En macroeconomía, los bienes no transables (BNT) son aquellos que, en general, se sitúan en los sectores económicos de servicios, como electricidad, agua, luz, la construcción, el comercio al detalle, restaurantes, servicios sociales y personales; o, específicamente, los bienes y servicios que no tienen la posibilidad de ser exportados ni importados (arquitectos, inmobiliarias, economistas, peluqueros, políticos, etc.). El lado opuesto son los bienes transables (BT), los que sí pueden ser exportados/importados, y hacia donde tiende la economía de cualquier país, siempre que su racionalidad acepte que está viviendo en el siglo XXI.
Entre los elementos económicos que inducen a que un bien sea o no transable está la transportabilidad. Es decir, si el bien o servicio es fácil y económicamente manejable, transportable y con alto valor, será favorablemente catalogado de BT, no así los bienes y servicios de difícil manipuleo.
Sin embargo, la globalización contiene como summum el desarrollo de la ciencia y la tecnología, haciendo posible que la gran mayoría de los BNT puedan ser transmutados como BT. Lo que hasta hace poco era invariablemente un BNT, hoy la tecnología lo transfigura en un BT, como los servicios financieros, ingeniería, software computacional o la mano de obra en servicios donde Bolivia es un ejemplo tipo. Se advierte que los factores de producción (capital, trabajo, recursos naturales, iniciativa empresarial) adquieren alta flexibilidad y movilidad casi perfecta, gracias al avance tecnológico y bajos costos de transporte, lo que los convierte en BT.
A pesar de los grandes adelantos tecnológicos, ¿se puede imaginar el lado opuesto, o unos BT involucionando hacia BNT? Sí. Básicamente por las barreras comerciales que imponen algunos gobiernos por sus ´políticas económicas de carácter proteccionista/autárquico´, donde resaltan los altos aranceles, cuotas de exportaciones/importaciones, normas sanitarias difíciles de cumplirlas, trámites interminables y burocracia pesada e ineficiente.
Al margen de esas barreras arancelarias y no arancelarias, Bolivia añade otras peripecias pseudo económicas, que ocluyen un incremento de los BT, como: inseguridad jurídica; prohibición expresa de no exportar/importar o impedir exportar para que luego el Gobierno pueda importar lo mismo; ´nacionalizaciones mercantilizadas´; apoyo gubernamental al asalto de campesinos o ´comunitarios´ a cooperativas mineras en pleno proceso de exportación; altos costos de transporte por el mal estado de carreteras; bloqueos intempestivos; escasez de combustibles; amenazas del Gobierno de quitar recursos a las regiones exportadoras o aquellas cuyo aporte al PIB y a la Balanza de Pagos sea más alto que las otras regiones, que viven hacia dentro y sólo de la producción de BNT. Para poder exportar, hay que enfrentar a ese centralismo secante y obtuso.
Estos elementos antinómicos a la operacionalización/objetivación de los BT muestran la lucha entre dos vectores del tiempo irreconciliables: retorno al ayllu vs. sociedad abierta, economía de la ira vs. economía positiva o entre una arqueología económica vs. la ciencia/tecnología. Pero también demuestran cómo se inviabiliza a priori un bien potencialmente transable, convirtiendo a Bolivia en altamente calificada para transformar/involucionar los BT en BNT.
*Óscar Olmedo Ll. es economista y filósofo.
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