Lunes 9 de junio, el día se inició con la lectura de un e-mail turbador del espíritu. Tratando de serenarnos contemplamos por la ventana y vimos bajando por la calle unas decenas de “ponchos rojos” en formación, seguidos por una multitud multicolor. Por la fluidez con la que atravesaban un poroso cerco policial, creímos que serían bailarines. Rápidamente, se convirtieron en una gran multitud eficientemente organizada, dirigiéndose a la Embajada de EEUU de N. A. a expresar su protesta. Llegaban al punto de concentración, expresaban airadamente su protesta y se desplazaban a las calles laterales, donde aparecían los jefes de grupo —sorprendente, la mayoría mujeres— con sus infaltables celulares y sus listas en las manos. Una vez verificada la asistencia, se entregaba un ticket al interesado.
Contemplar el espectáculo, hacía rememorar lo que la historia nacional nos relata de la expulsión de un embajador inglés por Melgarejo de la cual ha salido una narrativa sobre la supuesta reacción de la Reina Victoria a la humillación sufrida, instruyendo llamar a sus almirantes a una gran reunión, pidiendo cañonear a La Paz. Los almirantes de la marina inglesa con grandes mapas explicaron a su majestad que los cañones más poderosos de la flota no podían sobrepasar Los Andes, detrás de los cuales estaba esa remota y díscola comarca. La reina, irritada y frustrada, con gesto imperial tomó una pluma de escribir y en el primer mapa a mano, tachó Bolivia con una gran “X” y declaró que por tanto, Bolivia no existía.
Lo anterior, lamentablemente, nos retorna al e-mail del inicio de esta nota. La comunicación la hacía un viejo amigo y colega, querendón de Bolivia, experto en comercialización de petróleo y gas, promovido de su cargo en Houston a otro similar, pero de mayor ámbito de acción en Rotterdam. En la comunicación, hace la observación que por su actividad en Houston y ahora en Europa, lamenta comunicarme que Bolivia prácticamente ha desaparecido del mapa petrolero. Observación muy dura, pero cuando uno hace memoria de estos últimos años, la encuentra razonable.
La crisis energética argentina actual, ha sido pronosticada y conocida por muchos desde hace años, no tanto por su significado, sino por haber sido preanunciada por empresas extranjeras (± 20) que están en pleitos de arbitraje internacional con el Gobierno argentino. A esas predicciones, invariablemente la respuesta argentina ha sido que de presentarse, recurrirían a un contrato de provisión boliviana. Todo se cumplió, excepto la provisión boliviana. Argentina no ha hecho un gran incidente del caso y ahora está empeñada en llevar a cabo una osada y peligrosa modalidad para descargar LNG en un puerto que no ha sido diseñado para este efecto. Bolivia ha pasado a un segundo plano.
Como este es el siglo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), nosotros como principal proveedor de gas éramos importantes, porque todas las señales estaban dadas que mantendríamos esa posición privilegiada. Con el baño de agua fría de la nacionalización y posteriores actitudes francamente hostiles, ese país ha recurrido al abastecimiento de LNG, que se inicia este mes. Adicionalmente, los grandes descubrimientos costa afuera de Petrobras, muestran grandes reservas de gas. La provisión boliviana está camino a ser marginal.
Egipto ha iniciado la provisión de gas por gasoducto, nada menos que a Israel. Irán ha licitado la explotación del yacimiento de gas más grande del mundo, Pars del Sur, en el cual se asociará con Total. Si en esa parte del mundo, tan conflictuada se logran acuerdos, no se alcanza a comprender por qué Bolivia y Chile no lo hacen.
Las compañías certificadoras de reservas son un puñado en número, de gran prestigio porque la banca mundial recurre a ellas para sus evaluaciones. Nosotros abruptamente hemos roto con una de las más prestigiosas. Se han lanzado tres licitaciones para certificación de reservas, sin que haya habido un solo postor.
Finalmente, a fines de este mes se celebra en Madrid la 19ª Conferencia Mundial del Petróleo. En toda la información sobre países que asistirán, oradores disertantes, trabajos técnicos y de otra índole sobre la industria, no existe la palabra Bolivia.
Como se puede ver, lo que la Reina Victoria no pudo hacer, nosotros solos lo estamos logrando con gran eficiencia. Es que nosotros somos MAS poderosos que la Reina Victoria.
Carlos Miranda fue Superintendente de Hidrocarburos.