La ira de Guayasamín se desvela en La Paz El artista ecuatoriano, que impulsó el realismo social influyó en la plástica nacional. La Alcaldía gestiona la llegada de 50 obras para festejar el Grito Libertario.
“Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre”. Así justificaba en los años 70 el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín los personajes cadavéricos con ojos desorbitados y manos crispadas que nacían de su paleta.
Considerado como uno de los maestros de la plástica latinoamericana, el pintor, fallecido en 1999, retrató con crudeza, pero sin abandonar el trazo amable y sutil, la realidad social del hombre americano de su época. Ese concepto filosófico-artístico llamó la atención de pintores bolivianos contemporáneos a Guayasamín como Wálter Solón Romero o Gil Imaná.
Esa visión crítica desarrollada en cada pincelada por el denominado “picasso de América” marcó una tendencia en el arte latinoamericano del siglo pasado: el realismo social. Ese trabajo podrá ser apreciado por el público paceño el próximo mes. Como parte de las fiestas julianas, la Alcaldía gestiona ante la Fundación Guayasamín la llegada de 50 obras de la au-
toría de este destacado artista ecuatoriano. Sus óleos, litografías y serigrafías se expondrán en el Tambo Quirquincho desde el 16 de julio.
Para calentar el ambiente, dos artistas bolivianos recuperan de sus recuerdos al Guayasamín que conocieron.
Una de las características de la obra de Guayasamín es la del uso de la figuración referida al sufrimiento de seres marginales, tendencia surgida con los muralistas mexicanos, quienes buscaban consolidar un arte latinoamericano basado en la denuncia de la injusticia social.
“La de Guayasamín es una obra que trata del hombre, sus angustias y sus problemas. Refleja al hombre americano”, explica Gil Imaná, artista que compartió charlas con Guayasamín en más de una ocasión.
Para este destacado pintor nacional, que conoció por vez primera a su par ecuatoriano en 1962, la influencia de la obra y del pensamiento del destacado pintor se hizo presente en Bolivia.
“Es innegable que su sello, el del trato del hombre americano, influyó en parte de la plástica boliviana. En mayor medida ese concepto filosófico se encuentra plasmado en la obra de (Wálter) Solón Romero y en algunas de mis obras”, asegura imané.
Para Joseph Mella, director de la Galería de Bellas Artes de la Universidad de Vanderbilt (EEUU), la influencia de Guayasamín se explica por la fuerza del concepto de su trabajo, que recuperaba hechos históricos.
En los años 50, el joven mestizo estaba conmovido por la experiencia de opresión de los indígenas. De esa época data, por ejemplo, Niños muertos número 11, pieza que representa la guerra civil que vivió su país en 1932.
“La denuncia de las atrocidades que unos seres humanos infringen a otros se manifiesta en su segunda época, desde los 60, en la que adoptó un tono más político. Estilísticamente abandonó las ataduras que lo ligaban al muralismo mexicano. Bajo la influencia de Picasso, limitó su paleta a un puñado de colores y su pincel a trazos simples”, dijo Mella en EEUU a la agencia Gara.
Ese trabajo fue el que impresionó en 1977 al artista potosino Ricardo Pérez Alcalá, quien a sus 38 años visitó al ya encumbrado pintor ecuatoriano en su estudio, ubicado en la ciudad de Quito.
“Entonces el hombre se cuidaba mucho de la gente que lo visitaba... A mí me tuvo en cuarentena un rato, hasta que observó mi trabajo y me tomó confianza. La obra de Guayasamín se halla en la línea del realismo social. Era un pintor extraordinario que influyó en la obra de artistas bolivianos como Sixto Sandóval, en Sucre”, señaló.
Los retractores de Guayasamín, por su parte, señalan que a pesar de su ácida critica a EEUU por su influencia en la región, el ecuatoriano tuvo en la familia más representativa del capitalismo estadounidense, los Rockefeller, ca su mayor cliente.
Puntos de vista
“Le di una idea para su taller” Ricardo P. Alcalá, artista.
“Era un pintor extraordinario. A través de la tenacidad en su trabajo logró construir un lenguaje artístico propio. Si bien su obra no es parte de la línea que yo sigo, soy admirador de su trabajo. Cuando lo visité en Quito, como arquitecto le di una idea para que la implementara en su taller. Le diseñé una fosa para que el cuadro que pintara entrara y saliera de ella, y él se mantuviera en el nivel del suelo. Le encantó la idea, pero no sé si la hizo realidad. Su obra era de un realismo social, enérgico y de mayor impronta que el realizado por los mexicanos”.
“Admiré su trato del hombre” Gil Imaná, artista.
“Lo conocí el año 62 en un encuentro de artistas e intelectuales que se realizó en Chile. Conocía muy poco de su obra, pero desde entonces admiré su forma de tratar con el lienzo al hombre americano. Guayasamín llegó a La Paz por los años 80 para exponer en el museo Tambo Quirquincho. Cuando murió, dejó a medio construir una obra monumental, La capilla humana. Su familia se contactó conmigo y, con otros artistas de la región, para contribuir a la finalización de su obra. Así envié una pieza (a Ecuador) que fue subastada”.