Las parejas fantasma dejan sus huellas en los moteles de La Paz Los empleados de cinco moteles y algunos clientes cuentan experiencias y anécdotas propias de estos sitios que ofrecen piezas para todo gusto, incluso de sadomasoquismo. ¡Alerta!, las pildoritas también actúan allí.
Un vehículo ingresa al garaje y se detiene frente a un intercomunicador. Se abre la ventana del carro mientras una voz pregunta: “¿A cuál?”, y llega el silencio. Enseguida un hombre responde: “A la económica, por favor”.
Cada día, los moteles de la ciudad de La Paz acogen a decenas de “parejas fantasma” que ingresan en radiotaxis, vehículos particulares o a pie, sin necesidad de contactarse directamente con los empleados del lugar.
Para ingresar a la habitación no requieren mostrar documentos de identidad. Para pedir la cuenta basta el teléfono y una especie de ventana giratoria que facilita las transacciones. Lo que pase dentro de las cuatro paredes va por cuenta de la pareja
La Alcaldía de La Paz tiene registrados legalmente 10 moteles en la ciudad, el resto debe ser considerado clandestino.
Según datos de los sitios visitados por este medio el reciente miércoles, se cobra, por cada 60 minutos, desde 45 hasta 130 bolivianos. Hay habitaciones de distinta categoría, desde las más sencillas hasta las consideradas “suite especial” que incluyen un decorado minucioso.
Inclusive hay habitaciones de fantasía, con camas extra grandes en medio de una escenografía temática que hace pensar en la jungla, donde Tarzán y Jane, o un león y una tigresa, pueden mostrar su amor salvaje.
Durante la semana, los cuartos están ocupados principalmente desde las 18.00 hasta las 22.00 y desde la medianoche hasta las 03.00. Los viernes, sábados y domingos hay más clientela en horas de la madrugada.
La inventiva de los propietarios de moteles, un negocio con incesante demanda, de acuerdo con lo observado por los reporteros, se pone al servicio de las parejas que “serán anónimas, distintas, pero esencialmente tiene similares exigencias en cuanto a comodidad e intimidad”, explicó un empleado muy serio.
Así, hay cuartos con espejos en el techo o las paredes, duchas con puertas de vidrio transparente y jacuzzi. También disponen de televisor, un minibar con comida y bebidas alcohólicas, un teléfono y el menú. La comida, la bebida y las llamadas a celular o teléfono fijo tienen un cargo adicional.
“Una vez tuve que dejar mi reloj como prenda (garantía) porque pusimos el menú cerca del jacuzzi y lo mojamos. Cuando nos íbamos nos cobraron por el accidente y no teníamos plata”, relató Carlos, el cliente fantasma de un motel de Sopocachi que no acudió a recoger su reloj.
Una consulta al azar entre gente mayor de 25 años, en La Paz, da a pensar en que todos, más o menos, han visitado un motel. Pero hay también sorpresas, como la de Alfredo (33) que “jamás fui a un motel, en mi auto lo arreglaba todo” y “si no era mi auto, era su casa o la mía”. Otros prefieren ir a un alojamiento u hostal debido a que son menos costosos que un motel.
“A veces los clientes se duermen y salen como locos de su habitación, porque la alquilan por una o dos horas y se pasan a tres o cuatro”, indicó el empleado de otro motel visitado por este medio. “Se asustan porque de todas maneras tienen que pagar las horas excedentes”, añadió.
Los servidores de diferentes moteles coincidieron en que algunos hombres dejan de ser fantasmas cuando se asoman para consultar sobre la pareja desaparecida con todas sus pertenencias. Son las víctimas de las ‘pildoritas’ o mujeres que ponen pastillas en las bebidas. “No nos damos cuenta por dónde salen”, explicó uno de los consultados.
LA OFERTA
Regalos y ventas • En algunos moteles se obsequian chocolates, preservativos, champús, peines, jaboncillos y lustracalzados. En otros se venden rasuradoras, medias nylon, pañuelos de papel, preservativos y toallas higiénicas.
Registrados • La Alcaldía de La Paz tiene 10 moteles cuya actividad está debidamente registrada: Inti Marka, Carrington, Fantasía, Grand Prix, La Oficina, Olimpo, Paraíso, Turista, Moteles Inn y Rose Le Petit.