Las grandes transformaciones estructurales de la economía se realizan modificando el funcionamiento del mercado de trabajo y no únicamente la política monetaria y fiscal, etc. Por lo menos esa es la constatación teórica y empírica a la que uno llega luego de observar lo acontecido en la historia económica.
La depresión de 1929 fue posible superar por las políticas keynesianas que le daban un lugar central a la ocupación. En Chile de Pinochet se realizó una profunda modificación de la normativa laboral y previsional. El 21060 tuvo éxito, aunque no nos guste, porque contemplaba el Artículo 55 que proponía la libre contratación. El D.S. 22407 de Jaime Paz profundiza el 21060 al proponer que los salarios estén en el capítulo de precios (junto a los pasajes de avión). En el mes de febrero el nuevo Gobierno cubano inició una serie de transformaciones y, lo primero, que impulsó fue la reforma salarial.
Las nuevas disposiciones cubanas (Resolución Nº 9 del Ministerio de Trabajo Cubano del 2 de febrero), disponen que el salario sea fijado, por un lado, de acuerdo a la productividad y, por otro, a la oferta y demanda de capacidades para trabajar. Nos parece muy sano, pues en el anterior esquema en el que se movía la política salarial, el Estado intervenía a lo largo de la curva salarial. De esa manera desaparecían las influencias de la productividad y del mercado. Lo que llevó a una especie de conformismo de toda la población. Ahora se dispone que toda empresa, hasta el 31 de agosto próximo, debe tener un nuevo sistema en el que las personas ganen un salario según su desempeño laboral.
La nueva política salarial cubana tiene dos puntos de apoyo: por un lado, ya no podrá existir un tope salarial para el trabajo bien hecho y, por otro lado, cada empresa y actividad deben establecer su propio sistema de pago. Se ingresa a la competencia en el mercado. Empresa que produzca con ineficiencia “castigará” a los trabajadores con salarios menores.
Entre los antecedentes a esta disposición encontramos un discurso de Raúl Castro, de hace un año, en el que afirma que los salarios son insuficientes para poder vivir y no funciona el principio socialista de distribución según el esfuerzo de cada persona. Según Óscar Espinoza, economista cubano, los precios de los productos se incrementaron en 8,63 veces entre 1989 y el año 2006, mientras que los salarios se multiplicaron sólo en 2,1. El salario medio a fines del 2006 era de 387 pesos cubanos y el dólar se cotizaba en 20 pesos (salario medio 19,35 $US). Por esa razón el nuevo Presidente explica que el salario dejó de ser un factor promotor del crecimiento de la productividad y la eficiencia.
La nueva Administración afirma que para lograr una mayor productividad se tiene que romper el techo en materia de remuneraciones y dispone que se pague más a los trabajadores que produzcan más y mejor. Por su parte, el señor Salvador Valdez, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CUT), afirma según los medios de comunicación españoles, que “no hay cosa más injusta que el igualitarismo”. Es más, él considera que “el salario en defecto o en demasía, tiene un efecto en la conciencia de las personas: o las motiva o las desmoviliza”.
Con estas medidas, el Gobierno cubano inicia una verdadera transformación de la economía. Muchas personas extrañarán el antiguo régimen salarial y de empleo, pues ahora ya no tendrán el puesto asegurado. Pero por el nivel de calificación de la mano de obra cubana, los trabajadores sentirán que mejora relativamente su condición de vida. Sin embargo, se tiene que recomendar que no lancen a los trabajadores a la vorágine del mercado, pues en la zona existen muchos tiburones. El Estado cubano debe mantener una alta intervención en el mercado de trabajo para que los tiburones no se fagociten a los trabajadores que toda su vida vivieron bajo una alta protección pública.
Rodolfo Eróstegui es economista laboralista. Trabajador a destajo.