La residencia de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia albergó a más de 800 invitados para festejar el Día de la Independencia de ese país.
Personal de protocolo, con un importante despliegue, fue recibiendo uno a uno a los invitados, quienes se acomodaron frente a un escenario especialmente preparado para la ocasión en la casa del embajador Philip Goldberg.
Una catarata de piedra diseñada en los jardines de la residencia y una decoración de lujo, entre carpas y mesas de buffet, acogían a los invitados.
Momentos antes de escuchar las palabras del anfitrión, las voces de Cynthia Palomeque y Brian Guigley entonaron a capella los himnos nacionales de Bolivia y de Estados Unidos, respectivamente.
En su discurso, Goldberg se refirió a los lazos que unen a ambos países tras una historia de más de 160 años de relaciones bilaterales. “Estamos orgullosos de esta amistad, donde hemos demostrado nuestro compromiso de ayuda constante al pueblo boliviano. Históricamente hemos respaldado a este país en su propósito de alcanzar sus aspiraciones más importantes”, aseveró.
“Mi país ha tenido una participación en el esfuerzo mutuo de tender en un diálogo sincero y respetuoso, y sé que hay muchos bolivianos que quieren hacer exactamente lo mismo. Quiero enfatizar ante todo que nuestra voluntad de ayuda y solidaridad al pueblo de Bolivia continúa invariable”.
Posteriormente, los invitados departieron entre sí, al tiempo que disfrutaron de una variedad de bocaditos de la más alta gastronomía. Un buffet de carnes rojas y blancas, acompañadas con salsas especiales, sedujo el paladar de los asistentes, al igual que los postres típicos estadounidenses.
Así también, se ofreció a los asistentes una exquisita gama de lo mejor de los vinos nacionales, de origen tarijeño.