El Gobierno ha destinado un pequeño monto de dinero y su atención a la posibilidad de iniciar la explotación del litio de Uyuni... conviene analizar todas las posibilidades y conformar un Consejo nacional capaz de tomar decisiones inteligentes respecto del metaloide.
Este es el titular de un estudio realizado por William Tahil, del Meridian International Research, y que vale la pena mencionar ahora que ha resurgido el tema de la explotación del litio contenido en las salmueras de Uyuni.
El experto sostiene que 50% de las reservas de litio del mundo están en Bolivia, aunque en este momento 36% de todo el litio que se comercializa en el mercado internacional es producido en Chile y 9% en Argentina, entre otros países. Las reservas de sales de litio que tiene Bolivia son incluso mayores a las de litio metálico, por lo tanto, superiores a 50%.
El estudio añade que aunque el mundo se ha enamorado del litio, las posibilidades reales de usarlo para la fabricación de baterías que reemplacen al billón (un millón de millones) de vehículos que existen en el planeta son pequeñas, porque el litio existente no daría abasto. Por lo tanto, se está viendo que quizá sea más conveniente basar la estrategia de los motores eléctricos en baterías fabricadas con metales más abundantes, como ser el sodio, el cobalto o el zinc, dice Tahil.
Lo cierto es que el litio está ahora en la mira de quienes buscan soluciones para el problema de la escasez de combustibles de origen fósil, que se refleja en la espectacular escalada de los precios de los últimos meses. Esto pone a Bolivia en la vitrina del mundo, en vista de que sus reservas de litio representan más de la mitad de todas las que hay en el planeta.
Tanto así, que Tahil ha afirmado que Bolivia puede convertirse en la nueva Arabia Saudí del mundo.
El segundo puesto en esta competencia es ocupado por la China, que reúne 30% de las reservas, aunque no se descarta que las reservas rusas sean también muy importantes.
Bolivia tuvo, a principios de los años 90, una frustrante experiencia respecto de la posibilidad de explotar el litio de Uyuni. En esa época la demanda mundial no tenía las espectaculares proyecciones actuales. Las presiones regionales de Potosí hicieron que fracase el arreglo con la Lithium Corporation y la empresa, que en ese momento era un monopolio mundial, optó por irse a Argentina, donde explota el salar del Hombre Muerto.
Pero si el mundo ha de necesitar litio en volúmenes mayores, parece inevitable que se piense en la mayor reserva del mundo, que se concentra en Bolivia. El estudio mencionado se refiere al salar de Uyuni como un antiguo mar interior que existía en lo que ahora es el altiplano sur.
El Gobierno ha destinado un pequeño monto de dinero y su atención a la posibilidad de iniciar la explotación del litio de Uyuni. En este momento, conviene analizar todas las posibilidades y conformar un Consejo nacional capaz de tomar decisiones inteligentes respecto del metaloide que ha sido identificado como una de las posibilidades más ciertas para el salto de la humanidad hacia los automóviles eléctricos.
Se trata, en todo caso, de una nueva materia prima que se vislumbra en la antigua relación de Bolivia con algunas de ellas, incluso desde antes de la existencia del país.
Respecto al ahora poderoso litio, sería oportuno que las autoridades nacionales sean capaces de demostrar que han sacado enseñanzas de las frustraciones pasadas con otras materias primas, a fin de poner a salvo al país de otra decepción.