Una de las grandes transformaciones que nos ha traído el Gobierno nacional es la reforma del diccionario mediante el aporte de nuevas voces y la ampliación del significado de antiguas.
Veamos unos cuantos ejemplos, extraídos de la crónica reciente. Encabeza la lista de nuevas palabras, que la Real Academia de la Lengua Española deberá tomar en cuenta en la próxima edición de su afamado diccionario, la ´radación´. La radación está compuesta por paquetes de onda de afirmaciones hipócritas y serviles, que emanan de una fuente poco confiable de energía positiva (como bien saben mis 25 lectores); además, tiene la curiosa propiedad de cambiar el color real de las cosas. En sus formas más patológicas se admite la variante con la t.
Otro paleologismo, que no neo, es la ´evoción´; política de estatización mediante medidas como —dependiendo de la temperatura del día, del clima social y del humor de los protagonistas— compra de acciones a buen precio, compra de acciones con auxilio de presión ibérica, expropiación con compromiso de pago, confiscación con amenaza de cobro y creación de ministerios de defensa de medio mundo. Para sus partidarios, cualquiera de esas medidas refuerza la devoción, que no es más que la emoción por la evasión que genera la evoción, mientras campea la subvención, erogación sin solución.
A propósito de nuevos significados de palabras antiguas, tenemos el caso de ´turbación´, que sería la acción de la turba con el fin de lograr objetivos que serían inalcanzables en el marco legal y constitucional. Curiosamente esa clase de turbación suele producir, en la oposición, más turbación. Asimismo, ministro, comandantes, oficiales y clases, en homenaje al día del desafío, suelen optar por el deporte de la corrida, seguida de desagravio, cuando la turbación viene de una oposición que, sobre racismo, nos ha dado una lección.
A su vez, el término opacidad, conocido en la ciencia como lo opuesto de la transparencia, se ha vuelto una propiedad característica del ´nuevo modelo´ del sector de hidrocarburos, dirigido por verdaderos maestros en hacerse ´al opa´ ante el requerimiento de información y datos, con el fin de opacar los temas álgidos que afligen al sector (abastecimiento, inversiones, subvenciones).
Otros vocablos han ampliado su significado recientemente, como ´paciencia´ (recurso presidencial no renovable y a punto de agotarse, razón por la cual varios países están entrando en un estado de febril turbación), referéndum (traje que las cortes suelen confeccionar a elección del cliente), apuntador (otrora restringido a los teatros, pero convertido hoy en sinónimo de periodista de medios oficialistas, insustituible en monólogos del género ´Al Varada´) y, para terminar, ´inversión´, que es la acción despreciable de individuos o clanes con valores invertidos, ansiosos de meter sus sucias manos en el cuerpo inviolable, inalienable, impres-criptible, inembargable e inexpropiable (Copolma dixit); pero también irrevocable, intransferible, indialogable, incombustible, incorruptible, indomable, industrializable, inflamable e incomunicable de nuestras riquezas naturales.
*Francesco Zaratti es físico.
Desinstitucionalización y anomia
Hay cada vez más linchamientos en barrios populares y en poblados rurales. Muchas veces, la justificación es la aplicación de la justicia comunitaria que, según se conoce, no implica ese tipo de ajusticiamientos.
Crisis y oportunidades
Hay un fuerte malestar político que se traduce en desórdenes callejeros en todo el mundo. Tiene como causa el alza generalizada de los precios atribuida, en gran parte, al aumento del precio del petróleo.
La insulsez como constante
El "nuevo modelo" de la economía de Bolivia enunciado por el Poder Ejecutivo es una insulsez más de gente que proclama haber leído miles de libros que seguramente han versado sobre todo menos economía y finanzas
¡Qué ministros, Presidente!
Ya sabemos que este gabinete debe ser el peor que ha pasado por el Palacio Quemado. Ni en los momentos más negros de dictaduras bárbaras ha existido un equipo tan malo, justamente cuando, además, el Presidente entiende muy poco de su oficio.