Hace calor en el chaco boliviano. Es, en realidad, la zona donde más calor hace de todo el territorio nacional. Ahí, la Pachamama ha sido generosa en hidrocarburos, pues hace millones de años era tierra de dinosaurios y potros, gigantescos animales cuyos restos se convirtieron en gas y petróleo. Pero más allá de la riqueza del subsuelo, en el chaco cuesta sembrar cualquier cosa; cuesta también tener ganado. Es una zona dura donde, desde hace siglos, los guaraníes y otras naciones han vivido las últimas centurias en cautiverio.
La cultura guaraní es una de las más sensibles con los seres humanos y con el territorio: lamentablemente, los hijos de Yemanya no tienen tierra; ésa ha sido repartida por unos cuantos terratenientes para los que el único artículo de la ley que vale es el 44, es decir, el revólver Colt calibre 44.
Estos gamonales han señalado que el Gobierno miente y que en sus tierras los indígenas son muy bien tratados. Sus diputados de Podemos han ´testificado´ que esto es verdad y uno casi cree que los terratenientes de Alto Parapetí son amables seguidores de San Francisco de Asís.
La verdad es otra y el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA es lapidario: ´La CIDH… observó que las familias guaraníes en situación de servidumbre o trabajo forzado viven en extrema pobreza y son sometidas a castigos como huasqueadas (latigazos), quema de sus cultivos y muerte de sus animales…´. Además, existe trabajo infantil, los caminos no son públicos sino que están controlados (con candado) por los gamonales, las comunidades no tienen tierra. En fin, un espectáculo propio de una sociedad feudal.
Para evitar el tipo de abusos como los que claramente se están cometiendo en Alto Parapetí surgió la Ley INRA, que no fue una invención ni de socialistas ni de masistas, sino de los, hoy tan criticados, gonistas. Lo que pasa es que hecha la ley, hecha la trampa, y durante muchos años se saneó muy poco. Pero ese proceso se ha revertido, de Carlos Mesa hacia adelante, especialmente en el Gobierno actual, ya que ahora se están entregando títulos como nunca antes. Títulos que, por supuesto, también benefician a los propios empresarios como bien demostrado está en Pando, donde ya se ha logrado el saneamiento del 98 por ciento del territorio.
Pretender que la tierra sólo sea manejada por las prefecturas (mañana quizá gobernaciones) es un absurdo, pues debe haber una ley nacional para poder terminar con los sectores de poder que detentan tierra no sólo mal habida, sino también tierra que no cumple ninguna función económico-social, hoy por hoy.
Ahora bien, sobre el pronunciamiento de la OEA, las autoridades de Santa Cruz han callado en siete idiomas. Me imagino lo que habrá pensado el Cardenal que tan suelto de cuerpo dijo que no había esclavitud. En fin, cada uno verá en su conciencia, pero como Estado, una vez demostrado de manera fehaciente y ante el mundo que se cometen abusos en la zona, hay que intervenir en defensa de la ley y de los pueblos indígenas.
Los gamonales de la zona pueden recurrir a la justicia; lo que no pueden es expulsar a los funcionarios del Estado.
Y final de capítulo en esta larga novela titulada ´por un pedazo de tierra…´. Un trozo que sea más grande que el lugar donde reposaremos después de muertos.
*Jaime Iturri S. es periodista.
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