La Ley de Referéndum Revocatorio le hizo un gran daño al proceso autonómico y un gran favor al Gobierno nacional, pero es razonable, porque si la autonomía sigue su acelerado avance los actores político-partidarios del debate congresal (MAS, Podemos, UN y MNR) ya no encajan. No encajan partidos haciendo política en el Parlamento sin raíces en la sociedad, pero claro, frente a ellos, no encajan instituciones frente a la autodeterminación y al autogobierno de los “pueblos” o los “movimientos” que propugna el MAS.
MAS de un lado, Podemos, UN, MNR del otro, se mantienen en la cancha mientras sea cancha nacional en la que ya saben jugar, pero cuando se trata de jugar en las nueve canchas departamentales la cosa cambia: no todos tienen equipo. Ni siquiera se los puede culpar, es asunto de sobrevivencia, los partidos que tuvieron que actuar el 2005, después de ser maltratados y denigrados, se encontraban en un escenario muy adverso y en situación de campaña. El MNR sobrevivió, UN logró representación parlamentaria, Podemos consiguió ser la segunda fuerza en el Congreso y el MAS ganó la elección. ¡Les fue muy bien!
Preguntará usted ¿por qué pongo al MAS en la misma bolsa? Es porque creo que hay partidos nuevos con prácticas viejas, nuevas caras con viejas formas, o formas que cambian sólo para lograr los viejos objetivos de los políticos tradicionales.
El MAS tiene apenas una década y no funciona como partido usual sino como articulación de movimientos, pero igual asalta el poder para transformar la realidad a favor de los intereses de sus adherentes, no para administrar la gestión y los recursos públicos a favor del país.
El MAS no tiene cuotas porque ahora se llaman “cupos”; el MAS es centralista, estatista y presidencialista, como todos los anteriores. Y además, contrario a la lógica de rotación de cargos del mundo indígena que reivindican, Evo Morales quiere reelección inmediata, sin renuncia e indefinida. Por eso y por muchas cosas más, está junto a los partidos del “viejo” Estado.
Los prefectos, que están en las canchas departamentales, se parecen al MAS en que no quieren a los partidos y quieren actuar con movimientos —cívicos, ciudadanos— y tampoco contribuyen a fortalecer formas institucionales de mediación.
El revocatorio es un intento del “viejo” Estado de frenar las autonomías, o sea, una estrategia de sobrevivencia de los políticos de siempre. Los prefectos les dan una mano a sus adversarios partidarios entrando a un juego en el que se autodescalifican al no querer ir a las urnas y, a la vez, sacan la autonomía de la agenda mediática para reposicionar el revocatorio.
Mi principal preocupación en esa pugna entre lo “viejo” que se maquilla de nuevo y lo “nuevo” que es funcional a lo viejo por su falta de decisión para afrontar la arena nacional, es el “tamaño” del nuevo Padrón Electoral depurado después de que medio millón de bolivianos se fue a España, Argentina y Estados Unidos, y claro, después de la “carnetización” financiada por el “nuevo” libertador Chávez.
A los ciudadanos que no queremos lo viejo y siempre tememos a lo nuevo, nos queda votar por ratificar a los prefectos o dejar que el Presidente los vuelva a nombrar. ¡No se olviden de Chito Valle! ¡Que no nos llegue tarde el arrepentimiento!
*Jimena Costa B. es analista.
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