Los medios de comunicación, basados en encuestas realizadas en los días anteriores a la elección de prefecto del departamento de Chuquisaca, vaticinaban un triunfo abrumador de Savina Cuéllar y por consiguiente una derrota lapidaria del candidato del MAS, Wálter Valda. Los masistas enterados, mientras tanto, sonreían de soslayo y se frotaban las manos a la espera de la votación el domingo 29 de junio. Alguien, en quien confían mucho, les había asegurado, inclusive al Presidente de la República, que la victoria del MAS en Chuquisaca estaba garantizada y que se iba a constituir en un formidable tapaboca para la envalentonada oposición política y regional. El resultado final sorprendió a todos y dejó un sabor amargo para oficialistas y opositores. Como se sabe, Savina Cuéllar ganó con sólo siete puntos porcentuales a Wálter Valda y éste, pese a haber barrido en las áreas rurales y haber perdido sólo en Sucre, se tuvo que conformar con una “derrota digna”. Obviamente ambos extremos reaccionaron tratando de convencer al público de que les había ido muy bien y más allá de sus expectativas.
El Comité Interinstitucional de Chuquisaca, apoyado por los medios de comunicación más vistos y oídos, vendió la sensación, sobre todo la noche de la votación, de una “victoria arrolladora” de Savina Cuéllar. Por su parte, el MAS, apoyado por los medios de comunicación oficiales y oficialistas, contraatacó los días siguientes, sobre todo a partir del informe final de la Corte Departamental Electoral, para posicionar la idea de que el MAS “no había perdido un solo voto en relación al 2005” y que había ido mucho más allá de todas las expectativas.
La dura y terca realidad, sin embargo, deja claro que no sucedió ni una ni otra cosa. Ni Savina logró el resultado que creía, ni el MAS produjo la “sorpresa” que tanto necesitaban en un momento tan difícil para el Gobierno como el actual.
Ahora bien, vista la elección como un preliminar de lo que podría suceder el próximo 10 de agosto en el inédito referéndum ratificatorio que convocó el Congreso, podríamos extraer algunas lecciones: primero, el MAS no puede confiar solamente en la abrumadora campaña oficial, en la entrega millonaria de obras y prebendas, en la llamada “disciplina sindical” de las áreas rurales (eufemismo de la coacción electoral) y en la caótica “carnetización” que ha llevado a cabo en los últimos meses. Queda claro que toda esa maquinaria en acción no es suficiente y que el fantasma del voto en contra de la permanencia del Presidente y Vicepresidente podría tener más posibilidades de las que se piensa. Por el otro lado, ha quedado claro que la “sensación térmica” de las áreas urbanas no debe hacer pensar a la oposición política y regional que el Gobierno está acabado…ni mucho menos. El MAS mantiene y seguramente mantendrá hasta agosto un firme voto duro emocional en el campo y en las zonas marginales de las ciudades. O sea, si la oposición política y regional no se decide a realizar una masiva y poderosa campaña electoral, las posibilidades de un voto revocatorio del mandato del Presidente y Vicepresidente están muy lejanas.
Pero más allá de los cálculos, la gran enseñanza de la elección en Chuquisaca, es la misma que enseñaba Cicerón, el sabio romano, que decía que si quieres descubrir quién es un tonto, sólo tienes que escuchar a aquel que te dice que sabe quién va a ganar las elecciones.
*Ricardo Paz B. es sociólogo y constitucionalista.
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