Insólitamente, la campaña política por el famoso revocatorio se anuncia justo cuando la Corte Nacional Electoral atraviesa por una grave crisis, admitida por su propio presidente, y cuando el Gobierno nacional y su partido, el MAS, desconfían de las cortes departamentales.
Esta semana, el vicepresidente de la República, Álvaro García, anunció la decisión del Gobierno nacional de congelar todos los contactos con regiones y partidos de la oposición hasta que concluya el referéndum revocatorio, que fue convocado para el 10 de agosto.
De esta manera, sin la ´incomodidad´ del diálogo que, en sus últimas jornadas, se había empezado a tornar tedioso y sin rumbo, dio paso formal a las campañas electorales. Este nuevo proceso es otro factor de incertidumbre en el país, con la diferencia de que, esta vez, se abre la posibilidad de que el presidente Evo Morales no concluya su mandato de cinco años, lo que obligaría a llamar a elecciones generales. En el revocatorio, también el vicepresidente García puede perder su cargo.
La posibilidad de que los prefectos sean afectados por un voto revocatorio es, a su vez, una perspectiva a tomar en cuenta, aunque no abre una incertidumbre comparable a la que se da en el caso de que el destituido pueda ser el Presidente.
Incluso sin que se diera una votación que revoque el mandato presidencial, éste es un periodo electoral que el país no necesitaba porque le perjudica mucho.
La decisión comunicada por el Vicepresidente se produjo casi al mismo tiempo que las autoridades de YPFB pedían por enésima vez a las empresas petroleras que inviertan y hagan posible el aumento de la producción, lo que a su vez permitiría que el país cumpla sus compromisos de exportación y atienda mejor la demanda interna.
En realidad, la falta de inversiones petroleras y de las otras, en el país, se debe a la sucesión de hechos políticos que crearon un clima de incertidumbre política desde el año 2003. Las leyes que rigen las inversiones fueron modificadas más de una vez en estos años; se ha intentado hacer una nueva Constitución; ha habido dos anuncios de nacionalizaciones petroleras, uno de ellos hace un mes y medio; hay juicios ventilados en tribunales internacionales, en fin, el clima para las inversiones extranjeras no es el más apto. En realidad, según los expertos, ahuyenta al inversor.
Y ahora viene un nuevo motivo de inseguridad: el referéndum revocatorio, cuyos resultados definirán la continuidad o no del Presidente, el Vicepresidente y los prefectos, sin que una u otra opción signifiquen una salida positiva a la crisis política. Por lo tanto, lo único que se habrá logrado con esto será aumentar un factor de incertidumbre a la inestabilidad reinante.
Este ejercicio de referendos continuados tiene extenuados a los ciudadanos, que desearían vivir en procesos políticos estables, en los que ellos mismos pudieran hacer planes para el futuro, así como las empresas extranjeras quisieran llegar a aportar con sus inversiones al propósito de movilizar las enormes potencialidades económicas que ofrece el país.
Pero, insólitamente, la campaña política por el famoso revocatorio se anuncia justo cuando la Corte Nacional Electoral atraviesa por una grave crisis, admitida por su propio presidente, y cuando el Gobierno nacional y su partido, el MAS, desconfían de las cortes departamentales.
Nunca es tarde para enmendar los errores. Los líderes del país, oficialistas y opositores, deben hacer todo lo posible por anular este referéndum, que nada bueno dejará a los bolivianos.