Los fantasmas de La Paz se resisten a abandonar la urbe Hay calles y casas en la ciudad que aún guardan historias de ultratumba. Algunos vieron sombras, otros escucharon voces y pasos en lugares vacíos. En la Asistencia Pública, un fantasma ronda durante las noches.
La calle Goyzueta, en la plaza Alonso de Mendoza, antes conocida como Condeuyo, era concurrida por parroquianos que buscaban el placer en los prostíbulos. Hoy, no muchos hombres se atreven a cruzarla cuando cae la noche debido a los extraños ruidos que salen de las paredes.
No son fantasmas, los ruidos son el resultado de la antigüedad de las casas del lugar, que retienen el sonido en sus muros, asegura Arminda, una guía turística de la comuna paceña.
Otra calle que todavía guarda historias sobrenaturales es la Jaén. Los vivos vieron a condenados y escucharon el paso de las carrozas; incluso, la cruz verde, de una de sus esquinas, es para ahuyentar a los que no se ven.
Doña Rosa, vecina de los fantasmas desde hace cinco años, relata que el primer año vio bajar cuatro parejas con vestidos y trajes elegantes. “Entré a mi tienda, encendí un cigarro y le dije a mi hija: ‘He visto gente elegante, seguro hay una fiesta’. Cuando salí, habían desaparecido”.
El más famoso de los fantasmas, además de Gasparín, al menos en La Paz, es el tío Ubico. Le llaman el rey del Teatro Municipal. Lucio Ramos, tramoyista desde hace 33 años, cuenta que “lo he visto y es mi amigo. Es un hombre con una capa negra. Antes tocaba el piano y siempre apaga las luces. Los artistas piensan que soy yo quien les sabotea”.
En la Asistencia Pública, situada en la avenida Camacho, los empleados piensan dos veces antes de quedarse a trabajar hasta muy tarde, pues al menos tres funcionarios del tercer piso tuvieron encuentros fantasmales, según una personera del lugar.
Una de ellas, por ejemplo, conversó con un hombre que le llamó por su nombre y le dijo que se vaya de la oficina temprano. Cuando levantó la cabeza para responder, no había nadie.
Otra historia se susurra en la zona Sur y proviene de la ex casa de Papá Noel, en Obrajes. Según cuentan, en el lugar, un guardia fue encontrado en estado de shock, pues había sido acorralado por varios aparecidos.
Historias como éstas se cuentan en reuniones, en las casas y en las mismas calles. Verdaderas o no, son parte de la ciudad.
Aunque, muchos hoy en día se asustarían más con un cogotero (atracador) en el taxi, que con un fantasma en la calle.
Testimonios
“Se escuchan pasos arriba” RAMIRO NINA, guardia del Teatro Municipal.
“Estoy recién un mes en el teatro. Desde las doce de la noche se escuchan pasos en el piso de arriba. No hay apariciones, pero meten bulla. Se escucha que alguien camina por los pasillos haciendo sonar sus llaves. Yo apago todo cuando termina la función, pero cuando salgo a realizar mis rondas (dos veces durante la noche), encuentro las luces del escenario principal otra vez encendidas”.
“Alguien camina por el patio” FELISA ALMARAZ, cuidadora del Museo de Instrumentos.
“Yo cuido el Museo de Instrumentos Musicales desde que se reabrió, hace unos 10 años. Antes (3 años atrás), cuando mi cuarto estaba más cerca de la sala de instrumentos, escuchaba cómo tocaban los tambores (solos) en la noche. Ahora vivo al otro lado y ya no puedo oír nada, pero a veces cuando no tengo sueño, escucho en la madrugada que alguien camina por el patio y me levanto a ver, pero no hay nadie”.
“Sombras negras aparecían a las 2” NIEVES VALLEJOS, portera del colegio Bolivia (Sopocachi).
“Hace tiempo (8 años), sombras negras aparecían en el patio a las 02.00. También se escuchaban sonidos de respiración en las aulas y las puertas se cerraban (solas). Un domingo estaba sola y me sentía helada, escuché tacos subiendo las gradas y agua chorreando del grifo. Veía alumnos con guardapolvo entrar en los cursos, pero no había nadie adentro. Las sombras se fueron luego de que remodelaron el colegio”.
“Vimos a un enanito blanco” ROCÍO RODRIGO, estudiante de la carrera de Derecho.
“Me quedé a trabajar en los tribunales con mi jefa fuera del horario de oficina. Ella estaba en su despacho y yo en la secretaría. Entonces, escuché como si alguien caminara por donde el mostrador y le dije a mi jefa, ella salió y respondió que no era nada. En ese momento, las dos vimos a un enanito blanco con un sombrero grande que corrió por el mostrador. Cerramos la oficina y salimos más que rápido de ahí”.