Como ya se hace costumbre afirmar, paceños y no paceños recordarán hoy un nuevo aniversario de la revolución de julio de 1809. Desde ayer, estudiantes, empleados públicos, juntas vecinales, militares y policías, encabezados por las autoridades municipales y departamentales, participan de los actos de homenaje a los insurrectos dirigidos por Pedro Domingo Murillo. Sin embargo, el de hoy no es ni puede ser un festejo más. No lo puede ser porque los argumentos abundan y las necesidades son imperiosas para que sea así.
Qué gratificante es afirmar que la efeméride juliana moviliza sin distinción a quienes viven en la hoyada como en El Alto. La Paz atrapa, con razones y pasiones, a todos quienes se consideren sus hijos. Sin embargo, a 199 años del primer grito libertario, urge ser autocríticos, más aún en los actuales momentos de encrucijada política y regional, pues el legado de Murillo ha sido menoscabado, cuando debe ser proyectado, por su fuerza, a todo el país.
La Razón ha tenido el privilegio de elaborar esta revista titulada “Dos siglos de protagonismo paceño”, que se sostiene en los artículos con el valioso aporte de prestigiosos historiadores, investigadores, líderes de opinión y autoridades.
Con los artículos de nuestros invitados y una revisión de la historia hecha por nuestros periodistas, hemos podido evidenciar —no es verdad de perogrullo— la importancia trascendental de La Paz para la constitución de la República y de sus transformaciones sociales, políticas y económicas. Lo es no sólo como espacio geográfico, sino como la generadora de propuestas ideológicas y protagonismo de sus habitantes. Y lo demuestran episodios que datan desde los cercos indígenas, la propia revolución juliana, el movimiento de los precursores, la constitución de la República, el proyecto de la Confederación Perú Boliviana, las campañas bélicas, los movimientos políticos de principios del siglo XX, la Guerra Federal, la Revolución de 1952 o las acciones para la recuperación de la democracia… Sin ánimo de pecar de soberbia, puede decirse que La Paz ha escrito en gran medida la historia del país estos últimos 200 años.
Y no se trata únicamente de que esos hechos se hayan desarrollado en la sede de gobierno o en una región influyente, sino, como dicen varios de nuestros invitados, por la acción de los paceños y no paceños, de esa vocación por formar e irradiar conciencia política y por formar alianzas de clases. Esos factores han convertido a La Paz en referente nacional y esos mismos deben permitir superar la crítica encrucijada en la que se encuentra actualmente el departamento como región. Habría que comenzar reconociendo que su liderazgo hoy está en duda.
Una mirada exhaustiva de la rebelión de Murillo permitirá a La Paz desarrollar un proyecto regional, participar en una visión nacional integradora y respetuosa de la diversidad, con miras al Bicentenario de la revolución y, en definitiva, hacia los dos siglos de independencia boliviana.
En homenaje a los protomártires, apreciados lectores, les ofrecemos este producto.