Este no es un artículo sesudo sobre un tema propio de economistas, sino una simple aproximación a la lógica de optar por las actividades más rentables. En este caso, por el contrabando de garrafas de gas, arroz y demás alimentos que el Gobierno en su obstinación y falta de visión, ha determinado importar y vender a precios subvencionados.
El contrabando ha existido y existirá siempre. Constituye la fuente de varias fortunas y la oportunidad súper rentable de esta actividad frente a los trabajos rutinarios y normales en la que estamos sometidos la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. El contrabando es la opción que tienen algunos de la población para lograr un beneficio inmediato que reportará mejores y mayores ingresos que estar sembrando papas o habas o asistiendo a una escuela como profesor rural. El beneficio del contrabando es mayor e inmediato, requiere de un capital que se ve incrementado casi inmediatamente y que junto a las conexiones en una red cada vez más organizada, permite flujos financieros respetables y tan importantes como los que se generan en la economía denominada formal.
Son varios los estudios realizados sobre el contrabando, sobre todo el que ingresa al país. Existen estudios sobre la ropa usada, llantas, diesel oil, cigarrillos, harina, productos lácteos, ropa, telas, cosméticos que son parte de la lista infinita de productos que se consumen en el país. Estos estudios valoran el contrabando en millones de dólares, según la fuente y el sector.
La otra cara de esta moneda es el contrabando de exportación, productos que salen de Bolivia para beneficio de los otros países, Esta actividad es la que beneficia a los otros países transfiriendo el esfuerzo económico y financiero de este miserable país que contribuye a que los habitantes de otros países para que vivan mejor. Es decir, el vivir bien se ha trasladado a otras fronteras, Brasil, Perú y Argentina principalmente. Países que reciben el diesel, gas licuado y alimentos a precios subvencionados por el heroico Gobierno boliviano.
Ante esta actividad, que sin duda constituye la amenaza a la estabilidad económica de la población boliviana que cada fría mañana tiene que esperar, sin que llegue, la garrafa de gas o que siente la ausencia de harina para la elaboración de la marraqueta nuestra de cada día, ha tenido la ingenua respuesta del Gobierno de trasladar a la Policía y al Ejército a controlar y resguardar las fronteras, sin entender que estas fronteras están habitadas por grupos sociales organizados alrededor del contrabando y que cuentan con almacenes, garajes, sistemas de comunicación modernos y que se benefician de esta actividad.
Hace 500 años una buena parte de la plata extraída del Cerro Rico era transportada de contrabando a Patillos para que sea llevada por barcos franceses, evitando el severo control español de la explotación de esta riqueza. A la fecha sólo se ha cambiado de riqueza, ahora son las garrafas (de colores) que son llevadas al Perú.
Se requiere de soluciones con imaginación que necesariamente consideren la creación de empleos, mejores condiciones para la producción y la garantía de los mercados. En otras palabras, hay que salir de la pobreza, que es la causa fundamental de nuestro atraso y de la ausencia de oportunidades para “vivir bien” y de asumir la responsabilidad social con el país.
Ogneb Gross participó en uno de los estudios contra el contrabando.