En Bolivia hay una estrecha relación entre la economía y la política, no en el sentido de definición de políticas económicas, sino de una ley social: que el éxito económico depende del éxito político, o sea, que el espacio político siempre fue usado para aprovecharse de los recursos del Estado, en beneficio personal. Quiere decir que el crecimiento y el progreso económico de una familia pudiente se debieron gracias al dinero del pueblo, que se recauda en forma de impuestos y es desviado a fondos familiares.
Aunque también hay otras reglas más invisibles de aprovechamiento de la política en beneficio de la economía familiar, como son los permisos estatales y municipales sin costo alguno para el funcionamiento de una actividad económica. O también hay concesiones gratuitas o, finalmente, los precios ficticios.
En otras palabras, la mayor parte de nuestros capitalistas o empresarios privados no han logrado dicho bien económico gracias al esfuerzo individual, sino que en alguna media se han beneficiado del Estado mediante la apropiación directa de los recursos o, si no, mediante el intercambio de favores en términos de otorgación de permisos u otras facilidades.
En ese sentido, la corrupción se ha convertido en un campo especializado, en donde el beneficiario ha desarrollado miles de estrategias invisibles para robar. Eso sólo es posible siendo político, de ahí que la carrera política en el liberalismo se haya transformado en una pedagogía de saber robar.
En ello, Max Weber tenía razón cuando escribía que la mayoría de los partidos agrupan a sus componentes para que vivan de la política y no para la política. Los que viven de la política son agrupaciones de tipo del compadrazgo, es decir, funcionan sobre la base del intercambio de favores; y los que viven para la política son organizaciones que se agrupan en función de una ideología.
En esa línea de análisis, hay personas que han convertido la política en una profesión, que viven y ganan de ella, inclusive las oportunidades de su familia dependen de ella: no saben sino que hacer eso. Es el caso, por ejemplo, de José Luis Paredes y de muchos políticos que no han hecho más que estar en la política por 30 años, tiempo en el que aprendieron muchas destrezas y habilidades de robo. El último que ha salido en los periódicos tiene que ver con un robo de cerca de dos millones de dólares y que Paredes habría depositado a nombre de su esposa y de su hijo en un banco de Europa; con seguridad debe ser una parte insignificante de los recursos robados de la Prefectura, ya que había comentarios de muchos más robos cuando esta autoridad estaba en la Alcaldía de El Alto.
Como todos los casos de corrupción económica, no se pueden demostrar con documentación, por lo que sólo una investigación de sus fortunas puede permitirnos saber, realmente, el monto del dinero robado.
Entonces, para todas estas personas la concepción del poder y estar en el poder no es un asunto de otorgar el bienestar a la población, sino cómo sacar más provecho para el beneficio personal.
La carrera política en este contexto es una estrategia de búsqueda de bienestar sólo de la propia familia. Así, son comprensibles las razones para aferrarse en el cargo de prefecto; no importa los mecanismos que se use para ello.
*Félix Patzi P. es sociólogo. Fue ministro de Educación (2006-2007).
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