene que ir por un lado o por otro. Así de simple. Por eso me quedo con la gracia de las calles y si algo no sale como se había planeado, decimos que era nomás calentamiento; y si nos miran feo desde el fondo de sus lentes o nos indirectean hasta cuando nos hablan claro, mejor que se cuiden… hasta las últimas consecuencias.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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