No sólo fue una rebelión circunstancial, llegó a formar el primer gobierno patriótico contrario al coloniaje de más de tres siglos. La hazaña, empero, costó la ejecución de nueve patriotas, a quienes la historia reconoce como protomártires de la independencia nacional.
El grito libertario de la ínclita ciudad de La Paz, lanzado un día como hoy en el año 1809, tuvo una enorme significación. No sólo fue una rebelión circunstancial, llegó a formar el primer gobierno patriótico contrario al coloniaje de más de tres siglos. La hazaña, empero, costó la ejecución de nueve patriotas, a quienes la historia reconoce como protomártires de la independencia nacional.
En esos tiempos, los criollos, que eran los hijos de españoles nacidos en suelo americano, estaban sometidos a los peninsulares de origen. Aunque en cierta medida lograron poder político, económico y militar, un criollo debía someterse a los designios de los españoles puros, lo que hizo que germinaran el descontento y las ansias de independencia.
Por todos estos antecedentes, los criollos unieron fuerzas con mestizos e indígenas y se alzaron en armas hace 199 años, aprovechando que se realizaba la procesión de la Virgen del Carmen. Alrededor de las 19.00 del 16 de julio de 1809, los revolucionarios tomaron el cuartel de Veteranos y depusieron al gobernador Tadeo Dávila. Los realistas no se informaron de la insurrección hasta el día siguiente, cuando la plaza había caído ya en manos de los rebeldes, los que procedieron a organizar la Junta Tuitiva, es decir, el primer gobierno local.
El 22 de julio se le encomendó al mestizo Pedro Domingo Murillo que desempeñara el cargo de coronel comandante de la ciudad de La Paz, teniendo en sus filas no sólo a criollos, sino también a mestizos e indígenas. El 27 de julio, la Junta lanzó la célebre proclama que declaró la independencia del coloniaje y la envió a las principales ciudades, en espera de su pronunciamiento y adhesión.
El primer párrafo de la proclama, dirigida a los ´compatriotas´, contiene estas palabras: ´Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra Patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y la tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana nos ha mirado como a esclavos…´.
Transcurridos más de dos meses, la llegada a La Paz de tropas realistas al mando del conocido sanguinario José Goyeneche obligó a los patriotas a replegar sus fuerzas hasta los Yungas, donde entre octubre y noviembre de 1809 fueron derrotados en los combates de Irupana y Chicaloma; allí murieron Víctor García Lanza y Antonio de Castro. Murillo logró huir, pero en los primeros días de diciembre fue apresado en Zongo. Los restantes patriotas fueron cayendo poco a poco.
Algunos de ellos fueron enviados a prisión perpetua a las Malvinas y Filipinas, después de confiscárseles sus bienes. El 29 de enero de 1810 se cumplieron las sentencias de muerte de nueve protomártires de la independencia: Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Apolinar Jaén, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Gregorio García Lanza y Pedro Domingo Murillo, a quien se le atribuye la histórica frase: ´La tea que dejo encendida, nadie la podrá apagar, viva la libertad´.
La Paz tuvo su propio holocausto, en sacrificio de los anhelos de libertad e independencia que se plasmarían en realidad plena varios años más tarde, el 6 de agosto de 1825.