Es común escuchar que el aparato productivo es sinónimo de empresa privada; además, eso se ha relacionado como que la empresa privada sería la única generadora de empleo.
Eso es una ideologización que data desde la implementación del capitalismo como sistema. La esencia del capitalismo, en términos económicos, significa la apropiación privada de los medios de trabajo, pero fundamentalmente se asienta en la enajenación del trabajo como base del crecimiento del capital. En otras palabras, el dueño del capital se apropia del excedente generado por el trabajador, conocido como empresario privado.
En Bolivia, el empresariado privado tiene ciertas particularidades, como diría Sergio Almaraz, primero que nunca apostó por ser competidor, sino a crecer a costa de las finanzas públicas o de cualquier tipo de favoritismo, como las condonaciones de deudas, subvenciones, búsqueda de mercados solidarios. En ese sentido, es un empresario privado rentista.
Lo peor es que las ganancias que genera el país se las lleva al exterior o las gasta en bienes de consumo solamente suntuarias. Nunca reinvierte en la ampliación del capital.
Como contraposición al modelo del aparato productivo basado solamente en la empresa privada surgió otro planteamiento, protagonizado por la izquierda tradicional, en donde el Estado sería el único encargado del aparato productivo en todos los niveles.
Se hizo aparecer esta propuesta como modelo socialista. Sin embargo, si bien puede ser una solución en el manejo de recursos estratégicos que atañen a toda la colectividad, no lo es para el desarrollo de la microeconomía, debido a que el producto producido por el trabajo continúa siendo enajenado ahora ya no por un empresario privado, sino por un Estado.
Las dos visiones nunca valoraron todo tipo de economía basada en el trabajo directo, donde no hay enajenación. Por eso, las empresas comunitarias, la microempresa, la economía familiar, nunca han sido consideradas como un aparato productivo que da empleo.
Es cierto, en este tipo de economías, el trabajador se apropia, en su integridad, del excedente o la ganancia que genera el propio trabajador. En ese sentido, evidentemente, no hay explotación del hombre por el hombre.
Ahora, en nuestro país, las empresas comunitarias y las economías familiares no sólo han sido descuidadas, sino excluidas y negadas como agente económico o aparato productivo. Pero el 80% de la población económicamente activa está empleado en este tipo de economía, considerada por los economistas como economía informal, una denominación más jurídica que científica.
Entonces plantear el relanzamiento de las empresas comunitarias y familiares puede ser más revolucionario que aferrarse a una economía estatal en todos los niveles, debido a que perforaría la esencia de la explotación: el trabajo enajenado. Es bizantino discutir de empresa privada vs. empresa estatal, ya que la superación del trabajo enajenado sólo es posible implementando las empresas comunales en las grandes industrias de todo tipo, de las que serían propietarios los propios trabajadores. Eso no significa negar el rol del Estado, más bien, éste se encargaría de regular el mercado, cobrar impuestos a dichas empresas comunales, infraestructura que atañe al interés nacional, educación y salud.
*Félix Patzi es sociólogo. Fue ministro de Educación (2006-2007).
Filosofía del tiempo
“...la dimensión tiempo debe quedar exenta de artificiales proposiciones en manos de gente vitanda”
¡Bienvenido a Bolivia!
Un boliviano ha triunfado en EEUU y ha resuelto venir al país a repetir su experiencia. Este hombre, que construyó un imperio con su propio esfuerzo, decidió que era el momento exacto para hacer algo por Bolivia. Ojalá sea así…