Valcárcel, 40 años del niño malo de las artes Reinventarse o dejar el arte. Esas opciones atormentan al artista que este año cumple cuatro décadas de trabajo creativo
Payaso¡ Así me llamaron en los años 80 cuando en plena calle pinté mi cuerpo de colores. ¿Qué dirían ahora al ver mi serie La sociedad internacional del huevo frito y a sus miembros erecto, viril y ordinario plasmados en el lienzo? ¿Se darían cuenta que con este juego de palabras e imágenes cuestiono el machismo contemporáneo?”.
Martes 22. A las 15.45, en la sala de la Fundación esArt, Roberto Valcárcel, uno de los mayores exponentes de las artes plásticas del país, suelta a la grabadora sus pensamientos. Dentro de 15 minutos, una nueva generación de amantes del arte llenará este espacio para empaparse de su conocimiento creativo, en su taller de fotografía.
A sus 57 años, l’ enfant terrible (el niño malo) de las artes bolivianas se declara atrapado en una encrucijada de difícil resolución: dejar la creación artística o reinventarse una vez más. Esta es una tarea por demás titánica para un creativo que ya ha exprimido las expresiones de la plástica: desde el lienzo a la intervención corporal; de la fotografía digital al uso de desechos en su obra.
Esta semana, Valcárcel, que hace 20 años reside en Santa Cruz, celebró en el Museo Nacional de Arte sus 40 años de vida artística con la presentación de dos libros que reúnen parte de su obra creativa y su trabajo intelectual. Un repaso sobre estas cuatro décadas, el arte actual y su futuro fueron abordados por el siempre agudo artista paceño.
“Hay artistas que consideran al arte como una especie de sacerdocio, un llamado divino. Yo soy irónico al respecto. Con esta publicación he decidido cerrar un ciclo. El desafío ahora es ver si reformulo mi trabajo o dejo el arte. Es un punto de inflexión. No me gustaría que en mi lápida diga: ‘Este tipo se repitió constantemente’. Porque el repetirse en la tradición del ‘infante terrible’, y en las travesuras, acaba siendo tedioso. Hoy estoy en la dimensión desconocida, atrapado entre dos ámbitos. Yo soy demasiado logrado para Bolivia, pero demasiado ‘Don nadie’ para el extranjero”.
¿Qué es el arte? A lo largo de su carrera, Valcárcel abrió alternativas plásticas y nuevas temáticas a sus pares bolivianos. Convertir su cuerpo en sujeto y objeto de la obra de arte y exponer lienzos en los cuales el observador sólo encuentra una palabra han llevado a los críticos a considerarlo, junto a Gastón Ugalde, como uno de los máximos exponentes vanguardistas.
Sus primeros pasos en el arte los dio a temprana edad, en el estudio de arquitecto de su padre. Roberto Valcárcel decidió estudiar arquitectura, pero sin dejar la vena artística que a los 17 años le fue suficiente para ganar un premio municipal en La Paz. Era 1968, cuatro décadas atrás.
“¿Qué es el arte? ¿De qué se trata toda está vaina a la que nos hemos metido? He llegado a entender que el arte no es una cualidad intrínseca de los objetos. Los objetos no son arte. Un cuadro no es arte. La ‘artisticidad’ es un atributo que se da a los objetos de acuerdo a como están operando. Entonces, ¿qué hace que un objeto opere como un objeto estético? Es que sea posibilitador cognitivo. Cuando un objeto te permite darte cuenta de cosas, puede ser considerado artístico. Pero no de noticias ya sabidas, sino que la obra posibilite que el sujeto se dé cuenta de nuevas cosas respecto de la vida, del mundo o de sí mismo. Pero no porque se lo hayan dicho, sino porque la obra ha detonado ese sentir”.
“No es un problema informativo. A nadie le interesa lo que el artista quiere expresar. Yo pregunto, ¿qué quería pues expresar Van Gogh? Nadie sabe y a nadie le interesa. Lo que fascina es que a partir de su producción permitió que la gente tenga nuevas visiones, nuevos placeres, nuevas dudas, al margen de que si él estaba queriendo eso o no”.
“En general, mi enfoque teórico del arte le resta importancia al artista y le da mayor responsabilidad al receptor. La obra de arte, para mí, es una bomba que el observador hace estallar”.
“El tipo de arte que practico y profeso se caracteriza por el hecho de dividir al público. El arte de vanguardia se caracteriza por ello. Hay gente que me amará hasta la muerte y otras que odiarán mi obra de igual manera. Y cuando uno toma conciencia de ello resulta ser parte del juego”.
Un travieso anda suelto Formado en Alemania en Arquitectura, Valcárcel estudió Sicología y Proxemia. Es profesor universitario, fundador de la Sociedad Interplanetaria de Artistas (La Paz, 1984), el Movimiento Erótico (Sao Paulo, 1983) y el Banco de Ideas (Santa Cruz, 1992).
“¿Niño malo? No me disgusta que me digan eso. Creo que la gente, a punta de ser chicos buenos, está acartonada, adormecida, estereotipada... Que bien que de rato en rato haya un chico malo, ¿no ve? Igual de freguete que yo es Ugalde, a quien admiro por ser un rebelde y alborotes. Creo que es un buen anticuerpo dentro de una sociedad donde se acostumbra a la uniformidad de pensamiento. De pronto, todo el mundo es de izquierda, de pronto neoliberal. Se suben a los vagones que mejor les convienen”.
“Sobre la enseñanza artística en Bolivia, en términos generales, considero que estamos en el siglo XIX, fuera de época, es completamente extemporánea. Nos vemos el propio ombligo. La enseñanza es autocontemplativa, autocomplaciente y con el pretexto de lo ‘socialmente correcto’ se está limitando un cambio encasillados en clichés y estereotipos. Hay excepciones, claro. Docentes cuestionadores y críticos como lo es Ramiro Garavito”.
16.10. Una decena de jóvenes abarrotan el salón. Es hora de que el entrenador creativo inicie su clase. ¿Y sus proyectos a futuro? “Ganarme la lotería de Miami para hacer una universidad latinoamericana de arte... ¿Qué tal?”.