Un cuarto de siglo de vida en democracia, ¿adónde vamos? MÁS DE 25 AÑOS SIN DICTADURA
LA FUERZA DEL VOTO • El 2 de julio de 2006, vecinos de Achacachi, como del resto del país, votaron por constituyentes y decidieron sobre las autonomías.
Aunque con algunos sobresaltos, el país ha logrado consolidar las libertades ciudadanas, fortalecer sus instituciones y el derecho al voto. A pesar de ello, el autor apunta que está en cuestión el futuro de la democracia.
JORGE LAZARTE*
Lo más importante que hizo el país en las últimas décadas fue instalar la democracia. Nunca se había vivido una estabilidad política tan larga. Desde 1982 hasta el presente, las reglas básicas de la democracia han funcionado de tal modo que su última prueba exitosa, en 2005, hizo posible una alternancia en el gobierno de una opción bien distinta y hasta opuesta de todas las anteriores.
Sin embargo, actualmente todo parece estar contra ella y su futuro cuestionado. Cuando nació la actual democracia, en 1982, nadie pensaba que iniciaría un nuevo tiempo político que durara tanto y tuviera capacidad para beneficiar aun a los que estuvieron contra ella. Lo que llegó a ser la democracia en sus principios no estuvo en la cabeza de los que la hicieron posible.
Los protagonistas de entonces en lo que estaban de acuerdo en 1982 era en terminar con el largo periodo autoritario, ya agotado en sus posibilidades de sobrevivir. Pero estar contra el autoritarismo no era y no es lo mismo que estar con y a favor de la democracia.
La democracia en Bolivia empezó a funcionar de manera distinta de lo que entonces se entendía por democracia. En realidad se despreciaba profundamente la democracia “formal” y muchos actuaron o se levantaron contra ella.
En este sentido y por distintas razones, la democracia fue más fuerte que sus adversarios más encarnizados, que no pararon de criticarla desde fuera y no desde dentro de la democracia, que es otra cosa.
La democracia, como sistema de derechos, deberes y garantías, enfrentó desde el primer momento dos desafíos y un problema de fondo.
Su primer desafío fue durar en el tiempo, es decir estabilizarse y, luego, consolidarse. Como cualquier régimen político, la democracia debía organizarse en instituciones y las instituciones basarse en reglas.
Esto quería decir que debía nadar contra la corriente histórica, muy acentuada en un país poco habituado a respetar a las instituciones y acatar y cumplir las reglas compartidas o, lo que es lo mismo para el presente caso, las leyes. El cumplimiento de la ley no es precisamente un rasgo de la cultura política del país.
El segundo desafío fue la capacidad de respuesta al enorme flujo de demandas de la población, particularmente de los sectores sociales vulnerables, que esperaban su incorporación en la “otra Bolivia”. La universalidad de la democracia quiere decir que todos se benefician de ella, y más los que necesitan más. La pobreza y, sobre todo, las desigualdades sociales y exclusión, son incompatibles con la democracia.
Estos dos desafíos fueron diferentemente asumidos. El institucional fue el que más despuntó. A pesar del peso negativo de la historia, se avanzó en más de dos décadas intentando construir instituciones como la nueva Corte Electoral, el Tribunal Constitucional y el Defensor del Pueblo.
También se avanzó en el cumplimiento de las reglas básicas de la democracia, en las garantías de ciertos derechos fundamentales, en la participación ciudadana y, mediante el voto, en la definición de los titulares del poder.
Pero esos avances tuvieron sus bemoles y, de todos modos, no podían ser suficientes. Uno de los saldos negativos fue que no pudo vencerse el patrimonialismo y clientelismo, la ineficiencia de los funcionarios públicos y la corrupción muy extendida, que muchos imputaron a la democracia como si ésta fuera un actor y no un sistema de reglas e instituciones.
En cuanto al segundo desafío puede decirse que fue el mayor fracaso. La pobreza apenas decreció y, aunque los índices de desarrollo humano mejoraron, son las desigualdades sociales crecientes las que contaron más a la hora de la evaluación pública, porque colocaron a Bolivia como uno de los países más desiguales en el continente, en particular, en la distribución de los ingresos.
Los movimientos populares y campesinos de rebelión a partir del 2000 pueden explicarse, en gran medida, por esta falla profunda. Gran parte de los descontentos transfirieron su malestar contra las instituciones, poniéndolas en crisis.
El problema de fondo fue que había que hacer funcionar la democracia en un país escasamente democrático, una población mayoritariamente no democrática y con acentuadas tendencias autoritarias.
Tener una democracia sin demócratas sólo podía acentuar las enormes dificultades de hacer marchar las instituciones en código democrático y neutralizar la sensibilidad hacia los valores centrales de la democracia, como es la igualdad y la equidad. En esta dirección, puede decirse que si la democracia fue y es una “revolución” de la libertad, en el caso de Bolivia nunca pudo ser también de la “igualdad”. Ahora, esta última parece que se insurge contra la primera.
Como no se pudo atar todos los cabos, estalló la crisis desde todos los lados y se esperó que la Asamblea Constituyente fuera el lugar para reparar esta agenda de problemas.
No era fácil que lo haga, no sólo porque el problema del país no tiene que ver sólo con las leyes, sino porque al fin de cuentas esta Asamblea no podía ser más de lo que el país es. Cuando lo fue como en otras experiencias, entre ellas la de Sudáfrica, fue porque sus élites fueron excepcionales, con visiones integradoras de país y de largo plazo. Es decir que estuvieron por encima de sí mismas.
La Constituyente fracasó y fracasaron los intentos, no siempre de convicción, para ponerse de acuerdo y hoy el país enfrenta una crisis agravada no sólo de sus instituciones, sino de sus autoridades cada vez con menos autoridad —que no es lo mismo que “tener” poder— ante una sociedad dislocada, que se desquicia cada vez más.
Todo ello representa el mayor riesgo para la democracia en sus 26 años de vida muy difícil y que se está quedando sin sus defensas elementales para preservarse. Por ello, puede decirse —como en algún momento se dijo de la libertad— cuántos desatinos se cometen en su nombre.
Sólo un sobresalto colectivo, consistente en seguir viviendo sin matarse por los conflictos, puede preservarla para seguir avanzando en profundidad, en un nuevo segundo aliento, hacia un país de la esperanza realizada y no de las ilusiones perdidas.
* Politólogo y constituyente.
La frase • “Vamos a proteger el voto con nuestra vida”, trabajador minero anónimo, durante las elecciones de 1980.
La frase • “Empantanamiento”, fue la palabra que se acuñó luego del empate virtual entre Siles y Paz en las elecciones de 1978, una frase que llegó para quedarse.
La frase • “No me sentiré incómodo si Víctor Paz gana las elecciones”, Hugo Banzer [1985].
Recuperar el voto fue la mayor garantía de libertad
Sin otra intención que tomar los hechos de la historia en su justa dimensión, debe aclararse que la recuperación de la democracia no comenzó el 10 de octubre de 1982 sino, por lo menos, cuatro años antes, en 1978.
Por tanto, son 25 años de gobiernos elegidos en democracia, pero 29 desde que se recuperó el voto, que fue en esos primeros años la mayor expresión de democracia y de libertad.
En este lapso, se han llevado a cabo nueve procesos electorales: los primeros tres con sobresaltos, rupturas y fraudes; los restantes seis de manera ininterrumpida y en un clima —político y electoral— cada vez menos violento.
Como fuere, sea 25 ó 29, ello no desluce el mérito de la primera transmisión pacífica en democracia, precisamente el 10 de octubre, día en que Hernán Siles Zuazo asumió por segunda vez la Presidencia. Hasta entonces, 18 años pasaron desde que se rompió la cadena democrática con una seguidilla de gobiernos dictatoriales, que marcaron la historia con el sello del autoritarismo y la opresión. 18 años de dictadura para dar paso —hasta ahora— a otros 25 de democracia.
¿Cuándo, dónde y cómo comienza la hazaña? Sin duda, en el debilitamiento, por presiones externas e internas, del gobierno de facto de Hugo Banzer. Entre las primeras, destaca la ascensión del presidente estadounidense Jimmy Carter, en cuya gestión priorizó el respeto a los derechos humanos. Entre las segundas, la creciente resistencia del movimiento obrero y popular, en las distintas regiones del país, pero especialmente en los campamentos mineros (La Razón, 10 de octubre de 2007).
LOS PERSONAJES
Hernán Siles Zuazo 46° presidente de Bolivia
Ocupó la primera magistratura en dos oportunidades. En su segunda gestión (1982-1985) conformó un bloque de alianza con el MIR y el PCB, aunque de corta duración, luego de que ambos aliados dejaran el gobierno. A la debacle oficialista también contribuyeron los partidos opositores, ADN y MNR.
Guido Vildoso Calderón 59º Presidente de Bolivia
Pasó a la historia como el mandatario militar que ejecutó la transición de la dictadura a la democracia. Fue designado Presidente por una corta gestión (entre julio y octubre de 1982). Intentó convocar a nuevas elecciones, pero al final optó por devolver el poder a quien lo ganó en elecciones: Hernán Siles.
Del tintero
La epidemia del cólera azota al país El sistema de salud público y el de la seguridad social prácticamente colapsaron frente a la epidemia de cólera que se desató a principios del 2000 en el territorio boliviano. Sólo hasta abril de ese año, el Ministerio de Salud reportó la muerte de al menos 200 personas y que más de cinco mil cayeron ante la enfermedad que se propagó debido a la falta de higiene.
Un indígena es Presidente Muchos han calificado la ascensión de Evo Morales, en enero de 2006, como el hecho más significativo en democracia. Lo es por lo que representa: después de 180 años de vida republicana, un indígena gobierna Bolivia. Asumió el mando producto de las elecciones de diciembre de 2005, cuando obtuvo un apoyo del 53,7 por ciento de los electores.
Una tormenta se lleva 69 vidas La tarde del martes 19 de febrero del 2002, una granizada y lluvia de proporciones inundaron gran parte de la ciudad y provocaron la muerte de 69 personas y heridas a 103. Fue la precipitación más intensa de la historia de esta ciudad con 39,4 milímetros por hora. El desastre despertó la solidaridad de la gente con los afectados y obligó a la Alcaldía a iniciar procesos de prevención.
La era de la democracia pactada
La gobernabilidad política, durante los últimos 25 años, estuvo garantizada por la llamada “democracia pactada”, pactos entre partidos políticos muchas veces cuestionados, pero también necesarios. Instrumentos de gobernabilidad al fin y una especie de esponja absorbiendo los conflictos; construyendo, a pesar de todo, institucionalidad.
Entre este tipo de alianzas se destacan la que hizo la UDP, de Hernán Siles, con el MNRI, MIR y PCB. Luego, en 1985, el MNR y ADN sellarían un acuerdo que inauguraría un largo periodo de 20 años y cinco gobiernos sustentados en coaliciones: el Pacto por la Democracia. En las elecciones de 1989 se produjo el llamado “triple empate”. Ante un virtual empantanamiento, el segundo, Hugo Banzer, decidió dar sus votos al tercero, Paz Zamora, haciéndole Presidente. El acuerdo se denominó Patriótico. A él sucedería el Pacto por la Gobernabilidad, entre el MNR, MRTKL, MBL y UCS; y luego la Megacoalición, la alianza más fuerte y grande en democracia, conformada por ADN, MIR, Condepa y UCS, haciendo Presidente a Hugo Banzer, que cumplía su “sueño” de ser electo en democracia.
A esta altura, la población en general había dado ya algunas señales de molestia. Señales que el MNR no entendió al asumir el gobierno el 2002, y se alió con el MIR y la NFR.
Sería el último intento de cerrar una alianza a la vieja usanza. Intento porque el Gobierno no terminó su gestión. Octubre del 2003 lo enterró y, junto a él, a la democracia pactada.
Del tintero
1.200 mineros toman la paz para presionar a Hernán Siles En marzo de 1985, aproximadamente 12.000 trabajadores del subsuelo tomaron las principales calles de la sede de gobierno como una medida de presión al presidente Hernán Siles Zuazo para que deje el cargo. Paralelamente a ello, los mineros exigían un salario mínimo vital. Las movilizaciones, conocidas posteriormente como las “jornadas de marzo”, se extendieron por más de una semana y llegaron a paralizar por completo a la ciudad y amenazaron con extenderse a otras capitales y distritos mineros del país.
21060, el decreto más famoso de la democracia boliviana El 29 de agosto de 1985 marca un cambio súbito, drástico y dramático en la historia de Bolivia. Habían pasado 23 días desde que jurara a la Presidencia, en su cuarto y último gobierno, Víctor Paz Estenssoro, quien recibía el país en medio de una crisis económica. El shock fue el método, y el instrumento tenía nombre y número: el Decreto Supremo 21060, que señalaría el rumbo de la Nueva Política Económica y se convertiría en el símbolo de la irrupción del neoliberalismo en Bolivia, modelo que se instituía en toda América Latina.