Una infeliz coincidencia ha hecho que el presidente Evo Morales aparezca como autor del prólogo en un libro sobre Fidel Castro y Bolivia el mismo día en que Raúl Castro le ponía el epílogo a la revolución cubana.
En el prólogo, que el presidente Morales escribió seguramente en los pocos momentos libres que tiene entre partido y partido, dice que el pueblo boliviano quiere mucho a Fidel, y que lo quiere de vuelta en el centro de Sudamérica.
En el epílogo, Raúl Castro dice que aquello del igualitarismo salarial (que Fidel aplicó durante 50 años en Cuba y Morales desde enero del 2006 en Bolivia) no sirve: “Si es dañino darle al trabajador menos de lo que le toca, es también dañino darle más de lo que le toca”, según las palabras del viceministro de Trabajo, Carlos Mateu.
Antes de ponerse a escribir el prólogo de aquel libro, Morales había decidido que las empresas estatales que él creó se ocuparán de producir alimentos en Bolivia, y tomó medidas para debilitar, y si es posible destruir, a las empresas privadas, porque son de propiedad de pocas familias bolivianas.
Antes de escribir el epílogo de la revolución cubana, Raúl disponía que las granjas estatales que Fidel había mantenido durante 50 años sean distribuidas a empresas creadas por familias cubanas.
El presidente Morales había decidido golpear a las empresas bolivianas porque estaban exportando mucho, mientras que Raúl decidía acabar con las empresas estatales porque estaban obligando a Cuba a importarlo todo.
En el caso de Bolivia, las empresas producían cinco veces más de lo que requiere el mercado interno, y exportaban los excedentes. En el caso de Cuba, las empresas estatales, en control de 90% de la tierra, sólo producían 30% de la oferta de alimentos, en tanto que las cooperativas familiares, con 10% de la tierra, producían 70% de la oferta.
En Bolivia se prohibía la exportación de carne de pollo y alimentos para pollos, mientras que en Cuba la reforma se inspiraba en el hecho de que toda la carne de pollo que se consume en la isla tiene que ser importada de Estados Unidos.
Raúl Castro decidía en La Habana que los trabajadores cubanos puedan, a partir de agosto, ganar bonos de producción sin límite alguno, mientras que el maestro rural que preside YPFB estaba despidiendo a los ingenieros de Andina, Chaco y Transredes que son los únicos capaces de hacer que aumente la producción de gas. Los despedía porque ganan más que el presidente Morales.
En Cuba, en cambio, no hay límites. No se sabe cuál es la capacidad de producción de Raúl Castro y nadie quiere ponerla como referente del máximo a lo que pueden aspirar los cubanos. Sobre su preparación profesional no se sabe mucho. En realidad su único mérito es ser hermano de Fidel, y ahora atreverse a corregir sus errores.
En Bolivia se ha decidido poner el rendimiento de Evo Morales como un referente de lo máximo a lo que puede aspirar un ciudadano boliviano. Sus calificaciones no son muy altas. En Cuba, por ejemplo, no recibiría los bonos que ha creado Raúl para premiar la mayor producción.
Un libro, un prólogo, un epílogo. Dos países que van en direcciones opuestas. La ventaja de uno de ellos es que no ha sabido de bloqueos de caminos en 50 años.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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